martes, 12 de octubre de 2010

CUENTO DULCE


UN CUENTO DE HADAS.

Entre el mar y el cielo, escondido entre las nubes, se encuentra un reino mágico, un lugar precioso, conocido como el Reino de las Hadas. Este reino, es un mundo fantástico, un lugar donde todo es mágico, en donde nada parece real, todo parece ser producto de un sueño.

Estas hadas, son seres inmortales, nacieron con el primer amanecer en la tierra, es una especie preciosa son muy pequeñas. Tienen unas pequeñas alas transparentes, de una gran belleza. Son seres muy bondadosos, muy buenos, que se esfuerzan por hacer felices a los demás aunque eso vaya en su propio perjuicio. Las hadas viven en las nubes, su función es la de hacer felices a los niños son los únicos capaces de ver a las hadas, pero dejan de verlas cuando crecen, ya que estas deben proteger a los otros bebes humanos que acaban de nacer.

Entre todas las hadas, había una que destacaba, era más pequeña que el resto, con unas alas muy pequeñas que le impedían volar, pero eso no escondía la belleza de este ejemplar. Tenía unos ojos de un color marrón muy claro, muy suave, que descubrían su mirada, una mirada muy dulce, su pelo era castaño muy largo precioso; era un hada de de una belleza especial.

A pesar que no sabía volar, se empeñó en proteger a un niño, pero las hadas madres se lo impidieron. Un Ángel de la guarda amigo suyo, se entero de que no le dejaban proteger a ningún niño, y quizá ayudarla intento enseñarle a volar pero sus alas seguían siendo muy pequeñas, demasiado débiles para levantar vuelo, la pequeña hada, se puso muy triste, comenzó a llorar, y sus lágrimas se convertían en una lluvia preciosa que caía sobre las aguas del mar, al ver esto, el Ángel de la Guarda, la acogió, le seco las lágrimas las puso sobre sus grandes alas plateadas y echo a volar, fue la primera vez que la hada voló, aunque no fuera con sus propias alas.

Poco después, el ángel convenció a las hadas madres para que le dejaran a la pequeña hada a su cargo, y así fue, aunque fuera junto a él, el hada pequeña, pudiera proteger a un niño, consiguiendo que su sueño se hiciera realidad y volver a ver la sonrisa de un hada especial.

Y Colorín Colorado




lunes, 11 de octubre de 2010

CUENTO SABIONDO


EL DOCTOR SABELOTODO. Hermanos Grimm.
Erase una vez un pobre campesino, llamado Cangrejo que se fue a la ciudad guiando un carro tirado por dos bueyes a venderle a un doctor una carretada de leña por dos ducados. Mientras se le pagaban sus dineros el doctor se encontraba precisamente comiendo; cuando vio el campesino lo bien que comía y bebía le entró envidia y pensó que también él quisiera ser doctor, así que se quedó unos momentos sin saber qué hacer y, al fin, le preguntó si no podría hacerse él doctor. ¡Ya lo creo! -respondió el doctor-; eso se logra fácilmente. ¿Qué debo hacer? -preguntó el campesino.

En primer lugar te compras un abecedario, de esos que tienen un gallito pintado en las primeras páginas; en segundo lugar vendes tu carreta y los bueyes y, con lo que saques, te compras trajes y todo lo que es propio del menester doctoral; y, en tercer lugar, mandas hacer un rótulo donde se lea "Soy el doctor Sabelotodo" y lo clavas bien alto sobre la puerta de tu casa.

El campesino siguió las instrucciones al pie de la letra. Y he aquí que cuando ya había doctorado un poquillo, pero no mucho, robaron a un gran señor una cierta cantidad de dinero. Entonces alguien le habló del doctor Sabelotodo, que vivía en tal pueblo y que tendría que saber también dónde estaba el dinero. Así que el señor mandó enganchar el coche, se fue a aquel pueblo, se presentó en su casa y le preguntó si era el doctor Sabelotodo. Pues sí, lo era. Entonces tendría que ir con él a recuperar el dinero robado. ¡Oh, sí!; pero Grete, su mujer, tendría que acompañarle. El señor se mostró conforme, invitó a la pareja a subir al coche y partieron todos.

Cuando llegaron al palacete señorial la mesa ya estaba puesta, y el señor le rogó que comiese antes que nada. ¡Encantado!, dijo, pero con su mujer, la Grete; y se sentó con ella en la mesa. Cuando entró el primer criado llevando una fuente llena de suculentos manjares, el campesino dio un codazo a su mujer y le dijo: Grete, éste es el primero. Y sólo quiso dar a entender que éste era quien había servido el primer plato; pero el criado creyó que había querido decir "Este es el primer ladrón"; y como realmente lo era le entró miedo, y cuando salió dijo a sus camaradas: -El doctor lo sabe todo; vamos a salir mal parados; ha dicho que yo soy el primero. El segundo no quería entrar pero no tuvo otro remedio y, cuando lo hizo llevando su fuente, el campesino, dando otro codazo a su mujer, dijo: -Grete, éste es el segundo. El segundo criado también se asustó y salió precipitadamente. Al tercero no le fue mejor, pues el campesino dijo de nuevo: -Grete, éste es el tercero.

El cuarto sirvió una fuente tapada, y entonces el señor le pidió que mostrase sus artes adivinando lo que contenía. En la fuente había cangrejos. El campesino contempló la fuente y, no sabiendo qué responder, exclamó: -¡Ay de ti, pobre Cangrejo! Al oírlo exclamó el señor: -¡Ahí lo tenéis: lo sabe!; y también sabrá quién tiene el dinero.

Al criado le entró un pánico cerval y guiñó un ojo al doctor, dándole a entender que saliera un momento. Cuando lo hizo, los cuatro confesaron haber robado el dinero, asegurándole estar dispuestos a restituirlo y a darle, además, una cuantiosa suma si se comprometía a no descubrirlos, pues les iba en ello la cabeza. Le mostraron también dónde habían escondido el dinero. El doctor se dejó convencer, volvió a entrar, se sentó a la mesa y dijo: -Señor, ahora miraré en mi libro a ver dónde está escondido el dinero.

Y en estas el quinto criado se escondió en la chimenea para ver si el doctor sabía aún más cosas; pero éste abrió su cartilla y empezó a hojearla de arriba a abajo, buscando el gallo. Y como tardase en encontrarlo, dijo: Sé que estás ahí dentro, y tendrás que salir. Creyó el de la chimenea que iba con él y salió aterrorizado de su escondite diciendo: -¡Ese hombre lo sabe todo!

A continuación el doctor Sabelotodo mostró al señor donde se encontraba el dinero, pero sin decirle quién se lo había robado; recibió una buena remuneración por ambas partes y se hizo un hombre famoso.

Y Colorín Colorado


domingo, 10 de octubre de 2010

CUENTO SALVA-VIDAS


LA CASA DE LOS DELFINES. Niña mexicana escritora de cuentos infantiles.

Erika tenía un sueño: atrapar un delfín. Todos los días veía en una revista las fotos de los delfines y deseaba tener uno. Ella pensaba que cuando atrapara un delfín, él nadaría con ella en el agua, que jugarían con la pelota, y que podría hablar con él y tenerlo sólo para ella. Un día fue a un parque acuático y ahí vio que todos los niños se divertían con los delfines, por eso ella quería ir al mar y atrapar uno.

Un día, fueron a visitar a su familia que vivía en Acapulco. Erika le preguntó a su papá que dónde estaban los delfines, pero su papá le explicó que estaban muy adentro del mar y un poco lejos de la playa. Ella insistió en que quería verlos y su papá le dijo que sí, que iba a decirle a su mamá.

Salieron en un bote muy grande y al fin Erika pudo ver cómo saltaban en el mar y también vio cómo ellos eran muy felices ahí. Algunos de ellos se acercaron al bote y ella pudo estar cerca de ellos y platicar con ellos.

No sé qué platicaron, ni qué le dijeron los delfines, pero Erika regresó feliz de su paseo y comprendió que ella podía ser amiga de los delfines y que ellos tenían que ser libres y vivir en el mar, porque ahí estaba su casa.

Y Colorín Colorado




viernes, 8 de octubre de 2010

CUENTO ENAMORADO



EL HADA Y EL ÁNGEL. Black Angel

Era una vez un reino llamado Mar Azul, estaba en una gran isla rodeada de un mar casi inexplicable, su belleza era inigualable, los delfines danzaban por la mañana y por la tarde los bancos de peces saltaban formando pequeños arco iris. En sus bosques las hadas iluminaban sus senderos llenando de magia todo lo que a su paso estuviera. Mar Azul estaba gobernado por un rey cuya bondad, sabiduría, dedicación y amor era infinito.

La gente de su reino vivía muy feliz, excepto una sola persona, el hijo del rey, aunque el rey y su pueblo le daban todo para que sea feliz, el príncipe no lo era. Se decía que se lo veía caminar todas las mañanas por las playas y se sentaba en la costa a admirar aquellos delfines y su hermoso mar, nunca se desprendía una sonrisa en su rostro, en sus ojos se veía su tristeza, en sus gestos se notaba su dolor. Una mañana en medio del mar el príncipe vio una embarcación que se acercaba, lentamente se divisaba como crecía en el horizonte. Pronto corrió a avisar a su padre de lo que pasaba.

EL pueblo, el rey y el príncipe se dirigieron hacia la costa para recibir a esta embarcación. Pronto ancló en su costa y un bote que a la lejanía era abordado, se dirigió velozmente hacia la costa. Todos estaban ansiosos de curiosidad, en es momento los ojos del príncipe cambiaron brutalmente, tomaron un brillo hermoso.
Había visto a una dama en medio de los demás tripulantes en ese bote, era una mujer verdaderamente hermosa, sus ojos eran como dos esmeraldas, sus cabellos suaves al viento le hicieron sentir al príncipe una sensación casi inexplicable, una sensación que jamás había sentido.
Pronto recibieron a los extranjeros, estaban de paso en busca de provisiones, ya que tenían un muy largo viaje a un continente, cual su nombre jamás recordaría. Los extranjeros se hospedaron en el castillo, la alegría del príncipe pronto se reconoció entre los sirvientes y el rey.

El rey pronto organizó una fiesta muy especial y se lo comunicó a su hijo. Quizás esa fiesta sería la más grande que se organizara en su reino. Esa noche todos los habitantes de Mar Azul se acercaron, estaban todos invitados, las hadas salieron de sus bosques para ver la gran ocasión, las estrellas brillaban como nunca, la luna daba su hermoso esplendor sobre las colinas de aquel castillo, en sus jardines las luciérnagas no dejaban de resplandecer. Llegó el momento del gran banquete, ahí estaba el príncipe con su traje real cuyos bordados estaban hechos de oro y plata. La dama vestía con un hermoso vestido bordado con perlas. Dicen que el príncipe y la dama no quisieron comer nada, solo estaban observándose y llegó la hora del baile real.

El príncipe se acercó suavemente y galantemente invito a la dama a bailar, ella aceptó ya que estaba más impaciente que aquel príncipe. Bailaron toda la noche, en momentos parecían que ellos estaban solos y sus corazones latían juntos, solo la dama y el príncipe unidos en aquel baile. Salieron al patio real y en medio de aquella noche inolvidable sus miradas se cruzaron y existió solo ese momento, los corazones se pararon, en su mirada sus almas se unieron, y de los labios de aquella dama salieron las palabras más dulces que nunca el príncipe había escuchado, las hadas que presenciaron el momento supieron que aquellas palabras eran un poema, el príncipe sintió un calor gigante como una llama en su corazón y la abrazó fuertemente y la besó, sus almas brillaban más que nunca.

Había nacido el amor. Al amanecer seguían juntos no podían separarse, el príncipe le mostraba la belleza de su reino, pero a pesar de todo, él sabía que ella debía partir junto con aquellos extranjeros. Surgió el momento de la partida, él no quería dejar a su amada, aunque le dejo libre su camino, pocas fueron sus palabras, solo dijo que la amaba y cuando el príncipe cerró sus ojos, se escuchó una voz dulce que le decía: Me quedaré por siempre, quisiera vivir a tu lado toda mi vida!!!. El príncipe sintió el amor, el rey sabía que la vida de su hijo había cambiado y su pueblo era muy feliz, que todo cambiaría en Mar Azul, ahora todos eran felices.

Ellos vivían todos los momentos juntos, le daba todo lo que tenía y ella no lo dejaba de sorprender con sus poemas, paseaban por los bosques todos lo días, las hadas los observaban y sentían su amor, tanto que la magia de aquel bosque era grandiosa. Pero un día el rey enfermó y el príncipe tubo que ocuparse de las tareas reales, aunque el sabía hacerlas bien, no tenía el tiempo que tenía antes para estar con su amada. Su amada caminaba sola por los bosques y playas, esperando ver a su príncipe que la pasaba metido en el castillo. A pesar de las bellezas de ese reino la felicidad se estaba apagando en el corazón en ella , pero el la amaba y sufría el tiempo que no estaba con su amada.

Esa noche el príncipe organizó un banquete en honor a aquel rey, y notó en la mirada de su amada que no le prestaba atención, la mirada de ella pertenecía ahora a aquel visitante, pronto esa noche escucho de su amada unas palabras que al igual de dulces como aquellas que siempre recibía, anunciaban el final y su despedida. La sonrisa se borró en aquel príncipe, sus ojos se apagaban al igual que se inundaban de dolor, y en medio de una tormenta la vio partir. Su amada no estaba, su reino ya no le importó, la tristeza lo invadió su corazón y un trueno se escuchó de dolor, y aunque su padre seguía enfermo, no pareció importarle y el sentía que lo poco que estaban juntos, no existía esa pasión que un día comenzó. Un día en la playa, la dama divisó en el horizonte un barco, que se acercaba a la costa y como ya había pasado el pueblo y el príncipe se acercaron a recibirlo.

Este barco a diferencia del otro estaba con ornamentas de oro puro, era el barco de un rey, quizás unos de los más ricos en el mundo, la mirada que había surgido una vez en un príncipe había surgido ahora en aquella dama, pronto los recibieron y ella sabía que el amor hacia su príncipe se había apagado hacía mucho tiempo. Caminaba todas las noches por los bosques con la mirada baja, jamás miraba el cielo, el mar, o todo lo que lo llenaba de ilusión en aquellos tiempos en que no conocía el amor, todo había desparecido.

Una noche un hada lo vio sufrir, se llenó de tristeza, solo se acercó lentamente volando a su alrededor, pero el no subía su mirada, esa hada quería darle felicidad, ayudarlo, que saliera de aquel dolor. Así siguieron las noches y aunque el hada se le acercaba no parecía nunca escucharla.
Pero al poco tiempo su padre falleció, el rey había muerto, el pueblo ya no era feliz, un dolor invadió aquel reino, el príncipe lloró por meses, pensando en que había perdido todo, a su amada y a su padre, y hasta su reino feliz.

El hada siguió acompañando a aquel príncipe, horas, días, meses, pero el príncipe un día desapareció!!!, nadie supo que pasó, muchos dijeron que fue en el acantilado, otros que desapareció en medio de aquel mar. La tristeza y el dolor que no era poca había crecido en aquel reino, el hada lloraba desconsoladamente al igual que su pueblo. Su alma como un rayo ascendió a los cielos, estaba ahí en las puertas del cielo indescriptibles de su belleza, miró hacia tras y pensaba en su reino y soñaba con su amada.

De pronto un frío invadió esa alma y paralizado no quiso cruzar aquel portal, se arrodillo en aquellas nubes llorando por todo lo que le había pasado. Dicen que pronto las puertas se cerraron y ahí estaba su alma llorando y llorando, penándose por el pasado. En su reino se sintió el dolor del príncipe, sabían que él estaba ahí pensando en ellos.

El hada miró hacia el cielo y dejó caer una lágrima, sentía también el dolor de aquel príncipe, que aunque jamás la escuchó, siempre tubo un afecto especial hacia él. Al poco tiempo, el alma de aquel príncipe se inundaba de dolor y tornaba en un color oscuro, tanto que parecía estar hecha de un negro azabache, y el dolor así como crecía en su alma, crecía en su reino. El hada pensaba solo en aquel príncipe, la magia del bosque se apagaba, y los delfines y peces ya no danzaban, Mar Azul desaparecía poco a poco. Después de mucho tiempo, el alma del príncipe recordaba esas dulces palabras que formaban aquellos poemas y descubrió que sus poemas llegaban a sentirse en su reino, la gente los sentía igual que su dolor, el hada los escuchaba y llenaba de amor su corazón.

El príncipe se dio cuenta que su alma tornaba vida, solo tenía que decir lo que sentía, lo que salía de su alma. Un día el hada inspirada por esa fuerte atracción a esos poemas que rondaban en aquel reino, se dirigió al punto más alto de Mar Azul. Ahí miró hacia el cielo y sentía a su príncipe que estaba ahí y que casi podía tocarlo. El príncipe miró a aquella hada que lo miraba. Del hada se desprendieron lágrimas, y en aquella alma azabache, comenzó a transformarse, solo deseaba estar al lado del hada, y unas alas hermosas surgían del alma, se estaba transformando en un ángel.

Dicen que Dios estaba presenciando su atracción, y le dio aquellas alas. De pronto el hada quedo inmutada, viendo a aquel ángel descender de los cielos, al verse una explosión de luz ocurrió, unas palabras dulces que no eran tristes surgieron del ángel, al ver que aquel ángelle daba su amor puro, el hada se conmovió y sintió que aquel ángel era lo que siempre soñó, la magia del amor del hada lo cubrió. Él se acercó al hada y la cubrió entre sus alas, todo cambió, se vieron los delfines danzar, los peces saltar, el bosque renació y el reino empezó a vivir de vuelta la felicidad, aunque nadie sabía porqué, solo sentían que el dolor de aquel príncipe había terminado, él era libre!!.

Aunque el ángel y el hada sabían que su amor era imposible ya que pertenecía a distintos mundos, ellos solo vivieron aquel momento. El ángel dicen que volvió al cielo, el hada está en aquellos bosques recordando a su ángel.

Y Colorín Colorado



lunes, 4 de octubre de 2010

CUENTO CLÁSICO


EL PATITO FEO. Hans Christian Andersen

En una hermosa mañana primaveral, una hermosa y fuerte pata empollaba sus huevos y mientras lo hacía, pensaba en los hijitos fuertes y preciosos que pronto iba a tener. De pronto, empezaron a abrirse los cascarones. A cada cabeza que asomaba, el corazón le latía con fuerza. Los patitos empezaron a esponjarse mientras piaban a coro. La madre los miraba eran todos tan hermosos, únicamente habrá uno, el último, que resultaba algo raro, como más gordo y feo que los demás. Poco a poco, los patos fueron creciendo y aprendiendo a buscar entre las hierbas los más gordos gusanos, y a nadar y bucear en el agua. Cada día se les veía más bonitos. Únicamente aquel que nació el último iba cada día más largo de cuello y más gordo de cuerpo.... La madre pata estaba preocupada y triste ya que todo el mundo que pasaba por el lado del pato lo miraba con rareza. Poco a poco el vecindario lo empezó a llamar el "patito feo" y hasta sus mismos hermanos lo despreciaban porque lo veían diferente a ellos.

El patito se sentía muy desgraciado y muy sólo y decidió irse de allí. Cuando todos fueron a dormir, él se escondió entre unos juncos, y así emprendió un largo camino hasta que, de pronto, vio un molino y una hermosa joven echando trigo a las gallinas. Él se acercó con recelo y al ver que todos callaban decidió quedarse allí a vivir. Pero al poco tiempo todos empezaron a llamarle "patito feo", "pato gordo"..., e incluso el gallo lo maltrataba. Una noche escuchó a los dueños del molino decir: "Ese pato está demasiado gordo; lo vamos a tener que asar". El pato enmudeció de miedo y decidió que esa noche huiría de allí.

Durante todo el invierno estuvo deambulando de un sitio para otro sin encontrar donde vivir, ni con quién. Cuando llegó por fin la primavera, el pato salió de su cobijo para pasear. De pronto, vio a unos hermosos cisnes blancos, de cuello largo, y el patito decidió acercarse a ellos. Los cisnes al verlo se alegraron y el pato se quedó un poco asombrado, ya que nadie nunca se había alegrado de verlo. Todos los cisnes lo rodearon y lo aceptaron desde un primer momento.

Él no sabía que le estaba pasando: de pronto, miró al agua del lago y fue así como al ver su sombra descubrió que era un precioso cisne más. Desde entonces vivió feliz y muy querido con su nueva familia.

Y Colorín Colorado



domingo, 3 de octubre de 2010

CUENTO PERDONADO


EL BOSQUE ILUMINADO. Pedro Pablo Sacristán

El bosque iluminado era el mejor bosque en que se podía vivir, donde las fiestas llenaban de luz las noches y todos disfrutaban. En aquel bosque sólo había una ley: "perdonar a todos".

Y nunca tuvieron problemas con ella, hasta que un día la abeja picó al conejo por error, y éste sufrió tanto que no quería perdonarla, pidió al búho que reuniera al consejo y revisaran aquella ley.

Todos estuvieron de acuerdo en que no habría problema por relajarla, así que se permitió una única excepción por animal; si alguien se enfadaba de verdad con alguien, no tenía por qué perdonarle si no quería.

Y así siguieron hasta la gran fiesta de la primavera, la mejor del año, que resultó un grandísimo fracaso: sólo aparecieron el búho y unos pocos animales más. Entonces el señor búho decidió investigar el asunto, y fue a ver al conejo, este le dijo que no había ido por si iba la abeja, a la que aún no había perdonado, luego la abeja dijo que no había ido por si iba la ardilla, a la que no había perdonado por tirar su colmena, la ardilla tampoco fue por si iba el zorro, a quien no había perdonado que robara su comida... y así sucesivamente todos contaron cómo habían dejado de ir por si se presentaba aquel a quien no habían perdonado.

El búho entonces convocó la asamblea, y mostró a todos cómo aquella pequeña excepción a la ley había acabado con la felicidad del bosque, unánimemente decidieron recuperar su antigua ley, "perdonar a todos", a la que añadieron: "sin excepciones".

Y Colorín Colorado



viernes, 1 de octubre de 2010

CUENTO MARIPOSO


MARAVILLOSO CUENTO DE HADAS

Hace mucho millones de años existían unas especies maravillosas, las cuales vivían en compañía de los humanos y los animales, las Hadas, a ellas les gustaba mucho revolotear y jugar por todos los lados, y algunas de ellas solían conceder algún que otro deseo a aquel que realmente lo necesitaba, como en todas partes existían hadas buenas, muy buenas, y otras que no lo eran tanto, y con su don de poder hacían el mal a los humanos.

Pero a los humanos esto no les importaba, lo único que les importaba era poder obtener alguna hada de las buenas para tenerla en su poder, creyendo, incrédulos ellos, que les concederían todos los deseos que desearan. Se pasaban la vida intentando cazarlas, hasta que un buen día las hadas empezaron a encoger como por arte de magia, seguramente por el miedo que sentían a ser capturadas.

Sus cuerpos se hicieron diminutos, tan diminutos que no parecían ni siquiera cuerpos, lo único que dejaron intocable fueron sus hermosas alas de hadas, en donde guardaban todo su poder. De ésta manera pudieron pasar desapercibidas entre todos los humanos y así fueron desapareciendo.

Sólo algunos podían saber de ellas y eran aquellos a quienes realmente les importaban las hadas, especialmente a los niños, los cuales las querían y respetaban.

De ésta manera fue como surgieron las primeras mariposas que conocemos hoy en día, y las tenemos en nuestro alrededor, tan sólo aquellos que creen realmente en ellas puede ver sus cuerpecitos diminutos, sólo aquellos que las respetan tendrán sus deseos más interiores.

Y Colorín Colorado