martes, 17 de agosto de 2010

CUENTO VALIENTE


CORAJE, VALENTÍA Y AMOR. María Pastor Santos

Este relato hace muchos años que existe por lo tanto es muy antiguo y las hadas y elfos que salen en él, quizás ya hayan muerto. Era un pueblo lejano, en unas altas montañas, debajo de una cascada. Allí nadie iba por lo tanto era un buen lugar de vida para las hadas.

No habían tenido contacto con los humanos y por ello vivían felices. No existía la rivalidad entre hadas y elfos, al contrario, convivían felices. Tenían una reina hada, llamada Shorin. Ella vivía feliz, reinaba con tranquilidad y nunca había tenido problema alguno para convivir con los demás, tenía 4 hijas, todas ellas muy hermosas, pero la mayoría de hadas del reino de Shorin envidiaban la belleza de la pequeña, Charlsa. Pero, no sólo había una reina, sino que también había un rey, un rey elfo, Porine, él tenía 2 hijos. El mayor era un luchador nato, pero también era un envidioso y posesivo, su hermano, Corintio, era un valeroso y simpático príncipe.

Charsla, siempre había sentido atracción por Corintio, pero, en el país de Shorin las hadas no tenían derechos por lo tanto, ella no podía elegir marido. Cada mes, el día 15, se unían todos, los elfos y las hadas; tras muchas pruebas de valentía y coraje se elegían los respectivos maridos de las princesas hadas. Charsla nunca le había tocado el turno de que un buen elfino le pidiera mano, porque las pruebas para ella eran muy complicadas ya que era la hada más bella del reino.

Corintio nunca se había presentado al concurso, él amaba a Charlsa pero no podía competir por ella. Con el corazón partido a pedacitos, se dirigió al elfo más sabio de todos los elfos, Podin, él era viejo, pero tenía un gran corazón, un corazón transparente y puro, Corintio le explicó su problema, lo que sentía por la princesita Charlsa y Podin le dio un buen consejo: Hijo, tu corazón es muy grande y en el está el nombre de Charlsa, eres valeroso y todo un caballero por lo tanto, tienes que someterte a esas pruebas, ¿y si muero? Corintio, si mueres, morirás por amor, por amor a alguien que te está esperando, a alguien que te quiere y que te esta esperando.

Así fue como se presentó, las pruebas eran duras y cada prueba duraba muchísimo tiempo. Demostró amor, valentía y coraje, ¿y sabéis? eso es lo más importante de esta vida, el amor la valentía y el coraje, todos forman un corazón puro y si estás enamorado lo demás no importa para nada. Esas características son propias de los personajes "fantásticos".

Y Colorín Colorado

Valor es lo que se necesita para levantarse y hablar; pero también es lo que se requiere para sentarse y escuchar.

lunes, 16 de agosto de 2010

CUENTO VESTIDOR


LA CAMISA DEL HOMBRE FELIZ. León Tolstói

En las lejanas tierras del norte, hace mucho tiempo, vivió un zar que enfermó gravemente. Reunió a los mejores médicos de todo el imperio, que le aplicaron todos los remedios que conocían y otros nuevos que inventaron sobre la marcha, pero lejos de mejorar, el estado del zar parecía cada vez peor.

Le hicieron tomar baños calientes y fríos, ingirió jarabes de eucalipto, menta y plantas exóticas traídas en caravanas de lejanos países. Le aplicaron ungüentos y bálsamos con los ingredientes más insólitos, pero la salud del zar no mejoraba. Tan desesperado estaba el hombre que prometió la mitad de lo que poseía a quien fuera capaz de curarle.

El anuncio se propagó rápidamente, pues las pertenencias del gobernante eran cuantiosas, y llegaron médicos, magos y curanderos de todas partes del globo para intentar devolver la salud al zar. Sin embargo fue un trovador quien pronunció: Yo sé el remedio: la única medicina para vuestros males, Señor. Sólo hay que buscar a un hombre feliz: vestir su camisa es la cura a vuestra enfermedad. Partieron emisarios del zar hacia todos los confines de la Tierra, pero encontrar a un hombre feliz no era tarea fácil: aquel que tenía salud echaba en falta el dinero, quien lo poseía, carecía de amor. Y quien lo tenía se quejaba de los hijos.

Pero una tarde, los soldados del zar pasaron junto a una pequeña choza en la que un hombre descansaba sentado junto a la lumbre de la chimenea: ¡Qué bella es la vida!, Con el trabajo realizado, una salud de hierro y afectuosos amigos y familiares, ¿qué más podría pedir? Al enterarse en palacio de que por fin habían encontrado un hombre feliz, se extendió la alegría. El hijo mayor del zar ordenó inmediatamente: Traed prestamente la camisa de ese hombre. ¡Ofrecedle a cambio lo que pida!

En medio de una gran algarabía, comenzaron los preparativos para celebrar la inminente recuperación del gobernante. Grande era la impaciencia de la gente por ver volver a los emisarios con la camisa que curaría a su gobernante, pero cuando por fin llegaron, traían las manos vacías: ¿Dónde está la camisa del hombre feliz? ¡Es necesario que la vista mi padre! Señor, contestaron apenados los mensajeros, el hombre feliz no tiene camisa.

Y Colorín Colorado

El hábito no hace al monje es un refrán que nos enseña que,

sábado, 14 de agosto de 2010

CUENTO AMIGO


EL BOSQUE DE LAS HADAS. Nireblog

Érase una vez dos niñas de 11 años, llamadas Jennifer y Yaisa. La primera de ellas era buena estudiante y con un gran corazón; por el contrario Yaisa era una pésima estudiante y bastante creída.

Jennifer vivía en una casa al lado del bosque azul, sus padres eran campesinos y aunque pobres no pasaban penurias económicas. Yaisa en cambio vivía en una gran casa situada en la colina, sus padres eran ricos y por tanto tenía todos los caprichos que ella quería. Aunque provenían de mundos tan opuestos, se habían hechos grandes amigas y desde la guardería habían estado juntas. Los padres de Yaisa se habían opuesto a esta amistad pero nada pudieron hacer ante el empeño de las chicas de seguir siendo amigas.
Como había dicho antes Jennifer vivía al lado del bosque azul. Este bosque era llamado así por los lugareños, ya que una gran cantidad de mariposas azules habitaban en él. Muchos creían que esas mariposas eran en realidad ninfas y que se apoderarían de todo aquel que se adentrará en el bosque al anochecer. Esta maldición era alimentada desde hacía muchísimos años, cuando desapareció una chica en el bosque y nunca se supo nada de ellas.

Se organizaron batidas en el bosque y no se halló rastro de ella, ni siquiera sus huesos u objetos personales aparecieron, por lo que se descartó que fuera comida por las alimañas. Este suceso hizo que naciera la leyenda del bosque azul, leyenda que duraba hasta nuestros días, pasando de generación en generación.

Una tarde Yaisa propuso ir al bosque. ¡No!, es peligroso. - respondió Jennifer. ¿Porqué?, ¿Tú crees el cuento ese?-. Umm... Sí, una vez se lo oí contar a mi abuelo -. Eso son mentiras, lo que pasa es que tienes miedo y no lo quieres reconocer. ¡No tengo miedo!! Sí que lo tienes, ¡¡Eres una cobardilla!! ¡No soy cobarde! Está bien iremos, pero me tienes que prometer que volveremos antes del anochecer. Está bien, lo prometo. Mientras entraban en el bosque Jennifer se iba arrepintiendo de haber aceptado. ¿Y si fuera verdad la leyenda?. ¿Y si no veo más a mis padres?- pensaba. Oye Yaisa, me vuelvo a casa. ¿Qué? Qué pasó, lo siento me voy, venga ya, si estamos dentro, me vas a dejar sola ahora. Si, me voy. ¿Vienes? Esta bien me voy contigo.

Bienvenidas a mi reino. ¿Quién ha dicho eso? Yo no he sido- contestó Yaisa asustada. ¡¡Allí arriba!!! exclamó Jennifer. ¡Pe.. pero qué es eso! Miraron hacia arriba y vieron a un ser etéreo que se mantenía suspendida en el aire. Alrededor suyo cientos de mariposas azules con una extraña forma humana la iluminaban y le daban un aspecto tétrico a la figura. ¿Quién eres?. Soy Ethea, reina de este lugar, seguramente me conoceréis por el hada de los bosques. Las mariposas son Suthereis, son mis ninfas. ¿Qué hacéis aquí?

Nada, solo pasamos a jugar un poco, pero ya nos íbamos. A jugar, eh. Aja, os propongo yo un juego, a ver díganos, de las dos la que me traiga el objeto que pese menos ganará y será conducida fuera del bosque, la perdedora se quedará conmigo para siempre y será convertida en una hermosa mariposa azul. Señora, no nos puede hacer eso suplicaron al unísono las dos chicas. Porque habéis invadido mi reino y esta es la única forma de salir. Todas estas mariposas eran personas como vosotros que osaron entrar. Ellas fueron perdedoras. Tenéis una hora. Id cada una en dirección opuesta y traedme ese objeto. El tiempo empieza ya. No, Yaisa no te muevas tengo la solución.

Venga Ya. Solo quieres ganarme, pero yo conseguiré arrebatarte ese honor. Tú te quedarás aquí contestó enfurecida Yaisa. Yaisa salió corriendo dirigiéndose a la izquierda, mientras que Jennifer se quedó quieta. ¿Dices que tienes la solución? Espero que sea así, aunque dentro de una hora saldremos de duda. El tiempo pasó inexorable y al cabo de una hora, Yaisa fue traída en voladas por las ninfas. Bien, qué tenéis? Yo, esta pluma, ligera como el viento, gritó entusiasmada Yaisa. ¿Y tú? Yo, aquí lo tenéis- y cerrando el puño se lo entregó al hada.

Pero es una broma, aquí no hay nada. Si que lo hay, hay aire, ese es mi objeto, más ligero que él no hay nada. ¡Ingenioso!, exclamó el hada, he aquí mi decisión; tú Yaisa, para ganar me has traído efectivamente un material muy ligero pero has tenido que matar un pajarillo, has agredido a la naturaleza y tu Jennifer, en cambio has conseguido el material más ligero que existe sin agredir el entorno, Jennifer eres libre de irte. ¡No! Quiero que mi amiga se vaya, prefiero quedarme yo, me sigues sorprendiendo. ¿Cambias tu vida por la de tu amiga? Sí, ella es hija única, yo en cambio tengo 2 hermanos más, además durante el resto de mi vida no me perdonaría que deje a mi amiga aquí. Jennifer, perdóname, yo solo he pensado en mí y tú en cambio das tu vida por la mía, no puedo aceptarlo, he perdido y me quedo.

¡Increíble!, en mis 500 años de vida es la primera vez que me ocurre algo parecido; después de esto, creo que las dos merecéis iros a casa, podéis marchad. Gracias, señora- Contestaron al unísono; podéis volver cuando queráis, habéis aprendido la lección más importante de vuestra vida, vuestra amistad os ha salvado.

Las dos chicas volvieron a casa y siguieron siendo amigas durante toda su vida.

Y Colorín Colorado

La amistad verdadera es desinteresada, pues más consiste en dar que en recibir;



viernes, 13 de agosto de 2010

CUENTO JUSTO



EL PORTAL ESCONDIDO

Allí estaba, desde hacia mucho tiempo. Había sido creado, para pasar a otra dimensión. Una hechicera lo había cimentado, para poder salvar de la muerte al Príncipe heredero; que había sido traicionado. Era un mundo mágico, donde existía solo la luz y la solidaridad.

Había llegado el momento de volverlo a traspasar. La hechicera, que conocía las palabras tenía el poder para hacerlo; y las pronunció. Al pasar el portal, tomó de la mano al Príncipe. Cuando él abrió sus ojos, ya no se encontraba en aquel bello mundo en donde había crecido.

El lugar donde estaba era húmedo y frío, un sótano oscuro. Allí frente a él se encontraba la hechicera, con su larga cabellera blanca. Su cara tenía dibujada arrugas por los años. Al comienzo no la reconoció, pero al escuchar su voz recordó como lo había salvado de su muerte de pequeño.

Ella le comentó lo que había sucedido, mientras estaba protegido detrás del Portal. Abrió una gran puerta de madera. Detrás de ella se encontraba una brillante armadura, y una espada llena de piedras preciosas. La tomó en sus manos, y la apoyó en las manos del Príncipe. La hechicera mientras le dijo:”Ahora es tu turno, ya eres un hombre y sabrás como reinar con justicia y sabiduría”.

Y Colorín Colorado

En Colombia "lamentablemente" sigue habiendo gente "que no quiere la paz y la reconciliación",

jueves, 12 de agosto de 2010

CUENTO FELIZ


LA PIEDRA DE LA FELICIDAD. Versión en español:Eduardo e Irany Lecea

En tiempos de las hadas y las brujas, un muchacho encontró en su camino una piedra que emitía un brillo diferente de todas las que él había conocido. Impresionado, decidió llevársela a su casa.
Era una piedra del tamaño de un limón y pertenecía a un hada, que la perdió por aquellos caminos, en su paseo matinal; Era la Piedra de la Felicidad, poseía el poder de transformar los deseos en realidad.

El hada, al darse cuenta de que había perdido la piedra, consultó su bola de cristal y se dio cuenta lo que había sucedido. Evaluó el poder mágico de la piedra y, como la persona que la había encontrado era un joven de familia pobre y trabajadora, concluyó que la piedra podría quedarse en poder de él, decidió ayudarlo despreocupándose por recuperar la piedra.

Se le apareció al muchacho en un sueño y le dijo que la piedra tenía poderes para conceder tres deseos: un bien material, una alegría y una caridad, pero que esos beneficios solamente podrían ser utilizados en favor de otras personas, para obtener el deseo, debía pensar en el pedido y apretar la piedra entre las manos. El muchacho despertó sobresaltado, no le gustó saber que los poderes de la piedra solamente podrían ser usados en provecho de los demás, quería que fueran para él, intentó pedir alguna cosa para si mismo, apretando la piedra entre las manos, sin éxito, entonces, decidió guardarla, sin interés por hacer uso de ella. Los años pasaron y el muchacho se volvió un anciano y cierto día, recordando su pasado, concluyó que había llevado una vida infeliz, con muchas dificultades, privaciones y sinsabores.

Tuvo pocos amigos y reconoció haber sido muy egoísta, jamás quiso el bien para los demás, al contrario, deseaba que todos sufrieran lo mismo que él; volvió a ver la piedra que guardó consigo durante casi toda su existencia; se acordó del sueño y de los probables poderes de la piedra, decidió usarla, aún siendo en provecho de los demás.
Así, concedió el deseo de una joven, poniendo a su disposición un bien material, proporcionó una gran alegría a una madre revelándole el paradero de su hija que había desaparecido hacía muchos años y, finalmente, enfrente de un enfermo, se condolió de sus heridas, ofreciéndole la cura; al realizar el tercer beneficio, sucedió lo inesperado: la piedra se transformó en una nube de humo y, en medio de la nube, el hada -que había visto en el sueño que había tenido hacía ya muchos años, después de encontrar la piedra – apareció y le dijo: Usaste la Piedra de la Felicidad, lo que me pidas, para ti, yo te lo concederé.

Primero, debías hacer el bien a los demás, para merecer que se te concediera tu deseo, ¿Por qué tardaste tanto tiempo en usarla? El hombre se puso muy triste al entender lo que había sucedido, tuvo en sus manos, desde su juventud, la oportunidad de construir una vida llena de felicidad, pero, encerrado en su desamor, jamás pensó que haciendo el bien a los demás cosecharía el bien para si mismo, lamentando su pasado de dolor y su error al despreciar a los demás, hizo un pedido conmovido y arrepentido: Dame, tan solo, la felicidad de olvidar mi pasado egoísta.

Y Colorín Colorado

Dar la felicidad y hacer el bien, he ahí nuestra ley, nuestra ancla de salvación, nuestro faro, nuestra razón de ser. Henri-Frédéric Amiel


miércoles, 11 de agosto de 2010

CUENTO CUMPLEAÑERO


HADA DEL CUMPLEAÑOS

Hace muchos años un muchacho se enamoró de una bella joven, pero al pedirla en matrimonio, ésta le dijo que su hada madrina le había puesto una condición: se casaría con quien fuera capaz de hacer un agujero en el agua. Eso es imposible! -dijo el joven. -Mi hada madrina me ha asegurado que quien de verdad me ame, lo logrará.

El enamorado pensó y pensó y anduvo por muchos lugares en busca de una solución. Hasta que llegó a las tierras frías del norte y al ver un lago que estaba helado comprendió que ahí se podía hacer un agujero en el agua. Gracias a eso se casó con su amada y fueron muy felices.

Desde entonces el hada madrina se aparece en los sueños de todos los niños y niñas que cumplen años en esa noche mágica anterior al día de la celebración.Pero como a estos enamorados, también pondrá una prueba que habrá que cumplir.

¡FELICIDADES! A Andrés Fernando mi bebé adorado y a todos los que lo celebráis.

Y Colorín Colorado

Las velitas encendidas para el pastel se pueden haber originado del cumpleaños de la diosa de la luna Griega Artemis. Adoradores paganos le daban honor a ella todos los meses con pasteles de miel con forma de la luna. Porque la luna brilla con luz, los pasteles los decoraban con velitas encendidas.

martes, 10 de agosto de 2010

CUENTO BLOG ESTRELLA


Este cuento, esta dedicado con cariño y admiración para todos y cada uno de mis amigos y amigas blogueras, que tienen un BLOG ESTRELLA, deseo que sus plumas se conviertan en polvo de estrellas y cada día cumplan un sueño, de conocimiento, amistad, curiosidad, un sueño de justicia, paz y amor!

La imagen, es para que se la lleven, y el video tambien, si quieren y recuerden que si se sueña se puede tocar una estrella!


LAS ESTRELLAS DEL CIELO. Antiguo cuento inglés. Versión de Estrella Cardona Gamio

Hubo una vez, hace mucho, mucho, mucho tiempo, una niña que soñaba con alcanzar las estrellas, es decir, tocarlas con sus manos. En las noches claras sin luna, asomada a la ventana de su dormitorio, las admiraba en silencio pensando qué es lo que se sentiría teniendo una entre las manos. Así las cosas, cierta noche de estío, la niña llegó a la conclusión de que debía tocar por lo menos una o dos y para ello tenía que ponerse en camino hasta llegar a ellas.

Dicho y hecho, saltó por la ventana y empezó a andar, y anda que te andarás llegó a un viejo molino cuya rueda chirriaba escandalosamente. Dándole las buenas noches, la niña le pregunto si la rueda sabía como podría jugar con las lejanas estrellas pues para eso había emprendido la caminata. La rueda le respondió que las encontraría bañándose en el estanque cercano donde por la noche brillaban hasta el punto de no dejarla dormir con su resplandor. La niña saltó al estanque pero por más que nadó, e incluso buceó, le fue imposible encontrarlas. Muy decepcionada se lo dijo después a la rueda de molino, que vieja y gruñona, repuso: No me extraña, has removido tanto el agua que las has asustado y se han ido. Entonces la niña, desilusionada, prosiguió su camino.

Anda que te andarás, llegó a un verde prado en el que se sentó a descansar, dándose cuenta entonces de que el prado pertenecía a las hadas y a los elfos que lo llenaban por doquier corriendo, volando o bien danzando sobre el pasto. Saludándolas muy educadamente la niña les preguntó si habían visto estrellas por allí ya que tenía mucho interés en alcanzar alguna. Las hadas le replicaron que sí, que relucían todas las noches entre los tallos de la hierba. Dijeron: Ven a danzar en nuestra compañía y encontrarás todas las estrellas que desees. Aunque la niña bailó con ellas en su alegre coro, no halló ninguna estrella, y dejándose caer agotada al suelo, lloró dirigiéndose a las hadas que la rodeaban en círculo: Por más que lo intento no lo consigo. Si no me ayudáis nunca podré jugar con las estrellas.

Las hadas hablaron bajito entre si, y finalmente una se acerco a la llorosa criatura para aconsejarla: Que tu ánimo no desmaye; si lo deseas puedes conseguirlo, todo es cuestión de voluntad. Ves camino adelante y cuando encuentres a Cuatro Patas, que te lleve hasta Sin Patas y entonces le ruegas a Sin Patas que te conduzca hasta la Escalera sin escalones por la que debes subir. Muy contenta la niña partió con ánimo ligero llegando finalmente a donde estaba un caballo atado a un árbol.

Buenas noches –saludó por tercera vez-, deseo tocar las estrellas del cielo y he caminado tanto, tanto, que me duele todo el cuerpo, ¿serías tan amable que me permitieses montar en tu lomo? El caballo le dijo entonces que él no entendía de estrellas y que su misión consistía en obedecer a las hadas. Ellas me han hablado de ti y me han aconsejado que le diga a Cuatro Patas que me conduzca hasta Sin Patas. Pues mira por donde yo soy Cuatro Patas, sube a mi lomo y partiremos. Y anda que te andarás, o, mejor dicho, cabalga que te cabalgarás, abandonaron el bosque llegando a la orilla del mar. El caballo se despidió, ya había cumplido su misión, y la niña prosiguió su marcha bordeando la orilla del mar y se decía qué más podía pasar ahora y a quién encontraría que se llamara Sin Patas, y, cuanto menos lo esperaba, un pez enorme como ella nunca había creído que existieran, asomó la cabeza entre la espuma de las olas.

Buenas noches –saludó la niña al pez-. Me gustaría tocar las estrellas con la mano, ¿puedes ayudarme a conseguirlo? No lo sé; si no me traes el permiso de las hadas no podré ayudarte –le contestó el pez. Pues lo tengo, y para que veas te trasmitiré el mensaje: debía encontrar a Cuatro Patas que me conduciría a Sin Patas y éste hasta la Escalera sin escalones. Esto es otra cosa –exclamó el pez-, venga, súbete a mi lomo y procura no caerte. Navegaron, navegaron y navegaron precedidos por una estela dorada que se dirigía hacia el lejano horizonte, allá donde el mar y el firmamento se encuentran. Entonces la niña vislumbró un bellísimo Arco Iris que saliendo del mar llegaba hasta el cielo brillando en todo su esplendor y colorido. Por fin alcanzaron el inicio del Arco Iris y la niña descubrió que se trataba de un camino amplio y lleno de luz, que subía hacia la bóveda celeste, y en lontananza, la chiquilla apercibió unas minúscula lucecillas que daban la impresión de bailar. Hasta aquí hemos llegado –informó el pez-. Esa es la Escalera sin escalones. Ves con cuidado al subir, si es que puedes. Piensa que esta escalera nunca se hizo para los piececitos de las niñas. En cuanto la pequeña saltó del lomo de Sin Patas, éste desapareció en el mar.

La niña ascendió por el Arco Iris, tarea, por otra parte, nada sencilla, pues a cada escalón que subía le daba la sensación de bajar dos. Y aunque ascendió hasta que el mar quedó muy lejos, las estrellas seguían encontrándose remotas. Pero ella se dijo ya que era muy animosa: No voy a echarme atrás; si he llegado hasta aquí no voy a volver sobre mis pasos. Así que ascendió y ascendió, encontrando que el aire por momentos se volvía muy, muy frío, mas el firmamento brillaba intensamente, tanto que se dio cuenta de que estaba ya cerca de las estrellas. ¡Lo estoy consiguiendo! –gritó. Y sin vacilar llegó repentinamente al final del Arco Iris. En torno suyo, mirase por donde mirase, las estrellas daban vueltas y bailaban. Era una danza que tan pronto subía como bajaba, igual que las hojas cuando las mueve el viento, y giraban a su alrededor lo mismo que un torbellino, entre los destellos de miles de colores. Finalmente las alcancé –se dijo-. En toda mi vida había contemplado algo tan bonito.

Entonces se dio cuenta de que estaba helada y al mirar en dirección a sus pies entre las sombras, le fue imposible ver la tierra. La pequeña tembló de miedo. Pero no me marcharé sin antes acariciar una estrella y así diciendo con decisión se puso en puntas de pie extendiendo los brazos tanto como le fue posible. Y ya estaba próxima a lograr su empeño, cuando, el paso raudo de una estrella la sorprendió hasta el punto que le hizo perder el equilibrio y se hundió en el vacío. Fue cayendo, cayendo, cayendo, Arco Iris abajo y más iba bajando más templado era el aire y más somnolienta se sentía, y entre bostezos y suspiros quédose profundamente dormida.

Al despertar se encontró de nuevo en su camita. Lucía el sol en la ventana y las aves mañaneras cantaban en los árboles y entre las flores del jardín. ¿De veras estuve entre las estrellas y las toqué, o no ha sido más que un sueño? Inesperadamente notó algo en la palma de su mano, y cuando la extendió, el brillo de una luz centelleó para desvanecerse enseguida. La niña, muy feliz, pudo darse cuenta en ese momento de que no se engañaba; aquel era el polvo de las estrellas y ella las había tocado con sus manos, no se trataba de un sueño.

Y Colorín Colorado…