jueves, 31 de diciembre de 2009

CUENTO DE AÑO NUEVO


Un año nuevo. Pancho Aquino

Dicen que cuando se acerca fin de año los ángeles curiosos se sientan al borde de las nubes a escuchar los pedidos que llegan desde la tierra.

- ¿Qué hay de nuevo? -pregunta un ángel pelirrojo, recién llegado.
Lo de siempre: amor, paz, salud, felicidad...- contesta el ángel más viejo.

Y bueno, todas esas son cosas muy importantes.

Lo que pasa es que hace siglos que estoy escuchando los mismos pedidos y aunque el tiempo pasa los hombres no parecen comprender que esas cosas nunca van a llegar desde el cielo, como un regalo.

¿Y qué podríamos hacer para ayudarlos? - Dice el más joven y entusiasta de los ángeles.
¿Te animarías a bajar con un mensaje y susurrarlo al oído de los que quieran escucharlo? - pregunta el anciano.

Tras una larga conversación se pusieron de acuerdo y el ángel pelirrojo se deslizó a la tierra convertido en susurro y trabajó duramente mañana, tarde y noche, hasta 1os últimos minutos del último día del año.

Ya casi se escuchaban las doce campanadas y el ángel viejo esperaba ansioso la llegada de una plegaria renovada. Entonces, luminosa y clara, pudo oír la palabra de un hombre que decía:
"Un nuevo año comienza. Entonces, en este mismo instante, empecemos a recrear un mundo distinto, un mundo mejor:
sin violencia, sin armas, sin fronteras, con amor, con dignidad; con menos policías y más maestros, con menos cárceles y más escuelas, con menos ricos y menos pobres.

Unamos nuestras manos y formemos una cadena humana de niños, jóvenes y viejos, hasta sentir que un calor va pasando de un cuerpo a otro, el calor del amor, el calor que tanta falta nos hace.

Si queremos, podemos conseguirlo, y si no lo hacemos estamos perdidos, porque nadie más que nosotros podrá construir nuestra propia felicidad".

Desde el borde de una nube, allá en el cielo, dos ángeles cómplices sonreían satisfechos.

Y Colorín colorado el cuento y el 2009 han terminado!


lunes, 28 de diciembre de 2009

Cuento Vegetal


LAS HABICHUELAS MÁGICAS. Andersen, Hans Christian


Periquín vivía con su madre, que era viuda, en una cabaña del bosque. Como con el tiempo fue empeorando la situación familiar, la madre determinó mandar a Periquín a la ciudad, para que allí intentase vender la única vaca que poseían. El niño se puso en camino, llevando atado con una cuerda al animal, y se encontró con un hombre que llevaba un saquito de habichuelas. -Son maravillosas -explicó aquel hombre-. Si te gustan, te las daré a cambio de la vaca. Así lo hizo Periquín, y volvió muy contento a su casa. Pero la viuda, disgustada al ver la necedad del muchacho, cogió las habichuelas y las arrojó a la calle. Después se puso a llorar. Cuando se levantó Periquín al día siguiente, fue grande su sorpresa al ver que las habichuelas habían crecido tanto durante la noche, que las ramas se perdían de vista. Se puso Periquín a trepar por la planta, y sube que sube, llegó a un país desconocido. Entró en un castillo y vio a un malvado gigante que tenía una gallina que ponía un huevo de oro cada vez que él se lo mandaba. Esperó el niño a que el gigante se durmiera, y tomando la gallina, escapó con ella. Llegó a las ramas de las habichuelas, y descolgándose, tocó el suelo y entró en la cabaña. La madre se puso muy contenta. Y así fueron vendiendo los huevos de oro, y con su producto vivieron tranquilos mucho tiempo, hasta que la gallina se murió y Periquín tuvo que trepar por la planta otra vez, dirigiéndose al castillo del gigante. Se escondió tras una cortina y pudo observar como el dueño del castillo iba contando monedas de oro que sacaba de un bolsón de cuero. En cuanto se durmió el gigante, salió Periquín y, recogiendo el talego de oro, echo a correr hacia la planta gigantesca y bajó a su casa. Así la viuda y su hijo tuvieron dinero para ir viviendo mucho tiempo. Sin embargo, llegó un día en que el bolsón de cuero del dinero quedó completamente vacío. Se cogió Periquín por tercera vez a las ramas de la planta, y fue escalándolas hasta llegar a la cima. Entonces vio al ogro guardar en un cajón una cajita que, cada vez que se levantaba la tapa, dejaba caer una moneda de oro. Cuando el gigante salió de la estancia, cogió el niño la cajita prodigiosa y se la guardó. Desde su escondite vio Periquín que el gigante se tumbaba en un sofá, y un arpa, oh maravilla!, tocaba sola, sin que mano alguna pulsara sus cuerdas, una delicada música. El gigante, mientras escuchaba aquella melodía, fue cayendo en el sueño poco a poco Apenas le vio así Periquín, cogió el arpa y echó a correr. Pero el arpa estaba encantada y, al ser tomada por Periquín, empezó a gritar: -Eh, señor amo, despierte usted, que me roban! Despertose sobresaltado el gigante y empezaron a llegar de nuevo desde la calle los gritos acusadores: -Señor amo, que me roban! Viendo lo que ocurría, el gigante salió en persecución de Periquín. Resonaban a espaldas del niño pasos del gigante, cuando, ya cogido a las ramas empezaba a bajar. Se daba mucha prisa, pero, al mirar hacia la altura, vio que también el gigante descendía hacia él. No había tiempo que perder, y así que gritó Periquín a su madre, que estaba en casa preparando la comida: -Madre, tráigame el hacha en seguida, que me persigue el gigante! Acudió la madre con el hacha, y Periquín, de un certero golpe, cortó el tronco de la trágica habichuela. Al caer, el gigante se estrelló, pagando así sus fechorías, y Periquín y su madre vivieron felices con el producto de la cajita que, al abrirse, dejaba caer una moneda de oro. Y Colorín colorado...


Pese a que la mayoría utiliza esta fecha para hacer chistes, no tiene nada de graciosa. La Iglesia Católica recuerda la matanza de los niños menores de 2 años nacidos en Belén, ordenada por Herodes con el fin de deshacerse del Mesías.

domingo, 27 de diciembre de 2009

CUENTO NOCTÁMBULO


Y POR LA NOCHE. Jaime López

El pequeño Tomás duerme desde hace un año debajo de su cama. Por eso mismo es feliz. Duerme debajo de su cama por culpa de los monstruos. Como todo el mundo sabe, debajo de la cama de todos los niños, viven unos feroces monstruos. Por el día no pasa nada, de hecho no se sabe siquiera si están ahí, pero eso es lo de menos, no pasa nada. Uno puede incluso meterse debajo de la cama a jugar, los monstruos por el día es como si no existieran. Pero por la noche la cosa cambia. En el momento en que la luz se apaga y mamá o papá nos cierran la puerta, estamos a merced de esas bestias. Pero el pequeño Tomás duerme debajo de su cama, y por la noche.

Si comparamos la descripción que cada niño nos da sobre los monstruos de su cama, veríamos que hay tanta variedad como niños. Un grupo de monstruos distintos por cada niño distinto. Pero el pequeño Tomás duerme debajo de la cama, y por la noche.

Todos los niños saben que lo único que nos puede defender de los monstruos son las sábanas. Si la frente, o los ojos, incluso la nariz, quedan al aire, no importa, siempre que el resto del cuerpo esté cubierto por la sábana. Las sábanas están hechas de un material que ningún monstruo es capaz de atravesar, ni siquiera se atreven a rozarlas. Puede que sea el olor, la forma del cuerpo que hay debajo, lo que sea, pero no falla, la sábana es segura. El pequeño Tomás no necesita la sábana y eso que duerme debajo de la cama, y por la noche.

Qué niño no sabe que aunque la cama esté pegada a la pared, los monstruos aprovechan cualquier rendija para subir. Si te tapas bien, puedes dormir a gusto. Y si tienes ganas de hacer pis, mejor esperar a que sea de día, uno no puede arriesgarse. Pero el pequeño Tomás va y viene cuando le apetece, y después, se pone a dormir debajo de la cama, y por la noche.

El pequeño Tomás se apuntó a un curso de electrónica por correo, y para su cumpleaños se pidió muchos cables, un mecano, pilas y plastilina. Una noche, cuando se acostó, olvidó taparse con la sábana. Sus padres le despidieron, apagaron la luz y cerraron la puerta. Justo en el momento en que el pestillo hacía clic, los monstruos salieron de su guarida y se abalanzaron sobre él. Lo que le hicieron es mejor no contarlo. De repente, la puerta se abrió, un niño entró como un rayo y se metió debajo de la cama. Era el pequeño Tomás, que había engañado a los monstruos haciéndoles atacar a un pequeño Tomás de plastilina teledirigido. Desde entonces duerme debajo de su cama, y los monstruos tienen que taparse con la sábana si quieren dormir a gusto, y por la noche. Y colorín colorado...

El miedo a la oscuridad es común en ellos. Éste miedo a la oscuridad puede adoptar muchas formas. Una de las formas más comunes de miedo a la oscuridad es el miedo de dormir en una habitación oscura.

sábado, 26 de diciembre de 2009

CUENTO MILAGROSO


MILAGRO DE AMOR. SAGA DEL FLAUTISTA DE HAMMELÍN Cuando el flautista de Hammelín se vio burlado por los habitantes del pueblo que no quisieron pagarle lo pactado por librarlos de la plaga de ratones; como era un artista de muy buen carácter, sólo tocó en su flauta la más bella melodía jamás escuchada, lo cual encantó a los niños del lugar quienes dejaron todo lo que estaban haciendo, y comenzaron a seguirlo. El músico irrumpió por todas las calles; al oír esos sones maravillosos salieron de sus casa más y más niños que se fueron agregando en una alegre caravana, hasta que no quedó ningún hijo en los hogares de esos padres tramposos. Luego, el músico subió por cerros y llanos siempre con la comitiva infantil detrás de él, hasta que llegó a un fértil valle donde la doble fila de pequeños caminantes se diluyó en el espacio entrando en el país de nunca jamás. Los padres después de mucho esperar por si volvían, salieron a buscarlos por todos los caminos, cuando se les hizo de noche entraron con antorchas a los bosques de la comarca. Y aunque las madres y abuelas gritaron llamándolos por sus nombres, ningún niño regresó. Al paso del tiempo, tampoco se produjeron otros nacimientos por lo cual ese lugar pasó a ser el país de la tristeza, porque no había niños que jugaran en las plazas o cantaran en la iglesia. Un día, regresó al país un ministro que estuvo ausente por diez años debido a un congreso; no pudo consolarse por la pérdida de sus hijos, de la cual no se sentía responsable.
A él, se le ocurrió viajar a la aldea dónde vivía Guepetto; que era un gran carpintero y ebanista; después de darles todas las características de sus tres hijos, le encargó que le hiciera una figura en madera de cada uno. Mientras esperaba, a tan famoso artesano realizar su trabajo, se iba a las posadas a escuchar las conversaciones de los parroquianos, para no aburrirse. Pasaron y pasaron los meses; el ministro siguió en su espera, escuchando, como de costumbre todos las coloquios. Fue así como una tarde mirando pasar los niños que volvían de la escuela, uno de los lugareños al ver a Pinocho dijo: -¡Cómo ha crecido este niño de madera ! -¡Son los milagros, que hace el amor!, le contestó su acompañante. Al oír esto, el ministro acercó su silla a la mesa de ellos, con lágrimas en los ojos les contó lo que había pasado con todos los niños de su pueblo, y les suplicó que le explicaran lo del milagro de amor que había convertido al niño de madera en niño de verdad. Entonces los aldeanos le contaron que todos los años para la noche de Navidad, un ángel bajaba del cielo por mandato del buen Padre Dios y con sus rayos celestiales, convertía en realidad los vehementes deseos de las personas que oraban con fe..
El maestro Guepeto, le entregó las tres figuras terminadas, justo faltando un día para Navidad .
El ministro durmió la víspera de esa noche mágica, abrazado a la representación de sus tres hijos. Al día siguiente se pasó horas y horas rezando, para que lo dicho por los lugareños fuera cierto. Llegada la Noche Buena; con la ayuda de Guepetto y Pinocho trasladó las tres figuras hasta la iglesia; como eran articuladas las pudo sentar a su lado sin dificultad. Todos estaban siguiendo la Misa del Gallo con mucho recogimiento. Cuando llegó el momento de la consagración los cirios alumbraron con más fuerza.
En ese segundo supremo; cuando ese padre estaba pidiendo con infinita fe, que otra vez se produjera un “milagro de amor”; sintió que una tibia y pequeña mano apretaba la suya; al bajar los ojos se encontró con los de su hija y sus hermanos que habían adquirido vida.Y Colorín colorado...

viernes, 25 de diciembre de 2009

CUENTOS FANTASTÍCO


NAVIDAD EN FANTASÍA. Beleth.

La escarcha del Lago de Cristal se resquebrajó en el centro y de repente miles de fragmentos de hielo saltaron por todos lados centelleando bajo los rayos del Sol y formando una red de centelleos entre las facetas de los cristales de hielo. En mitad de aquella lluvia de color el Hada del Agua emergió del agua helada rodeada de un destello Aguamarina.

Los animales del lago, agradecidos por haberles librado de su prisión de hielo, le felicitaron la Navidad.- ¡La Navidad! - exclamó ella llevándose las manos a la cabeza - ¡He estado tan ocupada haciendo nieve con el Hada del Frío que ni me he acordado.! -

Y salió volando hacia el cielo dejando un reguero de gotas de rocío que formaron un Arco Iris tras ella.

Cuando llegó al Arbol de los Deseos, hogar de todas las Hadas de Fantasía, este le felicitó la Navidad y abrió su boca para que ella pudiese entrar. Dentro todo era algarabía, el Hada Flora había prestado su gorro en forma de árbol para adornarlo y tras un toque de varita el sombrero alcanzó 2 metros. Era un abeto soberbio y de inmediato empezó a llenarse con adornos. El Hada de la Luz sacudió un poco la Estrella Polar y con el polvo de estrella que cayó espolvoreó el abeto de forma que empezó a resplandecer. Entre tanto Flora iba colgando frutas escarchadas de las puntas de las ramas mientras que el Hada del Fuego colgaba guirnaldas de velitas encendidas que se reflejaban en el polvo de estrella.

El Hada del Agua también quería ayudar así que sacudió sus alas y el abeto se llenó de gotas de rocío, pero con el calor de las velas se empezó a evaporar. Por suerte estaba allí Nieve, el Hada del Frío que con un soplido congeló las gotas de rocío de forma que ahora parecía que el árbol estaba adornado con perlas.

Cuando terminaron en el interior salieron al exterior y se dispusieron a adornar al Árbol de los Deseos. No pusieron tantos adornos, ya que el Árbol de los Deseos era un venerable anciano y debía guardar la compostura, pero sí los suficientes como para darle un aspecto de alegría.

Después cada una salió corriendo a felicitar la Navidad a todo el mundo. El Hada del Fuego fue casa por casa y chimenea por chimenea felicitando a los habitantes que en ellas viven: las Llamas. Estos pequeños y juguetones seres saltarines recibieron con mucha alegría las felicitaciones y daban salto y hacían cabriolas en sus chimeneas.

El Hada del Frío se fue a los Parajes Siempre helados a felicitar a los Hombres de Nieve, seres formados por enormes bolas de nieve redonda y que tienen una zanahoria por nariz. Cuando llegó estaban enzarzados en una divertida guerra de bolas de nieve. Es curioso como para evitar que les alcance una bola de nieve ( y queden eliminados) se dividen en tres bolas de nieve de diferente tamaño y empiezan a rodar por el suelo. El problema es que a veces cada bola se va por su lado y a veces les cuesta un poco encontrarse.

Flora fue a ver a todos los árboles del bosque para felicitarles las fiestas, y cuando terminó se fue al Prado del Color y visitó a cada una de las flores que en ese momento, por ser invierno se encontraban en sus casas bajo tierra a la espera de que llega se el Hada Primavera y les dijese que ya podían salir.

El Hada de los Sueños entró en los sueños de todos los niños del mundo y les contó los más deliciosos sueños que podáis imaginar.

Todo el mundo era feliz porque era Navidad en Fantasía. ¿Todo el mundo? No. Había alguien a quien todo eso le aburría. Alguien de corazón frío: Invierno. De las cuatro estaciones Invierno era sin duda la que peor llevaba su trabajo. Después de todo siempre era lo mismo, todo era gris, aburrido y monótono. Envidiaba a sus otros compañeros. Deseaba la algaraza de Verano, cuya aparición significaba el comienzo de la diversión. Se moría de envidia cuando veía a Primavera dar vida a los seres vivos, sobre todo cuando él pensaba que sólo podía matar y dormir a los animales y plantas. Por otro lado Otoño era demasiado melancólico e Invierno no podía soportar que Otoño fuese la estación más romántica.

Ese día Invierno estaba especialmente harto de todo. Tanto que decidió irse y le dijo a sus compañeros:- Haced lo que queráis con mi estación, yo ya estoy aburrido. -Y dicho esto se fue a pasear por la Constelación del Cisne.

Las otras estaciones comenzaron a discutir acaloradamente. No se ponían de acuerdo en quién debería ser el que suplantase a Invierno. Finalmente, después de mucho discutir decidieron que lo mejor sería que se turnasen, que cada día se encargase uno. Lo echaron a suertes y le tocó empezar a Verano.

Al día siguiente salió un Sol espléndido y abrasador. Hacía tanto calor que todo el mundo tuvo que apagar los fuegos y quitarse las bufandas. Aquello supuso un desastre para las Llamas, quienes se vieron sin hogar en unas fechas que siempre habían sido buenas. Además como todo estaba mojado no podían irse a ningún otro lugar.

Pero lo peor fue cuando el calor empezó a fundir la nieve. Los Hombres de Nieve no sabían que hacer porque si aquellos seguí así acabarían derretidos. Aquello les había cogido por sorpresa y no les daba tiempo de llegar hasta las Montañas Eternas, donde solían pasar la temporada cálida ya que allí siempre hacía frío. Nieve, el Hada del Frío tuvo que hacer grandes esfuerzos para mantener al los Hombres de Nieve con vida.

Cuando todo el mundo estaba desorientado con aquel cambio le tocó el turno a Primavera. Primavera recorrió los bosques y las praderas despertando a las flores y las hojas. Pero las pobres flores al salir y encontrarse rodeadas de nieve se empezaron a helar de frío, Flora no sabía que hacer para remediarlo. Pero el colmo fue cuando Otoño llegó e hizo caer las hojas de los árboles. La caída de la hoja es un duro golpe que los árboles encajan todos los años, y no se habían acabado de reponer de el de ese año cuando se les volvieron a caer las hojas. Todo el bosque estaba triste.

Esa noche las Hadas se reunieron en consejo de emergencia. Había que hacer algo o de lo contrario ese año las Navidades serían un desastre. Decidieron que fuese Rocío, el Hada del Agua la que fuese a hablar con las estaciones para averiguar lo que estaba pasando.

Rocío voló y voló hasta la Torre del Tiempo, donde las Estaciones tenían su morada. Se sorprendió mucho al ver a Verano sentado en el trono, ya que ahí sólo se sentaba la estación que regía en aquel momento. Rocío se acercó a Verano y respetuosamente le preguntó por qué las estaciones habían alterado su orden. Verano le contó lo que le sucedía a Invierno. Rocío comprendió al pobre Invierno y fue en su búsqueda.

Cuando llegó se lo encontró leyendo un libro a la luz de una estrella. Estaba recostado en la Luna que en ese momento tenía forma de cuna.

- Hola Invierno. - saludó Rocío.- Hola. - dijo Invierno fríamente. -¿Qué quieres?. - Entonces Rocío le contó todo lo que estaba sucediendo a causa de su ausencia. Pero al Invierno todo aquello no le importaba, necesitaba de algo que le alegrase la vida.

Rocío pensó y pensó, hasta que por fin se le ocurrió:-¡ La Navidad !- exclamó. - ¡Tú tienes la Navidad! - Sí y qué. - contestó Invierno indiferente. Si contestas así es porque nunca has sentido la Navidad, es un tiempo de perdón y de fraternidad. De olvidar las diferencias con los demás. Es con mucho la época más alegre del año y tú dices que tu estación es aburrida, prueba a vivir la Navidad y verás.

E Invierno hizo caso del Hada del Agua. Volvió a la Torre del Tiempo y vivió en fraternidad con las otras Estaciones olvidando todas las envidias que había arrastrado toda su vida. Y ese año le gustó tanto la Navidad que a partir de entonces Invierno siempre espera con entusiasmo su turno para poder adornarlo todo con la nieve y disponerlo para la Navidad.Y Colorín colorado....

jueves, 24 de diciembre de 2009

CUENTO SOÑADO


UN SUEÑO DE NAVIDAD. Guillermo Tribín Piedrahita

La noche tenía un Cielo brillante. Las estrellas habían salido en alegres grupos para iluminarlo y advertir y precisar ante los habitantes de la tierra que era la víspera de la Navidad, por lo que nadie podía tener amarguras, ni peleas, ni guerras. Se acercaba el Nacimiento de Jesús, la mejor noticia que el Mundo iba a recibir por los siglos de los siglos.
Era, en cierta forma, el mensaje de paz que la Madre Naturaleza lanzaba, en una estación invernal, a un mundo convulsionado por las guerras, por los espíritus belicosos, por los hombres que habían olvidado que muy jóvenes, desde su nacimiento, habían creado un núcleo denominado Familia, que con el paso de los años se estaba desintegrando, con lo cual los grandes valores morales y éticos, dolorosamente, se escabullían.
También ese Cielo tan preciosamente iluminado quería despertar la conciencia de tántos y tántos jóvenes -hombres y mujeres- sumidos en la más tremenda oscuridad porque una vez, pese a las numerosas advertencias, ingresaron en el mundo de las drogas. Y a muchísimos les costaba salir luego de ellas. Y, generalmente, pasaban a convertirse en delincuentes porque su adicción les obligaba a matar o a robar.
El Cielo quería con esa luminosidad indicar el camino para quienes son causantes de las grandes epidemias que, como el Sida, van extendiéndose por el mundo, y señalarles que, con mínimas precauciones, podían evitar su propagación y no seguir siendo la causa de miles y miles de muertes.
Quería también el Cielo, rodeado de estrellas que se mantenían firmes y no eran fugaces, dar una luz de esperanza para millones de personas víctimas del racismo y la xenofobia, por el color de su piel, por su procedencia, por su condición ecónomica débil, para que tuvieran un hálito de paz y pensaran que un día no muy lejano serían bien recibidos y desaparecerían todas las persecuciones, los malos y despectivos tratos, las mofas y podrían trabajar y establecerse en países que no eran los suyos para ayudar a crear riquezas y poder subsistir decorosamente.
La víspera del Nacimiento del Niño Dios, un Cielo tan resplandeciente, pretendía indicar que todas las religiones eran igualmente respetables y que en nombre de ninguna de ellas se podía incitar al crimen, al terrorismo, a la violencia porque, precisamente Dios, creó al mundo para que la gente se entendiese mediante la palabra.
Desde miles de kilómetros de distancia, el Cielo ofrecía a la vista un hermoso panorama, como queriendo decir que iban a desaparecer las desigualdades sociales; que los hombres y mujeres de buena voluntad contarían con los recursos indispensables para su supervivencia y que la pobreza y la miseria pasarían a ser elementos de un lejano pasado. Así se conseguiría que la felicidad fuera la norma general , que ya nadie pasaría hambre, que todos contarían con una vivienda digna, con eficientes sistemas de salud y de educación, sin prejuicios sociales ni discriminaciones.
En fin, ese conglomerado de estrellas no se había asomado al Cielo para darle un simple colorido. No. En cada uno de sus reflejos luminosos traía un mensaje específico para que se acabaran las guerras; para que la familia volviera a ser ese gran núcleo compacto donde predominase el diálogo, como símbolo de unidad; para que desapareciesen las pandemias, causantes de tántas muertes; para que no hubiese nunca más las drogas malignas y se eliminaran para siempre las redes de narcotraficantes; para que el blanco, el negro, el amarillo y todas las razas convivieran pacíficamente ayudándose unas a otras; para que todas las religiones se uniesen en un sólo objetivo de ser auténticas guías espirituales y, en su nombre, no volviesen a aparecer vientos bélicos; para que en todo el mundo las divergencias, las diferencias entre los seres humanos encontraran la solución mediante el diálogo.
Todo esto lo soñé con una extrema felicidad, con el orgullo de pertenecer a una raza humana que había encontrado, sin vacilaciones, por fin, el camino amplio de la confraternización; el Cielo parecía decirme: "goza bien de esta noche, que a lo mejor nunca se repetirá. Pero cuando despiertes trata de convertirte en una adalid de las buenas y nobles causas. Debes formar causa común con tu familia, con tus amigos, para que todos, como una sóla persona, procuren hacer el bien".
Pero, desafortunadamente todo era un sueño. Tuve que despertar y encontrarme con la realidad, con esa cruda realidad, que muchas veces, con gesto dolorido, remueve las entrañas ante tántos hechos dolorosos, tristes, injustos y amargos que se viven a diario Durante la noche la lluvia y la nieve se habían entremezclado y el Cielo había estado permanentemente a oscuras. Mi mente había ideado un mundo digno. Un mundo construido para el ser humano. Un mundo, sin embargo, destruido por el propio ser humano, debido a su egoísmo, a no saber alejar de su corazón las malas obras y la cizaña y por tener abierta su mente y su pensamiento para el mal cerrándole todas sus puertas al bien. Y Colorín Colorado...

Para mi gusto el cuento mas famoso de navidad es:
"CANCIÓN DE NAVIDAD"Charles Dickens



martes, 22 de diciembre de 2009

Cuento Viajero


UN VIAJE INCREIBLE. Florencia

Esta es la historia de Carlos, un ratón que vivía en la punta de un cerro. Carlos trabajaba día y noche para limpiar el polvo a una bota que hace años atrás le había regalado su amigo, el viejito Michel.

Ya era costumbre para él pasar las navidades con esa bota, y como faltaba poco para las fiestas, escuchó que golpeaban su puerta. ¡Era su amigo Michel, que venía del pueblo!
Se le veía muy cansado. Carlos le dijo a Michel que se sentara a descansar. Michel había subido caminando hasta la punta del cerro para invitar a Carlos a pasar la Navidad en su casa. Michel pensaba que su amigo se sentiría solo en Navidad. Michel había tardado en su viaje más de los que debía, sabía que para subir a la punta del cerro tenía que caminar nueve días, pero,… debido a lo resbaloso del pasto, había tardado el doble.

Michel se encontraba cansado y triste porque faltaban solo tres días para la Navidad. Sabía que era imposible estar de vuelta con su familia para ese día. Así que Carlos, preocupado, pensaba y pensaba en cómo poder ayudar a su amigo. ¡Y planeó un viaje increíble!

Y fue así que, con voluntad y amistad, Carlos y Michel celebraron juntos la Navidad. Carlos con su bota, y Michel con su familia. Y Colorín colorado...


lunes, 21 de diciembre de 2009

CUENTO RISUEÑO


EL CONEJITO BURLÓN. (Autor: L.A.V.M de www.santaclaus.cl)
Vivía en el bosque verde un conejito dulce, tierno y esponjoso. Siempre que veía algún animal del bosque, se burlaba de él. Un día estabada sentado a la sombra de un árbol, cuando se le acercó una ardilla. - Hola señor conejo. Y el conejo mirando hacia él le sacó la lengua y salió corriendo. Que maleducado, pensó la ardilla. De camino a su madriguera, se encontró con una cervatillo, que también quiso saludarle: - Buenos días señor conejo; y de nuevo el conejo sacó su lengua al cervatillo y se fue corriendo. Así una y otra vez a todos los animales del bosque que se iba encontrando en su camino. Un dia todos los animales decidieron darle un buena lección, y se pusieron de acuerdo para que cuando alguno de ellos viera al conejo, no le saludara. Harían como sino le vieran. Y así ocurrió. En los días siguientes todo el mundo ignoró al conejo. Nadie hablaba con él ni le saludaba. Un dia organizando una fiesta todos los animales del bosque, el conejo pudo escuchar el lugar donde se iba a celebrar y pensó en ir, aunque no le hubiesen invitado. Aquella tarde cuando todos los animales se divertían, apareció el conejo en medio de la fiesta. Todo hicieron como sino le veían. El conejo abrumado ante la falta de atención de sus compañeros decidió marcharse con las orejas bajas. Los animales, dandóles pena del pobre conejo, decidieron irle a buscar a su madriguera e invitarle a la fiesta. No sin antes hacerle prometer que nunca más haría burla a ninguno de los animales del bosque. El conejo muy contento, prometió no burlarse nunca más de sus amigos del bosque, y todos se divirtieron mucho en la fiesta y vivieron muy felices para siempre. Y colorín colorado...
Moraleja del cuento: Procura no burlarte nunca de la gente

La Navidad, tal y como la conocemos hoy en día, se basa en la tradición religiosa del nacimiento de Jesús, la visita de los reyes magos y

domingo, 20 de diciembre de 2009

Cuento Sabroso.


EL COCINERO DE NOCHEBUENA. Tatiana Suárez

Ésta es la historia de un cocinero que debía preparar una sabrosa cena de Nochebuena. Había trabajado tanto durante los meses precedentes que se vio abandonado por la inspiración, precisamente en la época más importante del año. Pasaba el día pensando e ideando menús navideños, sin que ninguno de ellos lograra satisfacerle. Así llegó la víspera de Navidad y él seguía huérfano de ideas. Tan cansado estaba que le pudo el sueño y se quedó dormido sobre la mesa de la cocina, rodeado de libros y cuadernos de recetas. Se vio convertido en un orondo Papá Noel con su abultado saco al hombro, y viajando a bordo de un bello trineo que se deslizaba silencioso por la nieve al son de un dulce tintineo de campanillas. Desconocía el lugar al que se dirigía, pero intuía que el trineo conocía su destino. Porque debo decir que el vehículo que le transportaba no era tirado por ciervos ni por renos, sino que únicamente se desplazaba guiado por una fuerza invisible. Una vez finalizado el viaje, el trineo se detuvo ante una rústica casita en el bosque, de cuya chimenea escapaba un inmaculado y cálido humo blanco. Llamó a la puerta y ésta se abrió al instante, sin que nadie apareciera tras ella. Entró en la casa y halló un bello salón decorado con toques navideños que provocó en él una profunda y hogareña sensación. Un pequeño abeto le hacía guiños junto a la chimenea encendida, cuyos troncos crepitaban e iluminaban la estancia con sus llamas, y de la que colgaban unos calcetines de bellos colores, esperando ser llenados de regalos. En el centro de la estancia, una acogedora mesa, bellamente dispuesta y con las velas encendidas, esperaba ser cubierta de manjares. No había nadie a su alrededor, y sin embargo se sentía acompañado por presencias invisibles que él percibía, aún sin verlas. Depositó el saco en el suelo y se dispuso a abrirlo. Desconocía lo que podía albergar y por un momento sintió que su corazón latía con más fuerza. Se sentó en una mullida butaca junto a la chimenea y con manos temblorosas empezó a extraer el contenido.

Lo primero que apareció fue una bella sopera con una reconfortante Sopa de Crema, hecha con una gallina entera, aderezada con unos diminutos dados de su pechuga. Levantó la tapa y una oleada de vapor repleto de aromas empañó sus gafas. Después, un dorado y casi líquido Queso Camembert hecho al horno, con aromas de ajo y vino blanco, acompañado de un crujiente pan hizo que su boca se llenara de agua. Hundió la nariz en él y lo depositó sobre la mesa. Su tercer hallazgo fue una Pierna de Cerdo rellena con ciruelas pasas y beicon ahumado que venía acompañada de un sin fin de guarniciones, a cual más apetitosas: cremoso puré de patata aromatizado con aceite de ajo y con mostaza, salsas agridulces y chutneys irresistibles, compota de manzana con vinagre y miel... ¡de ensueño! Dispuso la inmensa fuente en el centro de la mesa y aspiró los intensos aromas que aquella sinfonía de contrastes culinarios le ofrecía. En un rincón del salón, reparó en una mesita auxiliar dispuesta para los postres y allí colocó un crujiente Strudel de Manzana y nueces y una espectacular Anguila de Mazapán, una dulcera de cristal que albergaba una deliciosa Compota de Navidad al Oporto y un insólito Helado de Polvorones. Apenas podía creer lo que estaba sucediendo, se sentía embargado por la emoción. El menú tocaba a su fin y comprendió que era hora de abandonar aquella cálida casita, para dejar que sus moradores disfrutaran en la intimidad de las exquisitas viandas que había traído en su saco. Pensó que los manjares se enfriarían si no lo hacía pronto, pero comprendió que el calor, material y espiritual, que invadía todos y cada uno de los rincones de la estancia se encargaría de mantenerlos a la temperatura adecuada.

Como toque final a su visita, llenó los calcetines de la chimenea con figuritas de mazapán, polvorones y turrones, que sin duda harían las delicias de los niños... y de los menos niños. Le despertó el borboteo de un caldo que había dejado en el fuego y que amenazaba con desbordar el puchero. Era ya de madrugada, pero aún tenía tiempo de ponerse manos a la obra y elaborar el menú de la casita del bosque. La fuerza invisible que guiaba el trineo no era otra cosa que el amor que el cocinero sentía por el mundo de la cocina. Y Colorín colorado...

...te proponemos recetas para reyes magos, roscon de reyes magos riquísimos y sencillos de preparar... ¡Niños! ¡A cocinar para Navidad!


sábado, 19 de diciembre de 2009

CUENTO INCREDULO


Un extraño relato de Navidad. Guy de Maupassant

El doctor Bonenfantes forzaba su memoria, murmurando:-¿Un recuerdo de Navidad?... ¿Un recuerdo de Navidad?...Y, de pronto, exclamó: Sí, tengo uno, y por cierto muy extraño. Es una historia fantástica, ¡un milagro! Sí, señoras, un milagro de Nochebuena. Comprendo que admire oír hablar así a un incrédulo como yo. ¡Y es indudable que presencié un milagro! Lo he visto, lo que se llama verlo, con mis propios ojos. Que si me sorprendió mucho? No; porque sin profesar creencias religiosas, creo que la fe lo puede todo, que la fe levanta las montañas. Pudiera citar muchos ejemplos, y no lo hago para no indignar a la concurrencia, por no disminuir el efecto de mi extraña historia.

Confesaré, por lo pronto, que si lo que voy a contarles no fue bastante para convertirme, fue suficiente para emocionarme; procuraré narrar el suceso con la mayor sencillez posible, aparentando la credulidad propia de un campesino. Entonces era yo médico rural y habitaba en plena Normandía, en un pueblecillo que se llama Rolleville. Aquel invierno fue terrible. Después de continuas heladas comenzó a nevar a fines de noviembre. Amontonábanse al norte densas nubes, y caían blandamente los copos de nieve tenue y blanca. "En una sola noche se cubrió toda la llanura. Las masías, aisladas, parecían dormir en sus corralones cuadrados como en un lecho, entre sábanas de ligera y tenaz espuma, y los árboles gigantescos del fondo, también revestidos, parecían cortinajes blancos. Ningún ruido turbaba la campiña inmóvil. Solamente los cuervos, a bandadas, describían largos festones en el cielo, buscando la subsistencia, sin encontrarla, lanzándose todos a la vez sobre los campos lívidos y picoteando la nieve. Sólo se oía el roce tenue y vago al caer los copos de nieve.

Nevó continuamente durante ocho días; luego, de pronto, aclaró. La tierra se cubría con una capa blanca de cinco pies de grueso. Y, durante cerca de un mes, el cielo estuvo, de día, claro como un cristal azul y, por la noche, tan estrellado como si lo cubriera una escarcha luminosa. Helaba de tal modo que la sábana de nieve, compacta y fría, parecía un espejo. La llanura, los cercados, las hileras de olmos, todo parecía muerto de frío. Ni hombres ni animales asomaban; solamente las chimeneas de las chozas en camisa daban indicios de la vida interior, oculta, con las delgadas columnas de humo que se remontaban en el aire glacial. De cuando en cuando se oían crujir los árboles, como si el hielo hiciera más quebradizas las ramas, y a veces desgajábase una, cayendo como un brazo cortado a cercén. Las viviendas campesinas parecían mucho más alejadas unas de otras. Vivíase malamente; cada uno en su encierro. Sólo yo salía para visitar a mis pacientes más próximos, y expuesto a morir enterrado en la nieve de una hondonada.

Comprendí al punto que un pánico terrible se cernía sobre la comarca. Semejante azote parecía sobrenatural. Algunos creyeron oír de noche silbidos agudos, voces pasajeras. Aquellas voces y aquellos silbidos los daban, sin duda, las aves migratorias que viajaban al anochecer y que huían sin cesar hacia el sur. Pero es imposible que razonen gentes desesperadas. El espanto invadía las conciencias y se aguardaban sucesos extraordinarios.

La fragua de Vatinel hallábase a un extremo del caserío de Epívent, junto a la carretera intransitada y desaparecida. Como carecían de pan, el herrero decidió ir a buscarlo. Entretúvose algunas horas hablando con los vecinos de las seis casas que formaban el núcleo principal del caserío; recogió el pan, varias noticias, algo del temor esparcido por la comarca, y se puso en camino antes de que anocheciera. De pronto, bordeando un seto, creyó ver un huevo sobre la nieve, un huevo muy blanco; inclinose para cerciorarse; no cabía duda; era un huevo. ¿Cómo sé hallaba en tan apartado lugar? ¿Qué gallina salió de su corral para ponerlo allí? El herrero, absorto, no se lo explicaba, pero cogió el huevo para llevárselo a su mujer. -Toma este huevo que encontré en el camino. La mujer bajó la cabeza, recelosa: -¿Un huevo en el camino con el tiempo que hace? ¿No te has emborrachado? -No, mujer, no; te aseguro que no he bebido. Y el huevo estaba junto a un seto, caliente aún. Ahí lo tienes; me lo metí en el pecho para que no se enfriase. Cómetelo esta noche. Lo echaron en la cazuela donde se hacía la sopa, y el herrero comenzó a referir lo que se decía en la comarca. La mujer escuchaba, palideciendo. -Es cierto; yo también oí silbidos la pasada noche, y entraban por la chimenea. Sentáronse y tomaron la sopa; luego, mientras el marido untaba un pedazo de pan con manteca, la mujer cogió el huevo, examinándolo con desconfianza.

-¿Y si tuviese algún maleficio? -¿Qué maleficio puede tener? -¡Toma! ¡Si yo supiera! -¡Vaya! Cómetelo y no digas bestialidades. La mujer abrió el huevo; era como todos, y se dispuso a tomárselo con prevención, cogiéndolo, dejándolo, volviendo a cogerlo. El hombre decía: -¿Qué haces? ¿No te gusta? ¿No es bueno? Ella, sin responder, acabó de tragárselo. Y de pronto fijó en su marido los ojos, feroces, inquietos, levantó los brazos y, convulsa de pies a cabeza, cayó al suelo, retorciéndose, dando gritos horribles. Toda la noche tuvo convulsiones violentas y un temblor espantoso la sacudía, la transformaba. El herrero, falto de fuerza para contenerla, tuvo que atarla. Y la mujer, sin reposo, vociferaba: -¡Se me ha metido en el cuerpo! ¡Se me ha metido en el cuerpo! Por la mañana me avisaron. Apliqué todos los calmantes conocidos; ninguno me dio resultado. Estaba loca.

Y, con una increíble rapidez, a pesar del obstáculo que ofrecían a las comunicaciones las altas nieves heladas, la noticia corrió de finca en finca: 'La mujer de la fragua tiene los diablos en el cuerpo. Acudían los curiosos de todas partes; pero sin atreverse a entrar en la casa, oían desde fuera los horribles gritos, lanzados por una voz tan potente que no parecían propios de un ser humano. Advirtieron al cura. Era un viejo incauto. Acudió con sobrepelliz, como si se tratara de auxiliar a un moribundo, y pronunció las fórmulas del exorcismo, extendiendo las manos, rociando con el hisopo a la mujer, que se retorcía soltando espumarajos, mal sujeta por cuatro mocetones. Los diablos no quisieron salir. Y llegaba la Nochebuena, sin mejorar el tiempo. La víspera, por la mañana, el cura fue a visitarme: -Deseo -me dijo- que asista la infeliz a la misa de gallo. Tal vez Nuestro Señor Jesucristo la salve, a la hora en que nació de una mujer. Yo respondí: -Me parece bien, señor cura. Es posible que se impresione con la ceremonia, muy a propósito para conmover, y que sin otra medicina pueda salvarse. El viejo cura insinuó: -Usted es un incrédulo, doctor, y, sin embargo, confío mucho en su ayuda. ¿Quiere usted encargarse de que la lleven a la iglesia? Prometí hacer para servirle cuanto estuviese a mi alcance. De noche comenzó a repicar la campana, lanzando sus quejumbrosas vibraciones a través de la sombría llanura, sobre la superficie tersa y blanca de la nieve.

Bultos negros llegaban agrupados lentamente, sumisos a la voz de bronce del campanario. La luna llena iluminaba con su tibia claridad todo el horizonte, haciendo más notoria la pálida desolación de los campos. Fui a la fragua con cuatro mocetones robustos. La endemoniada seguía rugiendo y aullando, sujeta con sogas a la cama. La vistieron, venciendo con dificultad su resistencia, y la llevaron. A pesar de hallarse ya la iglesia llena de gente y encendidas todas las luces, hacía frío; los cantores aturdían con sus voces monótonas; roncaba el serpentón; la campanilla del monaguillo advertía con su agudo tintineo a los devotos los cambios de postura. Detuve a la mujer y a sus cuatro portadores en la cocina de la casa parroquial, aguardando el instante oportuno. Juzgué que éste sería el que sigue a la comunión. Todos los campesinos, hombres y mujeres, habían comulgado pidiendo a Dios que los perdonase. Un silencio profundo invadía la iglesia, mientras el cura terminaba el misterio divino. Obedeciéndome, los cuatro mozos abrieron la puerta y acercáronse a la endemoniada. Cuando ella vio a los fieles de rodillas, las luces y el tabernáculo resplandeciente, hizo esfuerzos tan vigorosos para soltarse que a duras penas conseguimos retenerla; sus agudos clamores trocaron de pronto en dolorosa inquietud la tranquilidad y el recogimiento de la muchedumbre; algunos huyeron. Crispada, retorcida, con las facciones descompuestas y los ojos encendidos, apenas parecía una mujer. La llevaron a las gradas del presbiterio, sosteniéndola fuertemente, agazapada. Cuando el cura la vio allí, sujeta, se acercó cogiendo la custodia, entre cuyas irradiaciones de oro aparecía una hostia blanca, y alzando por encima de su cabeza la sagrada forma, la presentó con toda solemnidad a la vista de la endemoniada. La mujer seguía vociferando y aullando, con los ojos fijos en aquel objeto brillante; y el cura estaba inquieto, inmóvil, hasta el punto de parecer una estatua. La mujer mostrábase temerosa, fascinada, contemplando fijamente la custodia; presa de terribles angustias, vociferaba todavía; pero sus voces eran menos desgarradoras.

Aquello duró bastante. Hubiérase dicho que su voluntad era impotente para separar la vista de la hostia; gemía, sollozaba; su cuerpo, abatido, perdía la rigidez, recobraba su blandura. La muchedumbre se había prosternado con la frente en el suelo; y la endemoniada, parpadeando, como si no pudiera resistir la presencia de Dios ni sustraerse a contemplarlo, callaba. Luego advertí que se habían cerrado sus ojos definitivamente. Dormía el sueño del sonámbulo, hipnotizada..., ¡no, no!, vencida por la contemplación de las fulgurantes irradiaciones de la custodia de oro; humillada por Cristo Nuestro Señor triunfante. Se la llevaron, inerte, y el cura volvió al altar. La muchedumbre, desconcertada, entonó un tedeum. Y la mujer del herrero durmió cuarenta y ocho horas seguidas. Al despertar, no conservaba ni la más insignificante memoria de la posesión ni del exorcismo.

Ahí tienen, señoras, el milagro que yo presencié. Hubo un corto silencio y, luego, añadió: -No pude negarme a dar mi testimonio por escrito. Y Colorín colorado...

- ¡La Navidad! - exclamó ella llevándose las manos a la cabeza - ¡He estado tan ocupada haciendo nieve con el Hada del Frío que ni me he acordado.! -

viernes, 18 de diciembre de 2009

CUENTO ANGELICAL


ÁNGEL EN NAVIDAD


Había una vez un ángel que vivía en un castillo todo de nubes, en compañía de otros angelitos. Y mientras Dios no los llamara para ningún mandado, los Ángeles jugaban a la escondida por el cielo o remendaban nubes rotas.

Una tardecita de verano el ángel estaba pintando una nube con acuarela, cuando de pronto oyó la gran voz de Dios: -Ángel. . .hijito mío. . .¿me oyes?. EI corazón del ángel se alboroto de alegría. No era para menos. -¡Dios! grito el ángel... ¡Dios me llama! Y dicho esto se largo por un tobogán celeste hasta llegar a su castillo. Entonces se estiro la ropa, peino sus alas y se lavo la cara. Después voló feliz hasta la gran Casa del Padre.


Dios miro al ángel con mucho cariño, y el angelito se lleno de luz. -Ven para acá, te estoy necesitando para un mandado -¡Siempre listo, mi Señor. . .! dijo el ángel. Dios señalo a la tierra... -¿Ves aquella ciudad?


Cuando Dios señalo el lugar, las nubes se corrieron obedientes. Entonces pudieron ver claramente aquella ciudad. Era bastante gris. Estaba llena de casas, una encima de la otra. La gente andaba apurada, y mientras miraban el reloj pulsera de reojo, entraban y salían un lugar a otro. Las calles estaban llenas de autos y colectivos. - Ya veo, mi Señor... -comento el ángel-. ¿Hay que plantar algún rosal? Dios hizo que no con la cabeza. - Hay que ir a visitar un matrimonio que tiene. . . - ¡Ya se. . .! Tienen un hijo, y yo voy a ser su ángel guardián. . . ¿verdad?
Pero Dios agrego: - Es un matrimonio sin hijos. Cuidan un perro pekinés. Gorosito abrió los ojos así de grandes!. Su corazón se asusto. Acaso lo mandarían a cuidar un perro pekinés? Entonces Dios vio la trompa del ángel, y sonrío. En seguida le dijo en secreto: - Bsss... bsss... bsss... Y a medida que Dios explicaba su plan misterioso, la cara del ángel se iba iluminando como una naranja. Es que el plan de Dios siempre es un misterio. Muy pocos pueden descubrirlo.


Se entusiasmo tanto, que ahí no mas le dio a su Dios un ruidoso beso. Después partió. Al llegar al lugar señalado por Dios, espió por la ventana. Entonces vio: Un perrito descansaba muy triste sobre un almohadón de seda. A su lado tenia dos chiches, un terrón de azúcar y un plato con leche. Un señor rogaba al animalito: - Vamos, hijito. . . toma un poco de leche. . . mira que esta tibia. . . ya viene mamita con el churrasco... no te hagas rogar...
Pero el perro miraba para otro lado, haciéndose el orgulloso. Por una hendija de la ventana salio olor a churrasco. Entonces Gorosito tomo la punta del humo con olor a churrasco, y fue llevándola. . . llevándola. . . Allá abajo, en la vereda, había un chico.

No tenia mama ni papa. Estaba solito en el mundo. Andaba por esas calles a la buena de Dios. Un día pedía limosna. . . otro día lustraba zapatos . . . y casi siempre tenia hambre.

Pero justo en ese momento ¡OH, misterio del amor! el chico sintió un aroma muy rico. Era un olorcito a churrasco que le hizo recordar que tenía mucha hambre. Fue. . . como si alguien invisible lo estuviera tomando de la nariz, y lo levantara por el aire. . y lo pusiera en camino. . . y lo hiciera tocar un timbre. . . - ¿Quién sos? dijo el señor. - Hola. Buen día. . . dijo el chico sonriendo. Tengo un poco de hambre. . . Entonces el señor miro hacia adentro, y vio al perrito. Y miro hacia afuera y vio al chico que sonreía. Y se le apretó un poquito el corazón. - Veni, hijo. Pasa. . . dijo el señor. Cuando el chico entró, el perrito se levantó y se puso a hacerle fiestas. Claro. Lo que pasaba es que el perro pekinés estaba harto de que lo confundieran con un ser humano. El quería su lugar de perro en el mundo. Al oír los ladridos juguetones, se asomo la señora desde la cocina y vio: Un perrito, un niño y un papá. Desde aquel día un chico tuvo un hogar, una mama y un papa, y un perrito para jugar. . . y hasta un ángel guardián. Y en el rostro de Dios Padre floreció una sonrisa.

Y Colorín colorado....


En Bogotá (y en la mayoría de Colombia) hay costumbres simpáticas para celebrar la Navidad. Una de ellas es el juego de "Aguinaldos" que se practica a partir del 16 y hasta el 24 de Diciembre. Son diversos juegos, como "Tres pies",

jueves, 17 de diciembre de 2009

CUENTO SONRIENTE


EL ÁRBOL DE LAS RISAS. Mariana Ramos. Buenos Aires

Hace muchos años existía un famoso pueblito, alejado de la ciudad, llamado Glabilú . En el medio de la única placita que tenía, había un árbol, con hojas grandes, chicas, medianas, verdes, rojas, amarillas, celestes y muchos colores más. No sólo era hermoso, sino que regalaba sonrisas a toda la gente.

Cada vez que alguien se sentía un poquito triste, se iba hasta la plaza, se acercaba al árbol y automáticamente se empezaba a reír. Para los chicos, Risitas, que así lo llamaban a su árbol, era un amigo más. Esperaban ansiosos que llegara la tarde para poder ir a jugar junto a él. Se trepaban en sus ramas, le cantaban canciones, se divertían mucho. Una noche, el Señor Gogó, que era del pueblito vecino, fue hasta la placita. Miró para todos lado, se fijo que no hubiese nadie, y se acerco al árbol en puntitas de pie. Era un hombre muy malo y serio, y no le gustaba que sus vecinos siempre estuvieran alegres. Entonces, empezó a arrancarle las coloridas hojas a Risitas y a patearle su tronco ¡con mucha bronca!. El pobre árbol empezó a reír cada vez menos... hasta dejarlo de hacer por completo. Y cuando lo hizo, el Señor Gogó se fue satisfecho a su pueblo.

A la mañana siguiente el árbol amaneció enfermo, casi muerto. La gente se puso muy triste cuando lo vio, y la risa desapareció de sus caras. Entre ellos se miraban y se preguntaban: ¿qué le habrá pasado? ¿quién lo lastimó?. Se pusieron a juntar sus hojitas, a cuidarlo, a regarlo, pero Risitas seguía igual. Hasta que un día, decidieron que la forma para curarlo era darle lo mismo que el siempre les dio a ellos: RISAS. Se juntaron todos, hicieron una ronda alrededor del árbol, se agarraron de las manos y empezaron a reír. Y rieron cada vez más fuerte, tan fuerte que hasta la tierra comenzó a vibrar. Risitas empezó a tomar vida, le volvieron a salir sus coloridas hojas y con ellas, su alegría. Empezó riéndose bajito, casi no se lo oía, pero terminó riéndose tan alto que hasta contagió al Sol. Comenzaron a crecer muchas y muchas flores a su alrededor y se formó un arco iris, el más bello que habían visto en toda su vida.

La risa empezó a contagiar a los pueblos vecinos y llegó hasta la casa del Señor Gogó, y sin darse cuenta, de sus labios, comenzaron a salir risas. Y colorín, colorado....

El árbol de Navidad tiene sus orígenes en la antigua creencia germana de que un árbol gigantesco sostenía el mundo y que en sus ramas estaban sostenidas las estrellas, la luna y el sol. Esto que explica la costumbre de poner a los árboles luces.

miércoles, 16 de diciembre de 2009

Cuento Cierto


NO DEJES MORIR AL AMOR

Hubo una vez en la historia del mundo un día terrible en el que el odio que es el rey de los malos sentimientos, los defectos y las malas virtudes convoco a una reunión urgente con todos ellos. Todos los sentimientos negros del mundo y los deseos más perversos del corazón humano llegaron a esta reunión con curiosidad de saber cual era el propósito.

Cuando estuvieron todos hablo el Odio y dijo: "los he reunido aquí a todos porque deseo con todas mis fuerzas matar a alguien". Los asistentes no se extrañaron mucho pues era el Odio que estaba hablando y el siempre quiere matar a alguien, sin embargo todos se preguntaban entre si quien sería tan difícil de matar para que el Odio los necesitara a todos. "Quiero que maten al Amor", dijo. Muchos sonrieron malévolamente pues más de uno le tenía ganas.

El primer voluntario fue el Mal Carácter, quien dijo: Yo iré y les aseguro que en un año el Amor habrá muerto, provocare tal discordia y rabia que no lo soportara". Al cabo de un año se reunieron otra vez y al escuchar el reporte del Mal Carácter quedaron muy decepcionados. Lo siento, lo intente todo pero cada vez que yo sembraba una discordia, el Amor la superaba y salía adelante.

Fue entonces cuando muy diligente se ofreció la Ambición que haciendo alarde de su poder dijo: En vista de que El Mal Carácter fracaso, iré yo. Desviare la atención del Amor hacia el deseo por la riqueza y por el poder. Eso nunca lo ignorará. Y empezó la ambición el ataque hacia su víctima quien efectivamente cayó herida pero después de luchar por salir adelante renuncio a todo deseo desbordado de poder y triunfo de nuevo.

Furioso el Odio por el fracaso de la Ambición envió a los Celos, quienes burlones y perversos inventaban toda clase de artimañas y situaciones para despistar el amor y lastimarlo con dudas y sospechas infundadas. Pero el Amor confundido lloro, y pensó que no quería morir y con valentía y fortaleza se impuso sobre ellos y los venció. Año tras año, el Odio siguió en su lucha enviando a sus más hirientes compañeros, envió a la Frialdad, al Egoísmo, la Indiferencia, la Pobreza, la Enfermedad y a muchos otros que fracasaron siempre porque cuando el Amor se sentía desfallecer tomaba de nuevo fuerzas y todo lo superaba.

El Odio convencido de que el Amor era invencible les dijo a los demás: "nada que hacer, el Amor ha soportado todo, llevamos muchos años insistiendo y no lo logramos". De pronto de un rincón del salón se levantó un sentimiento poco conocido y que vestía todo de negro y con un sombrero gigante que caía sobre su rostro y no lo dejaba ver, su aspecto era fúnebre como el de la muerte, "yo matare el Amor", dijo con seguridad. Todos se preguntaron quien era ese que pretendía hacer solo, lo que ninguno había podido. El Odio dijo, "ve y hazlo".

Tan solo había pasado algún tiempo cuando el Odio volvió a llamar a todos los malos sentimientos para comunicarles que después de mucho esperar por fin EL AMOR HABIA MUERTO. Todos estaban felices pero sorprendidos. Entonces el sentimiento del sombrero negro hablo: "ahí les entrego el Amor totalmente muerto y destrozado" y sin decir más se marcho. Espera dijo el Odio, en tan poco tiempo lo eliminaste por completo, lo desesperaste y no hizo el menor esfuerzo para vivir, ¿¿quien eres?? El sentimiento levantó por primera vez su horrible rostro y dijo: SOY... LA RUTINA

Y Colorín Colorado...

Cuenta la historia que el pesebre como lo conocemos hoy día fue inventado por San Francisco de Asís. Francisco era famoso por la vida que llevaba,

sábado, 12 de diciembre de 2009

Cuento Indigena de Navidad


NATIVISOL. Eve Bail

Ya hacía mucho, pero muchísimo tiempo que los días y las noches de Navidad, de antes de Navidad y de después de Navidad, eran tan nublados y oscuros como la sombra larga y seca, fría y negra del Altiplano. Allí vivían unos simpáticos hombrecitos con caras talladas por el viento y por la tierra, que le daban a su piel singularmente morena, una textura muy especial.
¿Por qué el tiempo se portaba así? Los chicos no entendían las explicaciones de las madres, ni de las abuelas, ni de las tías, ni siquiera las de doña Dominga, que sabía cómo curar el mal de ojos y el empacho. Conocía muchos brebajes, pero ninguno curaba la tristeza de los niños. Las plantas del lugar, que habían convertido sus hojas en espinas, no podían adornarse con las estrellas de la noche -¡hace tanto tiempo que nadie veía ninguna!...; ni siquiera con el brillo de la luna, porque también estaba oculta tras espesas nubes grises.
¿Qué hacer entonces? Una planta sin adornos no es un árbol de Navidad, es apenas un cactus de todos los días, sin su traje dominguero. La idea fue de don Zoilo, el compañero de doña Tomasa.
-¿Y si le preguntamos a la Pachamama?
No es fácil hablar con los dioses, pero en este cuento, como en todos los cuentos maravillosos, todo es posible, nadie lo discute.
La Pachamama escuchó la pregunta, se puso a pensar, miró las nubes y volvió la vista hacia la tierra, hacia sus propios dominios. Allí, en un pozo hondo donde había guardado semillas, había una caja hecha con adobe, como el que se usa para construir los ranchos. La Pachamama la abrió despacio, despacito y de su interior, salieron tantos, tantísimos rayos de luz, que luego, por arte de magia incaica, se convirtieron en soles, en muchos, muchísimos soles, de ojos rasgados y amplia sonrisa.
Y, desde entonces, en ese lugar del Altiplano, todas las Navidades, las pocas plantas y los árboles de ramas retorcidas, se adornan con soles de caras anchas y melenas de rayos ondulados como llamas de fuego.
Y los chicos, que son pobres pero muy buenos, como los ángeles en patitas de los cuentos de Gudiño Kieffer, esperan la Navidad, que allí es Nativisol, en puntillas, pretendiendo atrapar entre sus manos algún descuidado rayito de luz amarilla.
Para el Sol de los días soleados este cuento de Navidad en el altiplano, poncho de colores, cielo despejado ha terminado. Y Colorín colorado...

Las posadas son una de las fiestas más celebradas en México. En ellas se recrea durante nueve días, del 16 al 24 de diciembre, el peregrinar de José y María en su viaje a Belén donde nació su hijo