viernes, 10 de septiembre de 2010

CUENTO LUNÁTICO


VÍCTOR Y LA LUNA. Marielena Rondinel, escritora de Perú.

En el planeta de las estrellas Doña Luna era la reina pero ella muy triste pasaba la noche entera. Las estrellas hacían de todo para que recupere la alegría pero sus ojos estaban rojos de tanto llanto y su rostro palidecía como un papel. Los ángeles se encontraban igualmente preocupados porque la Luna no los alumbraba como antes y buscaban la fórmula perfecta para solucionar dicho problema.

Cada noche al sonar las campanas anunciando las diez llevaban ante la Luna a algún niño escogido del planeta Tierra para que converse con ella. Ya habían pasado por allí más de mil pequeños pero nadie había logrado arrancarle ni una sola sonrisa.

Cierto día del mes de julio, una estrella rosada, pequeña y juguetona, divisó en Brasil a un niño llamado Víctor que era muy amado por su familia. Él corría alegre con sus mascotas por el jardín y le preguntó si quería conocer a Doña Luna. El pequeño, que tenía la carita más dulce del mundo, aceptó de inmediato porque siempre desde su habitación miraba admirado a la belleza plateada.

Esa noche al caer las diez Víctor se presentó ante su Majestad Luna. Ella lo miró un largo tiempo sin pronunciar ninguna palabra. El pequeño se acercó a la estrellita rosada y le pidió que los dejaran solos y que cerraran las puertas del Castillo. El Castillo era muy grande y hermoso, muchas estrellas vivían con la Luna y aunque estaban algo curiosas, hicieron caso al niño.

Un rato después se escucharon carcajadas, Doña Luna y Víctor reían y debajo de la puerta del Castillo se veía un gran resplandor. Era tanto su brillo que muchos ángeles se acercaron a aquel lugar para disfrutar ese maravilloso acontecimiento. Se oyó a su Majestad Luna pidiendo que abrieran la puerta y las estrellas levantaron el techo que cubría el Castillo para que alumbrara a todos con su luz. Su belleza era tan plena que las estrellas y los ángeles estaban muy agradecidos con el pequeño.

Desde ese día Víctor visita a la Luna cada noche pero nadie conoce el motivo de tanta alegría… Sólo la Luna y Víctor, saben que al sonar las campanas las diez, el pequeño se sienta en ella y cabalga como si fuese un caballo de madera mientras sus manitos le hacen muchas cosquillas. Los dos sonríen a carcajadas cómplices de sus juegos y travesuras.

Este momento especial es esperado con ansias por ambos donde comparten su amistad y la felicidad llena sus corazones y la Luna resplandece intensamente. Ahora que tú también lo sabes, no olvides guardar su secreto…

Y Colorín Colorado

Desde tiempos remotos se comenta y se ha llegado a decir que la luna afecta o influye en el comportamiento de todo ser viviente,

miércoles, 8 de septiembre de 2010

CUENTOS TRISTES

LA GOTITA CURIOSA

En un tranquilo lago, escondido tras las verdes hojas de los árboles que con su abrazo recogen el lago dentro del bosque, descansaban las gotas de agua que habían sido madres recientemente, mientras tanto las lindas gotitas iban de un lado para otro produciendo el leve oleaje que todos hemos observado alguna vez a la orilla de un lago, estaban muy alegres, jugaban, nadaban, se movían y no paraban de reír. Durante todo este tiempo, además de jugar, las gotitas aprendían las lecciones que debían saber para sobrevivir en un mundo tan impetuoso como el planeta tierra, ya que no podrían permanecer en ese lago toda su vida, algún día tendrían que marchar.......y ese día llegó.

Todas las gotitas que al día siguiente abandonaban el lugar, estaban entusiasmadas por saber como seria su nuevo destino, excepto una; una pequeña gotita muy fina, y transparente casi imperceptible, que se negaba a seguir el mismo camino que todos los demás, ese mismo trayecto que le habían dibujado mucho antes de nacer, ella, al igual que su grupo, tenia el encargo de rellenar un oscuro pantano situado hacia el otro extremo del bosque, la verdad es que no estaba muy lejos de allí, pero el lugar no tenia nada que ver; sus aguas estaban teñidas de un verdoso color, su fondo estaba cubierto por una gruesa capa de fango, y en los alrededores apenas había vida animal debido a los hedores de dicho pantano, tras saber la pequeña gotita que ese seria su destino para toda su vida(porque una vez destinada nunca podrías salir de allí) se negó en rotundo a ir, pero sus superiores le dijeron que era necesario: "mira en esta vida, tan importante es la luz como la oscuridad, porque con luz constante no podríamos descansar, y los animales nocturnos no podrían vivir, tan importante es reír como llorar, porque solo cuando has llorado mucho aprecias una buena carcajada de verdad, y tan importante es una gotita trabajadora que va a su destino a hacer un trabajo básico, como su superior más alto, ya que sin el primero este último no tendría sentido".

Tras mucho pensar la gotita decidió, que eso no era para ella, ella ansiaba viajar, conocer otros lugares, no permanecer, ser libre y esa misma tarde se escapó, se marchó por un fino hilo de agua, un chorro casi invisible que más tarde daba lugar a un riachuelo, y este mismo alimentaba un pequeño río, situado en un hermosa valle, entre enormes montañas, la gotita viajó, y viajó........ pasó semanas conociendo nuevos mundos.

Un día llegó a la desembocadura de un gran río, estaba ansiosa quería conocer ese gran mar del que tantas gotas hablaban, quería dejarse perder en él, sentir como se mecía como le llevaba a numerosos lugares, por el día bañada por la luz del sol y por la noche reflejando rayos de luna, sola o acompañada seria feliz, pero justo cuando iba atravesar esa barrera invisible, ese limite imaginario que separaba ambos mundos, una gota control la reconoció; había oído hablar de su fuga y estaba informado por si aparecía por los alrededores, esta gota, cogió a la gotita y sin darle tiempo a reaccionar la encerró en una balsa con dos gotas del Cuerpo de Protección y la enviaron a su "destino". Cuando llegó allí, después de haber visto tanto mundo, tantas cosas maravillosas, se desplomó, no podía concebir vivir en un lugar así era deprimente, y sin poder cambiar, siempre con las mismas gotas de dolor, siempre la misma rutina.

Intentó escaparse innumerables veces, siempre la recogieron, hasta que un día lo comprendió, vio que era imposible luchar contra un sistema de sólidos cimientos, vio que era una tuerca más del engranaje de esa sociedad que tanto cuestionaba pero a la que pertenecía, finalmente se resignó y desistió de luchar por una vida mejor, al fin y al cabo era su "destino".

Y Colorín Colorado

HADA TRISTE


"Érase una vez, un Hada triste. Vivía en el Mundo de los Hielos Eternos y no le gustaba. Sabía que existían lugares donde el Sol brillaba cada día y donde las flores tenían todos los colores del arco iris. Su corazón añoraba esas cosas aunque no las había visto nunca. Añoraba el color y el calor. Añoraba sentir la hierba bajo sus pies descalzos y añoraba el vuelo brillante de las mariposas. Se sentía tan infeliz que no sabía pensar en otra cosa y ni siquiera salía a ver sus dominios.

Una noche en que el Hada aún no dormía, un resplandor especial apareció en el cielo. Al principio era solo una pequeña mancha luminosa, que creció y creció y bien pronto todo el espacio se llenó de color. Verdes y violetas, azules, amarillos y rojos, se entremezclaban armoniosamente y su luz arrancaba destellos del suelo helado como de un espejo. Y el Hada miró al cielo y vio estrellas fugaces y luceros ardiendo, estelas de cometas y nubes transparentes.

Por primera vez en mucho tiempo, el Hada se sintió feliz y entendió que aquel era su lugar, que cada rincón del mundo contiene sorpresas maravillosas y que le gustaba la aurora boreal y el cielo estrellado de su país de Hielo. Comprendió que muchas Hadas jamás verían todo eso, como ella no vería las flores pero ya no importaba. Ahora sabía que las estrellas fugaces son como mariposas celestes y que los cometas se llevan muy lejos las añoranzas de las Hadas Tristes"

Y Colorín Colorado


martes, 7 de septiembre de 2010

CUENTO INSPIRADOR


ANGEL Y EL REY. Escritores Argentina.

Yaco era un rey muy poderoso. Su reino se extendía miles y miles de kilómetros, su poder aún más. No había sido una buena persona realmente, ni siquiera un buen rey, pues siempre había antepuesto sus intereses personales a los de su pueblo. Tampoco había sido una persona feliz, porque en su egoísmo, no había sabido amar, razón por la cual se encontraba solo. Su esposa, cansada de discutir y no ser tenida en cuenta, se había ido con sus hijos, hoy ya mayores, a otro pueblo. En venganza por haberlo abandonado, Yaco le quitó a la entonces reina una corona hecha con los más finos cristales y los más hermosos rubíes. En rigor de verdad, al rey no le servía de nada quedarse con esa corona, pero la sola intención de hacer sufrir a la reina, bastó para arrebatársela cual si fuera un tesoro muy preciado. Desde que la reina se había ido, la corona quedó en un arcón opacándose día a día. Yaco no veía demasiado a sus hijos, sus múltiples ocupaciones de rey –decía él- se lo impedían. Tampoco se ocupaba de su pueblo, el cual se empobrecía a medida que su riqueza iba creciendo.

Cierto día, sintió una puntada muy aguda en el corazón, no podía respirar y el dolor era insoportable. Buscando el aire que no tenía y como pudo, se acercó a la ventana. Para su estupor, vio que un ángel estaba sentado en el umbral de la misma. Un ángel hermoso, rubio, de cabellos rizados y ojos celestes. Vestía una especie de túnica blanca con brillos en sus mangas y lo miraba con firmeza, pero a la vez con ternura. El ángel de la muerte…. – pensó Yaco, creyendo que ése era su fin. Sin embargo, ese ángel no se presentaba como él podía haberlo imaginado.

Su rostro era tierno y afable, de repente y como por arte de magia, la puntada desapareció. ¿Vienes a llevarme verdad? Preguntó con voz temblorosa el rey. ¿Y tu qué crees? – Repreguntó el ángel mientras movía los dedos de su mano derecha una y otra vez sobre el umbral de la ventana. Que no es el momento aún, contestó Yaco, ¿Quién sabe cuándo es el momento? ¿Tu acaso? Replicó el ángel, sin dejar de mover sus dedos sobre el umbral; en un abrir y cerrar de ojos el ángel desapareció, como si jamás hubiese existido. Aturdido y con una sensación de temor que jamás había experimentado, Yaco quedó mirando por la ventana y pensando qué cerca había estado de su fin ¿Se había salvado realmente o la muerte estaba ahí agazapada esperándolo para dar el zarpazo final en cualquier momento? Ese día no salió de su recamara. No hizo más que pensar y hacer un balance de su vida. Pudo contar muchos kilómetros de terreno ganado para su reino, pero pocos momentos felices, contó cuántos súbditos tenía y eran por cierto, infinitamente más que los amigos que había podido cosechar.

Miró su rostro adusto y su expresión de enojo, que no era sino la que tenía todos los días. No recordaba cuándo había visto a sus hijos por última vez y menos aún, cuando había reído. Empezó a desesperarse, sentía cerca su final y sabía que no había vivido bien. Daba vueltas como un perro mordiéndose la cola por su gran recámara. Revolvía la ropa, abría y cerraba arcones, cuando de repente encontró la corona de quien fuera su esposa. Si bien el tiempo había opacado su belleza, no la había hecho desaparecer.

Con la corona en sus manos, recordó qué bien lucía en la cabeza de la reina y cómo había sufrido ella cuando él se la había arrebatado. Por primera vez en la vida, se sintió un miserable. Un miserable vestido de rey ¡vaya ironía! Su tiempo se terminaba y era hora de enmendar el mal que había hecho ¿sería eso posible? Y sino lo era, al menos intentaría culminar su vida, mejor de lo que la había transitado. Cada tanto, otra puntada se clavaba en su pecho, como recordándole que mucho tiempo no quedaba, pero sí muchas cosas por hacer. Yaco estaba convencido que era su final, tenía miedo, por primera vez en la vida. No quería irse de este mundo con tantas cuentas pendientes. Algo debería hacer.

Sabía perfectamente que los caminos transitados ya no pueden desandarse, pero tenía la esperanza de enmendar, aunque fuese algunos, de sus tantos errores. No había sabido vivir, por lo menos, quería aprender a morir de un modo más digno. Decidió hacer un viaje, el último sin duda. Esta vez no ordenó que le preparasen el carruaje, sino que lo pidió amablemente, lo cual causó una gran sorpresa en el palacio. Recorrió su vasto territorio y pudo ver a la gente y las condiciones en las que vivían. No vio rostros felices, sino que encontró niños con hambre, hombres trabajando de sol a sol, mujeres que tampoco sonreían. Nadie lo saludo al pasar, ni siquiera levantaron la cabeza tan para espiar. Pasó como una sombra. No se sorprendió, sabía que no merecía otra cosa. Su destino era la casa de sus hijos y como el pueblo quedaba lejos, el viaje fue muy largo. Sin embargo, el paisaje no cambiaba. Rostros tristes, niños flacos, miseria, desdicha, opresión. Al llegar a la casa que habitaban su esposa y sus hijos, fue recibido por la que fuera reina. Para su sorpresa, Ana, así llamaba, no tenía expresión triste. Es más, su rostro no era el mismo que cuando vivían juntos. Sus ojos eran luminosos y en su boca se había instalado una sonrisa que Yaco pocas veces había visto en sus años de convivencia. Pensó entonces con tristeza, que había logrado ser feliz sin él. Por su esposa se enteró que sus hijos habían partido al exterior, ninguno se había despedido de él. Sintió pena por esa mujer a la que no había sabido amar y que ahora estaba sola, pero más pena aún sintió por él mismo. Cuando regresó al palacio, lo primero que hizo fue sacar la corona que le había quitado a Ana, la mandó limpiar y, una vez que estuvo más que reluciente, ordenó que se la llevaran.

Nada podía cambiar el pasado, pero el devolver a su esposa la corona tan querida por ella, sentía que, en cierto modo, enmendaba su error. Por lo menos, dejaría en ella un recuerdo menos amargo. Luego llamó a una reunión. Dio la orden de bajar los impuestos y subir las pagas de los jornaleros. Volvió a sentir la puntada en el pecho, la hora se acercaba. Escribió una carta a cada uno de sus hijos, les pidió perdón, pero por sobre todas las cosas, les dijo cuánto los amaba. No quería morir sin haberlo expresado aunque fuese por escrito. En poco tiempo, Yaco hizo mucho más por los demás de lo que había hecho en toda su vida. Se dio cuenta que era imposible enmendar muchas cosas, pero aprendió también lo que era el perdón de los demás y también el perdón hacia uno mismo. Una noche, al entrar a su recámara para descansar, vio nuevamente al ángel sentado en el umbral de su ventana. Tenía la misma expresión afable del primer día y una vez más, movía los dedos de la mano derecha. Yaco quedó petrificado. Era la hora, no había salida. Sin duda, el ángel venía por él. Un sudor frío recorrió el cuerpo del rey, tenía miedo, mucho miedo. Ya estoy dispuesto, puedes llevarme dijo firme Yaco. ¿Adónde si no es molestia saber? - preguntó el ángel con una sonrisa muy particular. – ¿No eres el ángel de la muerte acaso? ¿A dónde me llevarías si no es con ella? Contestó con temor y enojo Jaco. Si hubieses vivido una buena vida, sabrías sin duda que no hay ángeles de la muerte y no he venido a llevarte a ningún lugar, por cierto. Es la hora, he hecho todo lo que pude para enmendar las cosas, estoy preparado para irme. – No entiendes, jamás has entendido nada ¿Ahora que has aprendido a vivir quieres irte? – Pero la puntada, el final… tú en la ventana… - balbuceó Yaco. – Casualidades, avisos si quieres tomarlo así, lecciones que aprender, el destino, como tu quieras verlo – sonrió el ángel. Jaco cada vez entendía menos. El ángel continuó. – En realidad, yo me detuve en tu ventana porque estaba cansando. Me relaja sentarme en las ventanas y golpear mis dedos en el umbral, manía de ángel podría decirse. El resto corre por tu cuenta.

Pero… la puntada en el pecho…. – insistió Yaco. – Algo me dice ahora que aprendiste a vivir, no la sentirás más. Creíste que era el fin y el temor te hizo ser mejor de lo que jamás habías sido. Queriendo morir en paz, aprendiste a vivir como es debido ¿qué paradoja no es verdad? El ángel prosiguió: Pues bien, aprovecha este tiempo, no es hora de partir aún, es hora de vivir. Se que ahora podrás hacer las cosas como corresponde, intuición de ángel podría decirse. Dicho esto se esfumó, dejando en Jaco una sensación de desconcierto y alegría al mismo tiempo. ¿Había sido su imaginación la presencia del ángel en su ventana, la puntada, el supuesto final? Como fuese, ya no importaba demasiado, ahora era tiempo de vivir bien, por y para los demás. Yaco supo que esta vez sí podría hacerlo, intuición de rey, podría decirse.

Y Colorín Colorado

Hablar de la muerte se considera tabú o de mal gusto.


domingo, 5 de septiembre de 2010

CUENTO SEDUCTOR


EL PARAÍSO DE LOS DUENDES Y LAS HADAS. Entre el cielo y la tierra: La realidad.

El paraíso de los duendes y las hadas, el valle de la música y el color, hoy amanece triste, el sol no quiere salir, los pájaros no deleitan con su cantar, las mariposas no muestran sus alas de fabulosos colores, los girasoles han dejado sus pétalos caer, el resplandor de las cristalinas aguas del riachuelo hoy es débil y tenue, por 180 amaneceres fueron testigos de la locura de amor de los dos duendes más mágicos del paraíso encantado.

El cuarto día de abril, a orillas del rio Totó se daba una gran fiesta para celebrar el inicio del otoño, el duende-celeste y la duende-naranja como todos los demás duendes y hadas estaban presentes, mientras los grillos, las abejas, las ardillas y las hadas cantoras entonaban la canción más popular del momento, la gran fiesta comenzó, era el momento y el lugar para quienes buscan ruido, diversión compañía, música, brebajes, algo de frutos secos, pero sobre todo adrenalina, este fue el punto de partida de la historia…. la música alegre y divertida confabulaba…. sonaba y sonaba sin parar… este par de duendes empezaron a danzar, a disfrutar a divertirse… compartieron una mirada encantadora, una sonrisa tierna….un primer encuentro sin historia, sin futuro, que terminó a las 02h00 cuando los duendes y las hadas vuelven a sus casas en los girasoles, en los hongos, en los árboles o bajo el suelo de su mundo mágico.

La fábrica de sueños, de hechizos, de magia y hasta de pócimas es el lugar en el que los duendes y hadas de este mundo mágico juegan y se divierten… el duende-celeste y la duende-naranja también…han pasado algunos días, las miradas y sonrisas de encanto que se descubrieron seguían presentes en ellos, una mañana, sin saber que se extrañaban descubrieron un correo de mariposas, fue así como entre risas, preguntas, dudas y hasta coqueteos, empezaron a estar más cerca, aún sin que exista la posibilidad de verse.

La duende-pelusa, la más traviesa del paraíso, olvidó recoger los frutos secos para alimentar a su familia, aún sin saber lo que sucedía, pidió ayuda a su dos amigos favoritos, cuando se enteraron que volverían a verse, nerviosos e inquietos acudieron puntuales al lugar de encuentro… ayudaron a su traviesa amiga…. encontrarse nuevamente alegró el corazón de los duendes mágicos, que hace poco tiempo perdieron a los amores de sus vidas, no querían reconocerlo pero estaban solos, tristes, melancólicos, vacíos con una gran pena en su dulce corazón.

Era noche de luna llena, entre estrellas y luceros salieron a caminar, los jazmines y las rosas con su perfume los acompañaban, por primera vez se hablarían frente a frente. La noche transcurría y no podían parar de hablar, mientras más se conocían, más deseaban seguir haciéndolo… perdidos entre el campo de girasoles y justo antes de que el alba llegue, las palabras cesaron…. ante la ausencia de un verso, el silencio fue prodigio… desafiaron a sus propios corazones… rozaron sus manos, sus rostros, sus labios… un beso invadió el silencio, absurdo fue intentar dar marcha atrás… ninguno estaba dispuesto.

La incertidumbre se apoderó de los seres mágicos, al no atinar como actuar, dejaron en manos del destino sus encuentros y desencuentros, más conscientes o inconscientes ideaban verse… en la fábrica de sueños, en los campos de girasoles, como testigo el sol, la luna y las estrellas y con la complicidad de la carroza del duende-celeste, se volvió cada vez más difícil no abrazarse, no sentirse, no quererse… por efectos del otoño o por sentirse acompañados los días duraban menos, las semanas se acortaban… hicieron honor a la tradición y al ritmo de las hojas que al caer de los árboles dejan detrás lo viejo y de poco color, para prepararse nuevamente y dar lugar al verdor, los duendes, con mucho dolor dejaban atrás sus antiguas historias.

El frío invierno llegó y con él las dudas… el día 20 del mes 6to, sucedió lo inesperado, en lugar de decir adiós como era lo más lógico… por culpa del destino, de su falta de valor o quizá del incontenible deseo de tenerse cerca, sin saber cómo o porqué …dejaron de ser dos niños jugando a olvidarse, sus vidas se transformaron en un sueño impregnado de realidad o en una realidad colmada de fantasía… ahí estaban viviendo lo que ni en sus sueños se atrevieron a imaginar… pero con el inicio de su fantasía también un hasta pronto, la duende-naranja emprendía un viaje… hasta donde las calles son un manantial, donde el des-amor se transforma en amor y la tristeza en alegría… treinta lunas debían contar antes de volver a verse.

En cada puesta del sol, en cada sonrisa inocente estaba siempre el rostro y la dulzura de su duende-celeste, mientras más bello, más místico, más soñado, más atesoraba tener a su amor con ella… el encanto del lugar se disminuía de tanto que lo añoraba. Al fin volvieron a verse, entre abrazos y risas compartieron sus aventuras y como, a pesar de tener mil duendes a su lado se sentían solos por no tenerse.

El invierno estaba por terminar, una gran tormenta de nieve cayó sobre el valle encantado y en sus corazones…. decidieron apartarse, las dudas volvieron y antes que lastimarse prefirieron extrañarse, mas, fue muy corta su despedida… pues pronto decidieron volver a quererse, volver a tenerse, más podía su voluntad de intentar que el dolor de olvidarse. Lo que hasta ese momento fue solo de los dos, para alegría de las aves, de las flores, de las hadas y los duendes ahora lo compartirían con todos los habitantes de este, su valle encantado.

Que diferentes y semejantes son: La duende-naranja es susceptible y voluble, cariñosa y risueña, sencilla y detallista, romántica y planificadora, solidaria y egoísta, imprudente y atolondrada, tiene muy mal genio, le gusta el jugo de melocotón, su flor favorita son los cartuchos, y su lugar favorito es su árbol – su casa de color naranja en donde disfruta de su soledad, se deleita al observar el cielo y las estrellas, es experta en dar abrazos y en soñar que en las noches vuela hasta la comarca del norte en donde viven su mamá y sus hermanas. Su poder mágico es hacer visible lo invisible.

El duende-celeste es poeta e inteligente, dulce y sensible, buen bailarín y luchador, des-complicado y detallista, entusiasta y pasivo, amable y solidario, juguetón y divertido, en ocasiones incomprensible, complaciente y servicial, ama a su familia como nada en este mundo, tiene un ángel-celeste particular que vela siempre por él, es muy talentoso, descifra códigos secretos y los hace funcionar, conecta árboles entre si .. su pasatiempo es dormir… tiene un poder mágico que solo él conoce… es invisible (o al menos eso cree él).

A medida que pasaban los días, lo malo se fue convirtiendo en bueno, la zozobra en calma, el abandono en refugio, la nostalgia en alegría… mientras más pasaban los días más se querían… más compartían, más se sentían… crearon una burbuja mágica solo para los dos… sin ruidos del mundo, sin más presencia que la de ellos, una burbuja en donde el tiempo no pasaba… no era mucho, no era poco… se volvía eterno!!… y aún así, aún eterno, no era suficiente…
La dulce primavera, hizo su paso… el tiempo corría, llenando de sueños, ilusiones y esperanzas los corazones, no había espacio para enojos, para los recuerdos, para otros duendes… solo había espacio para dos corazones fascinados.

Una noche, la duende naranja, mientras contemplaba las estrellas danzar en su infinito cielo, se atrevió a dudar de la felicidad de su duende celeste y es que lo ha escuchado repetidamente añorar los momentos, en el que su tiempo era de él, en los que descifrar códigos secretos lo llenaba de satisfacción, en los que escribir sus poemas lo inspiraban a escribir uno y otro más, en los que su soledad era la compañía que necesitaba, que prefiere dejarlo libre que saberlo preso de su propia pasión, prefiere su desilusión que la frustración de su niño, prefiere su tristeza o su dolor que el desencanto de su amor, prefiere el desconsuelo que la melancolía y la nostalgia de su mostustrito…

Ha visto y sentido el miedo que el duende-celeste tiene y no es su culpa tenerlo, pues sin saber cómo ni porque se encuentra preso de un impetuoso encanto, no logra retener su tiempo consigo, la vida le cruzó en el camino con alguien que sin querer invade su espacio y hasta se ha vuelto dueña del aire que solo le pertenece a él. La duende-naranja ha soñado siempre con un amor audaz, dispuesto a darlo todo por defender lo que siente, con un amor que llene de orgullo a quien lo siente, con un amor infinito, con un amor santo… pero siempre un amor libre… libre para sentirlo, libre para vivirlo…y lo que sin querer ha logrado en el duende-celeste es un amor prisionero… de las dudas, de la frustración, del tiempo y de la burbuja mágica.

La historia tiene un fin, no es el fin del valle encantado pues con los duendes juntos o no existe, no es el fin de la burbuja mágica pues la crearon los dos en un espacio que los dos transformaron en eterno, no es el fin de los duendes, pues ambos tienen una vida, no es el fin del color, pues este le da el matiz a la vida de quienes habitan en el valle, no es el final del amor pues sin amor no hay vida, tampoco es el fin del dolor, pues este es parte de la vida, es el fin de una historia, el final feliz de un pedazo de vida, que narra: una duende sumamente enamorada, dispuesta al dolor y la tristeza por dejar en libertad a quien se adueñó de su corazón, por saberlo feliz es su mundo, con sus duendes y en su espacio, que prefirió no pedir nada, no exigir nada.. tan solo darlo sin medida y sin reservas. No le faltan las fuerzas, no le faltan las ganas, no se acabó la magia, no se terminó el cariño se convirtió en mucho más que eso, se convirtió en amor.

Y Colorín Colorado

Los colores vivos por doquier hacen que el 22% de los europeos considere la primavera como la estación agraciada para el amor, si bien, sólo el 15% de los españoles se vuelve más vulnerable a Cupido en primavera.


sábado, 4 de septiembre de 2010

CUENTO SABATINO


EL DUENDE DE LOS SUEÑOS

Una madre estaba harta de que todos los sábados sus hijos se durmiesen tarde. El motivo era que el duende de los sueños no venía a cantarles una nana, como hacía todas las noches de los demás días de la semana, por eso decidió llamar al duende.

Me es imposible -se disculpó el duendecillo, los sábados tengo mucho que hacer, pues el domingo es día de fiesta y los duendes tenemos que ordenar el mundo para que esté más bello, no sólo debo ir al campo para ver si el viento ha quitado el polvo a la hierba y a las flores, ¡Además tengo que subir al cielo, ¿para qué? preguntó la madre, para bajar las estrellas una a una y darles brillo, eso no es cierto, las estrellas están fijas en el cielo -dijo la mujer, ¿lo va a saber usted mejor que yo? protestó el duendecillo.

La madre estaba dispuesta a discutir el tema, pero vio a sus niños dormidos y no quiso despertarlos. Así es que nunca sabremos si las estrellas están fijas o no.

Y Colorín Colorado

Eres un duende y necesitas recoger todas las estrellas que veas. Ten cuidado porque no te pueden tocar ni los gusanos ni los otros duendes, que te quieren quitar todas las estrellas.

viernes, 3 de septiembre de 2010

CUENTO FLORECIDO


LA FLOR DE LA PRINCESA. María Jesús Verdú Sacases.

Érase una vez una flor que todavía era una semillita. ¿Cómo serán las cosas cuando pueda asomar mi cabecita al exterior? se preguntaba. Si ella tenía algo muy claro era su firme propósito sería pensar siempre en positivo. Así que pasara lo que pasara, ella se propuso emplear su existencia en ser feliz y en crearse una vida dichosa. Lo más importante en su vida era sentirse bien y potenciar su belleza interior. Para ella cuidar su interior significaba escudriñarse, conocerse bien y ser consciente de las propias posibilidades y para conseguirlo, ella iba a destinar su existencia en ello. Por esta razón, no iba a dejarse amedrentar por los obstáculos a quienes reconocería como retos y desafíos que la ayudarían a ser mejor cada día y a ampliar su visión de la vida.

¡Cuánto deseo crecer y emanar un profundo y penetrante aroma!- exclamaba cada día- ¿Y quien sabe hasta quién puede llegar ese aroma? – suspiraba la flor... Hasta que llegó el momento en que se sintió brotar, germinar, florecer y lo primero que agradeció fue ver la luz del sol y sentir su calidez pues ésta le estaba dando esa vida que tanto había estado deseando desde el principio. Vivió la experiencia de su contacto con el exterior como un milagro. Percibía el suave tacto de las gotas de rocío, de la frescura de la brisa y escuchaba el zumbido y el revolotear de los insectos a su alrededor. Fue en ese preciso instante cuando se dio cuenta de que en los momentos difíciles precisamente lo que le daría fuerzas sería rememorar estas sublimes sensaciones que estaba experimentando en ese preciso instante…. Estaba rodeada de tanta belleza…

En ese momento concreto decidió que su existencia estaría presidida por una onda expansiva de optimismo y de pensamiento positivo en constante ebullición que la acompañaría allá donde estuvieran ella y sus pensamientos. El poder de esa onda era tan fuerte que era capaz de generar cambios en el mundo exterior y pasara lo que pasara, ella siempre se sentiría protegida por las vibraciones que generaba esa enorme onda expansiva que nacía de su mente y se proyectaba al exterior. Esa onda era enorme y lo abarcaba todo. Podía extenderse incluso más allá del planeta y lo mejor de todo es que recogía la vitalidad y el poder de transformación de allá donde se propagara y lo retornaba al pensamiento originario de donde surgió, o sea, al de nuestra flor, la misma que iba a conseguir lo que se propusiera. Así que se preguntó: ¿Cuál es mí mejor sueño? Formar parte de un ramo muy especial… ¿pero cómo? ¿Y cuál? Pero, ¿cómo llegaría nuestra flor hasta él, cómo lograría que se fijaran en ella? Era tan pequeñita, apenas había acabado de brotar…Pero ella iba a creer más que nunca en la grandeza de sus pensamientos…

Así que, con más fuerza y fe que nunca, se imaginó a sí misma montada en esa espiral de positivismo, esa onda que era tan potente y vibrante que llegaría a tocar el corazón de alguien que la acercara a sus objetivos. De momento, se concentró con fervor en su deseo. Su sueño crecía a medida que ella al mismo tiempo también lo hacía y se convertía en una linda flor de vistosos colores. ¡Ay! –se quejó la flor.

La rueda de un carruaje casi la aplasta, si no llega a ser por la ráfaga de viento que la ayudó a esquivarla. Pero la jovencita, que viajaba en el carruaje, oyó el lamento de la florecita y ordenó que se detuviera. Se apeó y vio a la florecita asustada y turbada. La dama le pidió perdón. ¿Qué puedo hacer para repararlo, hermosa flor, cómo puedo compensarte por el dolor que te he causado sin querer? Llévame contigo –le pidió la florecita- y ayúdame a cumplir mi sueño: formar parte de un ramo muy especial… Umm, creo que puedo hacer algo al respecto le dijo ella y la recogió, arrancando con suavidad su raíz y envolviéndola en un paño húmedo, para llevársela consigo. Cuando el carruaje llegó a su destino, la flor se sorprendió porque: ¡estaba en el palacio real! Yo soy la princesa le dijo la joven y me encantaría que formaras parte de mi ramo de bodas. Me caso con el príncipe mañana. ¡La florecita no se lo podía creer! Eso significa que mañana viviré mi sueño le dijo la flor a la princesa. Y yo el mío le respondió, ilusionada, la princesa.

La princesa era una gran amante de las flores que solía cultivar en los jardines e invernaderos de palacio. No en vano su título era el de la Princesa de las Flores. El palacio real parecía un lugar mágico donde los rayos de luz embellecían y acariciaban cada rincón. Los cristales filtraban la luz en varios colores que iluminaban el interior con los tonos del arco iris. Por noche el cielo estrellado se reflejaba en las ventanas, que parecían invitar a las estrellas a entrar. Era como si el palacio se convirtiera en una bóveda celeste que otorgaba un sentido de serenidad y de particular encanto a las noches en ese lugar. La flor se sintió fascinada por ese hermoso entorno. Además, en esa noche precedente a la boda de la princesa, nuestra flor se sintió plena y en total armonía consigo misma, como si hubiera encontrado su camino, su luz. En ese momento, supo que ella siempre había estado predestinada a formar parte del ramo de la princesa. Sin embargo, los sueños siempre se pueden mejorar…

Y llegó el gran día. El día de la boda de la princesa con el príncipe. La princesa con su vestido de novia estaba tan bella que parecía un hada y le confesó a la flor que se casaba totalmente enamorada de su príncipe. Su mirada brillaba tanto que parecía que las estrellas se hubieran escondido en ella. En su corazón brotaba un manantial de felicidad que le hizo sentir a flor de piel la magia del momento presente. Por tanto, se dispuso a vivir su sueño. Cogió con cuidado a la flor para no dañar su raíz y la colocó en el ramo. Estaban las dos tan radiantes y pletóricas que nunca se supo cuál de ellas se estaba sintiendo mejor…

La ceremonia fue maravillosa y se ajustó perfectamente a la plena manifestación del sueño que las dos habían imaginado. El monarca le dijo a la princesa durante el festejo, que el regalo que él le hacía era que a partir de ese momento ella se convertiría en la Reina de las Flores, pues se había ganado esa alta distinción debido a su creciente sensibilidad hacía ellas. También le dijo que si algo tenía en común la Reina de las Flores con sus amigas las flores era que eran seres que irradiaban belleza.

Tras la ceremonia, la Reina tomó a la flor en sus brazos y deseó de veras que ambas siguieran estando juntas pues había algo especial que las conectaba, como una dulce energía que las unía de forma natural. Así que, sacándola con cuidado del ramo de boda, la Reina la plantó en los jardines de palacio para que la flor siguiera floreciendo allí cada primavera y también pudiera seguir floreciendo y formando parte siempre de su vida y de su corazón, ese corazón que además siempre estaría enamorado del monarca que la elevó a la corte del reino con el título de Reina de las Flores. Y así fue como el sueño de nuestra flor mejoró de forma sublime porque no sólo logró integrarse en ese ramo, sino que la flor al pertenecer después a los jardines reales, conoció a los hijos del matrimonio y el resto de su existencia transcurrió en ese palacio que le cambió la vida y la hacía sentir tan a gusto consigo misma…

Y Colorín Colorado

Desde los tiempos más remotos, las flores nos hablan, nos cuentan la historia de una vida, y sobre todo, nos cuentan la historia de nuestra vida.

jueves, 2 de septiembre de 2010

CUENTO HECHIZADO


EL HADA FEA. Pedro Pablo Sacristán

Había una vez una aprendiz de hada madrina, mágica y maravillosa, la más lista y amable de las hadas. Pero era también un hada muy fea, y por mucho que se esforzaba en mostrar sus muchas cualidades, parecía que todos estaban empeñados en que lo más importante de un hada tenía que ser su belleza. En la escuela de hadas no le hacían caso, y cada vez que volaba a una misión para ayudar a un niño o cualquier otra persona en apuros, antes de poder abrir la boca, ya la estaban chillando y gritando: ¡fea! ¡bicho!, ¡lárgate de aquí!.

Aunque pequeña, su magia era muy poderosa, y más de una vez había pensado hacer un encantamiento para volverse bella; pero luego pensaba en lo que le contaba su mamá de pequeña: Tú eres como eres, con cada uno de tus granos y tus arrugas; y seguro que es así por alguna razón especial...

Pero un día, las brujas del país vecino arrasaron el país, haciendo prisioneras a todas las hadas y magos. Nuestra hada, poco antes de ser atacada, hechizó sus propios vestidos, y ayudada por su fea cara, se hizo pasar por bruja. Así, pudo seguirlas hasta su guarida, y una vez allí, con su magia preparó una gran fiesta para todas, adornando la cueva con murciélagos, sapos y arañas, y música de lobos aullando.

Durante la fiesta, corrió a liberar a todas las hadas y magos, que con un gran hechizo consiguieron encerrar a todas las brujas en la montaña durante los siguientes 100 años. Y durante esos 100 años, y muchos más, todos recordaron la valentía y la inteligencia del hada fea. Nunca más se volvió a considerar en aquel país la fealdad una desgracia, y cada vez que nacía alguien feo, todos se llenaban de alegría sabiendo que tendría grandes cosas por hacer.

Y Colorín Colorado

La Felicidad Sensible. Es la experiencia de satisfacción y beneplácito a partir de los sentidos.