domingo, 31 de octubre de 2010

CUENTO ECOLÓGICO


EL JARDÍN NATURAL. Pedro Pablo Sacristan

Hubo una vez un rey que tenía un gran palacio cuyos jardines eran realmente maravillosos. Allí vivían miles de animales de cientos de especies distintas, de gran variedad y colorido, que convertían aquel lugar en una especie de paraíso del que todos disfrutaban.

Sólo una cosa en aquellos jardines disgustaba al rey: prácticamente en el centro del lugar se veían los restos de lo que siglos atrás había sido un inmenso árbol, pero que ahora lucía apagado y casi seco, restando brillantez y color al conjunto. Tanto le molestaba, que finalmente ordenó cortarlo y sustituirlo por un precioso juego de fuentes.

Algún tiempo después, un astuto noble estuvo visitando al rey en su palacio. Y en un momento le dijo disimuladamente al oído: Majestad, sois el más astuto de los hombres. En todas partes se oye hablar de la belleza de estos jardines y la multitud de animales que los recorren. Pero en el tiempo que llevo aquí, apenas he podido ver otra cosa que no fuera esta fuente y unos pocos pajarillos... ¡Qué gran engaño!

El rey, que nunca pretendió engañar a nadie, descubrió con horror que era verdad lo que decía el noble. Llevaban tantos meses admirando las fuentes, que no se habían dado cuenta de que apenas quedaban unos pocos animales. Sin perder un segundo, mandó llamar a los expertos y sabios de la corte. El rey tuvo que escuchar muchas mentiras, inventos y suposiciones, pero nada que pudiera explicar lo sucedido. Ni siquiera la gran recompensa que ofreció el rey permitió recuperar el esplendor de los jardines reales.

Muchos años después, una joven se presentó ante el rey asegurando que podría explicar lo sucedido y recuperar los animales. Lo que pasó con su jardín es que no tenía suficientes excrementos, majestad. Sobre todo de polilla. Todos los presentes rieron el chiste de la joven. Los guardias se disponían a expulsarla cuando el rey se lo impidió. Quiero escuchar la historia. De las mil mentiras que he oído, ninguna había empezado así.

La joven siguió muy seria, y comenzó a explicar cómo los grandes animales de aquellos jardines se alimentaban principalmente de pequeños pájaros de vivos colores, que debían su aspecto a su comida, compuesta por unos coloridos gusanos a su vez se alimentaban de varias especies rarísimas de plantas y flores que sólo podían crecer en aquel lugar del mundo, siempre que hubiera suficiente excremento de polillas... y así siguió contando cómo las polillas también eran la base de la comida de muchos otros pájaros, cuyos excrementos hacían surgir nuevas especies de plantas que alimentaban otros insectos y animales, que a su vez eran vitales para la existencia de otras especies... Y hubiera seguido hablando sin parar, si el rey no hubiera gritado.

¡Basta! ¿Y se puede saber cómo sabes tú todas esas cosas, siendo tan joven?- preguntó. Pues porque ahora todo ese jardín ahora está en mi casa. Antes de haber nacido yo, mi padre recuperó aquel viejo árbol arrancado del centro de los jardines reales y lo plantó en su jardín. Desde entonces, cada primavera, de aquel árbol surge miles y miles de polillas. Con el tiempo, las polillas atrajeron los pájaros, y surgieron nuevas plantas y árboles, que fueron comida de otros animales, que a su vez lo fueron de otros... Y ahora, la antigua casa de mi padre está llena de vida y color. Todo fue por las polillas del gran árbol.

- ¡Excelente! -exclamó el rey-. Ahora podré recuperar mis jardines. Y a ti, te haré rica. Asegúrate de que dentro de una semana todo esté listo. Utiliza tantos hombres como necesites. Me temo que no podrá ser majestad- dijo la joven-. Si queréis, puedo intentar volver a recrear los jardines, pero no viviréis para verlo. Hacen falta muchísimos años para recuperar el equilibrio natural. Con mucha suerte, cuando yo sea anciana podría estar listo. Esas cosas no dependen de cuántos hombres trabajen en ellas.

El rostro del anciano rey se quedó triste y pensativo, comprendiendo lo delicado que es el equilibrio de la naturaleza, y lo imprudente que fue al romperlo tan alegremente. Pero amaba tanto aquellos jardines y aquellos animales, que decidió construir un inmenso palacio junto a las tierras de la joven. Y con miles de hombres trabajando en la obra, pudo verla terminada en muchísimo menos tiempo del que hubiera sido necesario para restablecer el equilibrio natural de aquellos jardines en cualquier otro lugar.

Y Colorín Colorado




sábado, 30 de octubre de 2010

CUENTO IGNORANTE


EL BÚHO. Jacob y Whilhelm Grimm

Hace trescientos o cuatrocientos años, cuando la gente estaba muy lejos de ser tan mañosa y astuta como lo es ahora, algo extraordinario ocurrió en un pequeño pueblo. Por alguna circunstancia desconocida, uno de los grandes búhos, llamado búho cornudo, llegó desde los bosques vecinos al establo de uno de los habitantes del pueblo durante la noche, y cuando estaba la luz del día, no se atrevía a salir de su nuevo refugio, por miedo a otras aves, que hacían un terrible escándalo cuando él aparecía.

En la mañana, cuando el sirviente del dueño de la propiedad fue al establo por algo de paja, se alarmó tanto cuando vio al búho, que salió corriendo a anunciarle al patrón, que un monstruo, como nunca había visto en su vida, y que podría devorar a un hombre sin ninguna dificultad, estaba sentado en el granero y girando sus ojos horriblemente.

"Ya te conozco"- dijo el patrón," y sé que tienes el coraje suficiente para perseguir un mirlo por el campo, pero cuando ves una gallina muerta, primero te aseguras de tener un buen palo contigo para acercarte a ella. Yo debo de ir personalmente para ver qué clase de monstruo es ese." Y el patrón se acercó cuidadosamente al granero mirando alrededor. Sin embargo, cuando localizó a la extraña criatura con sus propios ojos, no estuvo menos aterrorizado que su sirviente. Y en dos rápidos saltos salió del establo, corrió donde sus vecinos, implorándoles que lo ayudaran contra una desconocida y peligrosa bestia, porque si no, todo el pueblo estaría en peligro, en caso de que la bestia abandonara el granero, donde estaba posada.

Un gran estrépito y clamor se formó en todas las calles, los pobladores se armaron con espadas, tridentes, picos y hachas, como si fueran a luchar contra un poderoso enemigo, y finalmente, hasta los regidores aparecieron con el alcalde a la cabeza. Después de reunirse en la plaza del mercado, marcharon al establo y lo rodearon por todos lados. Y allí, uno de los más valerosos de todos ellos, avanzó y entró con su espada bajada, pero regresó inmediatamente corriendo como desesperado y pálido como un muerto, y no podía siquiera pronunciar una sola palabra. Otros dos más, también se aventuraron a entrar, pero no les fue nada mejor.

Por fin, un hombre grande, que era famoso por sus acciones de guerra, avanzó y dijo: "El monstruo no se irá por solamente verlo, debemos de vencerlo, pero he visto que todos se han acobardado, y nadie se atreve a enfrentar al animal." Él pidió que le dieran alguna armadura, consiguió un sable y una espada, y se armó el solo. Todos alababan su coraje, aunque muchos temían por su vida. Las dos puertas del establo fueron abiertas, y todos vieron al búho, que en el entretanto se había colocado él mismo al centro de una gran viga que cruzaba el establo.

El hombre llevó una escalera, y cuando la levantó, y estaba listo para subir, todos gritaban que él sí demostraba su bravura, y lo encomendaban a San Jorge, quien había derrotado al dragón. Cuando subió casi toda la escalera, y el búho notó que venían en contra de él, y que la multitud le gritaba y lo maldecía, y que no sabía cómo escapar, empezó a rotar sus ojos, paró sus plumas, aleteó sus alas, abrió su pico y gritó: "¡Tujii! ¡Tujoo!"- con un tono muy desagradable.

-"¡Pégale duro! ¡Pégale duro!"- gritaba afuera la multitud al valiente héroe. "Cualquiera que estuviera donde yo estoy"- contestaba el hombre, "no se lamenta, golpea." Y él entonces subió un peldaño más de la escalera, pero se le empezó a tambalear, y sin poder sostenerse, cayó estrepitosamente hacia atrás. Ahora sí que nadie se atrevía a ponerse en tal peligro. "El monstruo" dijeron, -"ha envenenado y herido mortalmente a nuestro hombre más fuerte entre todos nosotros, con tan simplemente mirarlo y soplar sobre él. ¿Debemos nosotros también, arriesgar nuestras vidas?" Ellos hicieron concejo sobre qué era lo que debían hacer para evitar que todo el pueblo fuera destruido. Por un rato, todo lo que proponían parecía no tener ningún uso útil, hasta que al final el alcalde sugirió una solución. "Mi opinión"- dijo él, -"es que debemos, fuera de todo reglamento, pagar por este establo, con todo lo que contiene, maíz, paja, y lino, para identificar al dueño, y entonces quemarlo completamente, junto con la bestia que habita allí. Así nadie arriesgará más su vida. No es hora de pensar en costos, y la tacañería debe olvidarse."

Todos estuvieron de acuerdo con él. Así que prendieron fuego por los cuatro costados al edificio, y el búho fue injustamente quemado. Si alguien no quiere creer la historia, que vaya allá y lo vea por sí mismo.

Colorín Colorado




jueves, 28 de octubre de 2010

CUENTO SOLEADO


LA ISLA DEL SOL. CAUDIA SÁNCHEZ

Míster Question preparó su buque de vela, acomodó sus provisiones y luego de organizar a sus hombres -barbudos marinos por tradición-, zarpó una mañana de neblina inglesa rumbo a la isla del Sol. Llegar a sus costas lo obsesionaba, y contra viento y marea, o contra marea y viento, habría de pisar esa arena dorada para cumplir con el sueño de ser rico. Allí estaba enterrada una enorme moneda de oro, tan grande como la imagen del mismo sol. ¿Cómo pudo ser esto?

Cuenta una leyenda muy vieja que el sol, al mirarse al espejo, dejó caer en un descuido el reflejo de su propio rostro, y que, de ahí en más, estuvo su hermano gemelo dando luz a otra tierra. En realidad, sin saberse muy bien cómo, este otro sol (su doble) abrigó a esta isla millones de noches; por eso sus habitantes no conocían la oscuridad de los caminos, ni los cielos estrellados, y la naturaleza reventaba de flores y frutos. Pero un atardecer, los hombrecitos morenos que allí vivían tuvieron que esconder su tesoro de la envidia enemiga; entonces, decidieron enterrarlo en secreto y abandonar la isla para no volver.

¿Cómo se enteró Míster Question (se lo llamó así porque tenía dos ganchos negros como signos de interrogación, en vez de manos. Todo él era una enorme pregunta) de la existencia de semejante moneda? Algunos dicen que las sirenas comentaron la novedad entre los piratas. Otros, que se documentaron, aseguran que la Corona de Gran Bretaña se adueñó de unos planos españoles, donde figuraba la exótica isla, y encomendó a Question emprender viaje, a cambio de un título de nobleza, un cofre repleto de perlas y su busto de prócer en la Enciclopedia Británica. Bueno..., parece que, al menos..., le prometió que su nombre estaría en algún diccionario. De una manera o de otra, el corsario inglés y su robusta compañía dejaron atrás su país blanco y negro para desembarcar en la isla de los mapas.

Pasaron hambre, sed, frío, calor. Caminaron hasta caerse de sueño..., y la moneda seguía en su escondite. De repente, algo pareció encandilarlos: ¡Míster Question! ¡Una luz sale de la tierra! -avisó un pirata, mirando con su catalejo. ¡Mire! ¡Es el tesoro! ¡Es el sol! -gritó uno gordo de barba, rojo de entusiasmo. ¡ES EL TESOOOOROOOO! corearon los del pañuelo en la cabeza. ¡Preparen picos y palas! -ordenó Question-. ¡Hay que cavar un pozo hasta encontrarlo! ¡Y si es necesario, arrancaré a ese sol soberbio de las mechas! Al decir esto, los ojos del pirata se alargaron, verticales, formando dos flacos signos de admiración.

Una luz intensa bañó de amarillo cada árbol de la isla, cada pedazo de tierra. Todo el paisaje se vistió del color de los duraznos y un día maduro se instaló en el cielo aquella noche. No hicieron falta ni velas, ni faroles para hacer el túnel. Lo dibujaron largo y angosto para que el sol no se escurriera. Enceguecido por el globo radiante, Míster Question introdujo su gancho en el pozo y pescó, como con un anzuelo, los rubios rayos del tesoro. Así quedó, colgando de su signo derecho, la cara redonda del sol, chorreando lágrimas de oro.

¡Ahora... el regreso con gloria! -soñaba Question. ¡Nos condecorarán! -exclamaban los marineros, muy entusiasmados. La Corona levantará un monumento en su memoria..., revestido de mármol de Carrara... -le decía a Míster Question un pirata emocionado, con su palma derecha sobre su pecho a rayas. Entre proyectos y sueños de héroes, prepararon su regreso al buque. Pero aquella alegría les duró muy poco: los barcos de la Corona de España estaban llegando, en procesión, a las costas morenas. ¡Preparen las armas! ¡Enemigos a la vista! -una sola voz (en inglés) corrió por toda la isla.

Los dos bandos trenzaron espadas y ganchos hasta sacarles chispas. Dos idiomas estallaban en grito al chocarse en el aire. El capitán español había prometido volver con el sol a cuestas. Desde la proa, armaba el plan de ataque sobre un tablero de damas y, mientras pensaba su estrategia, afilaba malvados cuchillos con su lima de uñas. Sus hombres saltaron del palo mayor y cayeron sobre los ingleses como lluvia de piedras. Por otra parte, los ingleses, desde las palmeras más altas, se largaban pendiendo de sogas con la lanza en la mano. A todo esto, Míster Question corría por toda la costa buscando un salvavidas para echarse a nado, y el tesoro -o sea la moneda-colgando del gancho, flameaba en el aire y dejaba en la arena una baba de miel.

Pese a su esfuerzo en la carrera, los españoles lo cercaron y entre todos le sacaron la moneda de sol. Sí, habían recuperado el botín, pero en el momento de guardarlo en un cofre de plata, la esfera ascendió girando como un plato de fuego. No pudieron alcanzarla jamás.

Dicen que la Corona española, al enterarse, exilió al capitán y a sus hombres por incapaces en cuestiones guerreras, y mucho más en colonizaciones. Y que el barco del pirata Question nunca regresó a Gran Bretaña... En fin, la isla se quedó sin tesoro... y los piratas también...
Desde entonces, cuando atardece en sus tierras, un sol más inflado y redondo se peina en el agua sus flecos de luz.

Y Colorín Colorado



martes, 26 de octubre de 2010

CUENTO GEMELAR


LAS HADAS GEMELAS. ALKARUVE

Las hadas gemelas Drianda y Brianda eran lindísimas, luminosas y transparentes, la una dorada como el polen y la otra plateada como el nácar; sus cabellos flotaban en el aire ligeros, lo mismo que sus vestiduras y ambas tenían unos grandes ojos negros igual que cuentas de azabache. Brianda y Drianda se alegraron mucho al ver llegar la carroza del Mago Serapión ya que eran muy amigas suyas. -¡Mago Serapión, qué sorpresa!... ¿Qué novedades nos traes del valle?

Ya había amanecido del todo y eran las primeras horas de la mañana cuando llegaron los viajeros cogiendo desprevenidas a las hadas gemelas mientras regaban su jardín. El mago descendió del coche y Ratoncillo Gris con él, muy impresionado ante el encentro con las hadas. Golfi no les acompañó, enfadado al verse metido en una aventura no buscada, y además, porque tenía mucho sueño y prefería dormir suspendido como una lamparita negra, del techo del carruaje. Gozoso, el Mago Serapión abrazó a las hadas.
¡Hola, hola!... ¿Cómo estáis mis preciosas criaturas?... ¡Ah, aquí os presento a Ratoncillo Gris, un buen amigo que me hace las veces de agenda cuando yo me olvido de las cosas! Las hadas gemelas rieron alegremente y a Ratoncillo Gris su risa se le antojó como el repicar de campanillas de cristal. Ratoncillo Gris y yo hemos venido porque... el mago frunció el ceño con repentino sobresalto- ¿Por qué hemos venido, Ratoncillo Gris? Ratoncillo Gris dio un pasito hacia delante, sentíase importante de veras debido a que el Mago Serapión le había otorgado el cargo de secretario accidental, además, uno no hace cada día de porta voz de un mago en presencia de dos hadas tan encantadoras.

¡Ejém, ejém!... –se aclaró el gaznate Ratoncillo Gris- Hemos venido porque el Mago Serapión quiere consultar el Gran Zifhandel. ¡Ooooh!... –gimieron las hadas a coro; siempre hablaban al mismo tiempo o lo que empezaba una lo acababa la otra- ¡Las olvidadizas somos nosotras, teníamos que haberte devuelto el Gran Zifhandel hace días ya!... ¿Sabes?, desencantamos al príncipe y ahora ha vuelto a su reino, feliz... Y nosotras olvidamos devolverte el libro. Discúlpanos. El mago sonrió bondadosamente. ¿Cómo no voy a perdonaros, mis queridas niñas?... Realmente no lo necesitaba... hasta hoy y eso ya que medía la circunstancia de querer encontrar respuesta a un enigma. ¿A un enigma? Sí, en efecto, a un enigma muy enigmático, tan enigmático que... Ratoncillo Gris, ¿por qué no se lo cuentas tú a las hadas?

Por supuesto, Mago Serapión, por supuesto... Resulta, hermosas hadas, que el mago Serapión quiere encontrar en el Gran Zifhandel respuesta a cierta historia que habla de un hilo de luz de luna, de un cangrejo de plata y de un anzuelo... ¿Vosotras sabéis algo? Las hadas juntaron sus cabezas llevándose un dedo a los labios en actitud reflexiva, meditaron durante un instante y luego, sonrientes, dijeron con excitación mientras batían sus transparentes alas que recordaban las de un par de libélulas: ¡Sí, sí, lo sabemos!... Es la historia de un pescador milenario que vive en la luna y desde hace siglos quiere pescar la Tierra con un anzuelo atado a un hilo de luz de luna, pero en la Tierra existe un pequeño cangrejo de plata cuya misión es la de cortar siempre ese hilo cada vez que el anzuelo se hunde en el suelo. ¿Y para qué quiere pescar a la Tierra? –quiso saber Ratoncillo Gris muy asombrado. Eso lo ignoramos –respondieron las hadas a dúo-; en el libro no lo pone.El Mago Serapión adoptó un aire solemne y cuando el Mago Serapión se ponía solemne, pues eso, que se ponía muy solemne.

Es menester que abramos el Gran Zifhandel; ahí estará la clave del misterio. Gracias que recuerda que es en el Gran Zifhandel en dónde tiene que buscar la solución –pensó, travieso, Ratoncillo Gris. ¿Habéis desayunado? –preguntaron las hadas mientras todos entraban en su casita, menos Golfi que seguía durmiendo agarrado al techo del carricoche, y como ellos dijeran que no, Brianda y Drianda, les invitaron a compartir su desayuno, que consistía en tarta de ciruelas y chocolate con leche, y teniendo en cuenta el que uno de sus invitados era un ratón, a éste le obsequiaron con un suculento trozo de pastel de queso que Ratoncillo Gris devoró entre chillidos de placer. Otra vez respuestas las fuerzas, el Mago Serapión y Ratoncillo Gris, éste último luciendo una barriguita tan redonda que parecía un globo verbenero, se procedió a investigar en el Gran Zifhandel.

El libro se hallaba expuesto en un atril especial para libros mágicos y, por tanto, enorme. Estaba abierto de par en par como una ventana y sus páginas, de un transparente verde pálido, parecían resplandecer suavemente. Una ancha cinta de seda púrpura hacía de señal. Página 1026 –leyó el mago ajustándose bien los lentes: Cómo deshacer encantamientos de príncipes convertidos en dragones... Esto es lo que os interesaba, ¿no?... Veamos en el Índice de la segunda parte. A ver, a ver, mmmmmm... Leyendas normales... Leyendas raras... Leyendas exóticas... a ver, a ver, creo que este asunto del hilo de luz de luna tiene relación con las Leyendas raras... Página 8036... A ver, a ver, página... No, capítulo... ¡Éste es, El Viejo de la Luna!... ¡Eureka, eureka, lo encontré!

El Mago Serapión se puso a saltar de alegría y Ratoncillo Gris y las hadas bailaron en corro mientras gritaban: ¡Lo encontró, lo encontró! Tan fuerte era la algazara que Golfi, arropado en sus sueños, y aun dentro de la carroza que se hallaba aparcada en el camino, abrió un ojo iracundo en tanto farfullaba gruñón: ¡Pues me alegro mucho; a ver si os calláis!

Drianda, Brianda y Ratoncillo Gris, se agolparon a la espalda del Mago Serapión cuando éste dejó de saltar y empezó a leer en voz alta.

Y Colorín Colorado


lunes, 25 de octubre de 2010

CUENTO SUPERSTICIOSO


SIMÓN Y EL ESCUDO DE PLATA. Escritora Argentina. Cuentos educativos.

Simón era un rey justo, bondadoso y que tenía mucha autoridad. Sabía resolver los conflictos de su gente, no era violento y trataba de reinar de modo tal que todas las personas vivieran satisfechas. Sin embargo y a pesar de su gran sabiduría, el rey Simón era muy supersticioso. Creía en cosas increíbles y a veces hacía cosas que no eran lógicas. No le gustaban los gatos negros, lo cual era un problema porque abundaban en los jardines del palacio y no pasaba jamás por debajo de una escalera, entre otras cosas. Sobre el trono de Simón yacía colgado en la pared un hermoso escudo de plata, cuyo brillo deslumbraba a todas las personas del reino.

Como era tan supersticioso, el rey adjudicaba al escudo poderes que en realidad no tenía. Simón creía que el escudo colgado arriba de su trono le daba el poder de ser tan buen rey como era, lo cual realmente no era cierto. Sus sirvientes pasaban gran parte del día lustrando el escudo, el bufón del palacio tenía prohibido hacer bromas sobre él y nadie, ni siquiera sus hijos podían tocarlo. Simón vivía tranquilo creyendo que su poderoso escudo lo protegía y ayudaba, hasta que un día pasó lo que el rey jamás se había atrevido a pensar: el escudo de plata desapareció.

Nadie sabía cómo había pasado, pero ya no estaba. Simón sufrió un ataque de nervios, los guardias del palacio salieron a buscarlo en sus ágiles caballos, el bufón quedó mudo y nadie sabía qué hacer realmente. Se alejaron cuanto pudieron, visitaron todos los reinos vecinos, revisaron cada rincón de la ciudad, pero el escudo seguía sin aparecer. Desesperado Simón creía que ya nada sería igual ni para él, ni para su reino y en parte, tenía razón. Tal fue su desánimo y desesperación que empezó a hacer las cosas mal.

Tan nervioso estaba, que tomaba decisiones apresuradas y que terminaban sin ser beneficiosas para nadie. Pasaba el día enojado, lo cual deterioró su relación no sólo con su familia, sino con todas las personas de la corte. Ya nada era lo mismo. Simón tampoco. – Mi escudo, mi escudo – Se lo escuchaba decir todo el tiempo- sin mi escudo ya no soy el mismo. Inútiles fueron los intentos que la familia y la corte entera hicieron por tratar de que entendiese que su capacidad y bondad no se debían a un escudo colgado en una pared. – Desde que robaron el escudo, todo ha salido mal.

Me equivoco todo el tiempo, estoy enemistado con medio reino, ahora todos me temen, cuando antes me querían y la lista podría seguir- vociferaba Simón desde su trono y mirando para arriba a ver si por arte de magia aparecía el escudo. – Mi señor, no hay escudo tan poderoso – intervino el bufón. – ¡Claro que no! No lo hay porque me lo han robado – Contestó Simón – Me refiero a que el escudo no tenía poder alguno, si me lo permite – replicó el bufón. – ¡No se lo permito! -Gritó el rey – ¿Acaso se atreve a dudar del poder de mi escudo? – El poder no está en el escudo, de eso estoy seguro- dijo el bufón, mientras retrocedía temerosamente. Tal fue el enojo del rey que le pidió al bufón que se retirase y agregó que no quería verlo hasta que el escudo apareciera. – Bufón descreído- murmuraba el rey- ya le demostraré los poderes de los que hablo cuando todo vuelva a la normalidad.

Viendo que hablando el rey no se convencía, el bufón decidió poner manos a la obra. De repente, se le ocurrió pensar que el famoso escudo había sido buscado por todos lados, excepto en el palacio mismo. Dedicó días enteros a su búsqueda, hasta que finalmente, lo encontró. El escudo jamás había sido robado, simplemente –y debido a su peso- había caído al piso, justo detrás del trono del rey. Parecía absurdo haber buscado hasta en los reinos más lejanos, cuando en realidad, siempre había estado allí, sólo que no se lo veía porque el gran trono lo tapaba. Una vez que lo encontró, comenzó a pensar en cómo hacer para que el rey entendiese que no había tal poderes mágicos y encontró la manera.

En secreto y con el permiso de la reina, mandó a hacer un escudo exactamente igual al perdido. Una vez que lo tuvo, inventó para el rey una historia acerca de su hallazgo, que el rey creyó sin preguntar más de tan contento que estaba. Sin más, ni más, colgaron enseguida el escudo (o su imitación) en el mismo lugar del otro. Pasaron los días y todo realmente volvió a la normalidad. El Rey era el de siempre, todos vivían en armonía, no había conflictos, ni dentro del reino, ni fuera de él. Simón reinaba tranquilo, feliz y sabiamente, como siempre lo había hecho.

Al cabo de un mes, el bufón anunció al rey que tenía una sorpresa para él, pero que se la daría frente a su familia, si éste estaba de acuerdo. Simón se entusiasmó con la idea y mandó llamar a la reina y a los príncipes. – Bueno, bueno, quiero ya mi sorpresa – dijo ansioso Simón – No veo que traigas nada en tus manos apreciado bufón. Tiene razón mi señor, nada tengo en mis manos. De todas maneras, algo tengo para darle – contestó el bufón. Intrigado el rey miraba a todos, sin entender mucho qué estaba ocurriendo. – Majestad, le pido si por favor puede levantarse del trono por un momento por favor. Simón así lo hizo. Todos miraban con gran atención pues sabían qué era lo que iba a ocurrir. El bufón pidió ayuda y entre los príncipes y él corrieron de lugar el trono, dejando ver en todo su esplendor el escudo original.

Simón miraba sin creer, levantaba la vista, la volvía a bajar. Miraba una y otra vez para arriba y para abajo sin comprender nada. – Mi señor, nadie jamás robó el escudo, simplemente se cayó. Nunca se nos había ocurrido buscar aquí mismo, por eso no había aparecido. De todas maneras, no es ésta la sorpresa que tengo para Ud. – agregó. No entiendo ¡qué puede haber más importante que tener el escudo original! Lo que no comprendo es ¿cómo no me di cuenta? y ¿quién puso esta imitación sobre mi trono? – dijo Simón. – ¿Qué importa por qué no se dio cuenta que no era el original majestad, qué importa quién puso la copia? Lo realmente importante es que Ud. todo este mes ha reinado con la misma sabiduría y eficiencia de toda la vida y con un escudo falso. El rey seguía sin entender. – Señor, la sorpresa es que no hay tales poderes en el escudo, ni en ningún otro lado que no sea Ud. mismo. Es su propia capacidad la que lo hace reinar en forma justa y haciendo el bien a todos. No hay elementos mágicos. Si algo hay de magia, está en el corazón de cada uno de nosotros y en el esfuerzo que pongamos por hacer cada uno nuestra tarea un poco mejor cada día.

Las palabras del bufón conmovieron al rey y lo convencieron que realmente tenía razón. De todos modos y sólo por si acaso, mandó colgar nuevamente el original del escudo, pero cuentan que a partir de ese día, se lo vio a Simón acariciando a cuanto gato negro caminaba por los jardines del palacio, y su suerte en nada cambió por ello.

Y Colorín Colorado…




AndresTrigo - EL CICLO SIN FIN - Red Karaoke

domingo, 24 de octubre de 2010

CUENTO ENIGMÁTICO


UN CUENTO ENIGMÁTICO. HERMANOS GRIMM

Tres mujeres fueron convertidas en flores y colocadas en el campo del jardín, pero a una de ellas le fue permitido que durante las noches podía estar en su casa como humana. Entonces, una noche, cuando ya se acercaba el día y tendría que volver a ser flor otra vez, ella le dijo a su esposo:

"Si cuando vuelves más tarde vienes al jardín y me arrancas, quedaré libre y podré estar siempre contigo." Y él así lo hizo.

Ahora, la pregunta es: -¿Cómo supo el esposo cuál era la flor correcta, si todas se veían exactamente igual, sin ninguna diferencia en su forma?

Respuesta: Como ella pasaba la noche en su casa y no en el jardín, no había entonces rocío sobre ella como sí lo había sobre las otras, y así el esposo supo cuál era la que debía tomar.

Y Colorín Colorado

Enseñanza: Una adecuada observación, da una correcta solución.



viernes, 22 de octubre de 2010

CUENTO TRAVIESO



ANGELILLO DESASTRILLO. Escritores españoles.
Angelillo “Desastrillo” vivía en el reino de los reinos que es el reino de los cielos.

Era un ángel singular y diferente pero muy buena gente Angelillo desastrillo era un poco torpecillo, se chocaba con las nubes negras y…… ocasionaba tormentas, pero como era tan bueno, tan re-bueno y le cantaba a las estrellas Dios estas pequeñas cosas no se las tenía en cuenta.

Tenía un corazón muy tierno y grande, en el reino lo querían un montón Angelillo “Desastrillo” jugando estaba un partido, aunque a él se le da fatal, a sus amigos les daba igual, ¡Corre que te corre angelillo con la pelota ¡ ¡Va por el campo volando y se dio en la cocorota!

Hasta se le cruzaron las piernas y se cayó de boca¡ ¡Pobrecito el angelillo! ¡Que tortazo que te has dao! Dijo Jesús mientras lo curaba…. ¡Traerme el agua oxigenada! ¡Ay! ¡Que desatino Angelillo¡ ¡Ahora tendrás que llevar en el brazo en cabestrillo¡ y en la pierna un torniquete….

Lo abrazo amorosamente y le dijo sonriente! No te preocupes valiente te curaras divinamente……!..Mientras él sonreía y decía: esto me pasa por ser tan zoquete ¡Tu no eres zoquete ¡contesto María, algo despistadillo ….Si , un poquillo desastrillo …

¡Para que vamos a engañarnos Angelillo! Pero…… ¿tener tu gran corazón no es más hermoso? Tú que a la luna besas con sonetos……. Enciendes a las estrellas con abrazos ….. ¡Que le cantas al sol! ¡Lo acaricias con poesía para que de alegría……….!

Eso es lo maravilloso!.. ¡la perfección de tu alma es lo más valioso! Dicen en el reino que “Angelillo desastrillo” Cuando baja a la tierra a los niños observa y…………… Mientras por las noches sueñan, las matemáticas enseña y el abecedario…que es necesario, pero también les hace aprender ¡Que la mejor asignatura es la de …. QUERER!

Y Colorín Colorado