La familia Alegría, compuesta por Carcajada, Sonrisas, Risa y Felicidad, realizaba un viaje largo, por lo que decidieron pasar la noche en el pueblo más cercano. Al llegar solo pudieron observar a una señora que corría y le decía a su hijo: “Apúrate que pronto serán las seis.
De pronto solo hubo silencio y oscuridad, en el cielo se observaron bolas de fuego y se escucharon retumbos de trueno.
Al día siguiente, los aldeanos les contaron que desde hacia unas semanas el dragón que vivía en las cercanías era quien causaba todo ese caos. Al anochecer, la familia Alegría decidió averiguar lo que pasaba, para ello siguieron el sonido y pronto llegaron a la cueva, en donde estaba el dragón, quien tenía la nariz roja y los ojos tristes.
Enseguida le dieron gotas de rocío con miel, lo abrigaron y le brindaron alegría, con la que lograron curarlo pues solo tenia una fuerte gripe.
Les contaron a los aldeanos lo sucedido y luego todos fueron a visitar al dragón.
Los niños empezaron a llamarle “Bola de Fuego”, y el sonreía pues estaba feliz de sentirse amado.
LAS HADAS DE COLORES. Escritora Española de cuentos infantiles.
¿Cómo Sería un mundo sin cuentos? Es mejor no imaginarlo. Los cuentos forman parte de nuestra vida, para que nunca perdamos la fantasía ¡ESTE CUENTO!
Había una vez un país, llamado Fantasía, donde vivían hadas de colores, duendecillos, brujos y brujas que no querían que el reino de la Fantasía estuviera lleno de color y alegría. Lumilda, era una bruja, que vivía sola en su castillo, Se enfadaba mucho, cuando contaban cuentos a los niños. -No quiero que cuenten cuentos a los niños, porque aprenderán a escuchar, tendrán imaginación, fantasía, ilusión, y lo que es peor, buenos sentimientos en su corazón. -¡No dejaré que ocurra eso!, ¡Tengo que hacer algún hechizo! Entró, en su castillo, y cogió su libro embrujado y con voz muy fuerte dijo:
-Brujos y brujas que queréis el mal, que mi voz podáis escuchar, nuestra magia, tenemos que unir, para que en el mundo de la realidad, cuentos no se vuelvan a contar. Cuando dijo esto, en el cielo, se vieron relámpagos y se escucharon truenos, la magia de los brujos se había unido y el hechizo de Lumilda se había cumplido. Y desde ese momento, en el mundo de la realidad, no se volvieron a contar cuentos.
El Hada Arco Iris, había visto lo que había hecho Lumilda y fue a contárselo al hada Naranja que era el Hada de los niños. -Hada Naranja, Lumilda y los brujos del mal, han unido su magia, y han hecho que en el mundo de la realidad, cuentos no se vuelvan a contar. -Eso no puede ser!, llamaré a las hadas de colores, para ver que podemos hacer. Cogió su campanilla mágica y empezó a tocarla:
TILÍN TILÍN, TALÁN TALÁN TILÍN TILÍN, TALÁN TALÁN
Cuando las hadas de colores escucharon la campanilla mágica, fueron al palacio del hada Naranja, y allí se enteraron de lo que había hecho Lumilda. -¡No dejaremos que se salga con la suya! Dijeron enfadadas. -¡Claro, que no la dejaremos!. Dijo el Hada Naranja. -Nosotras, al mundo de la realidad iremos, y cuentos a los niños contaremos, de este modo, no perderán la fantasía, la ilusión, la imaginación y los buenos sentimientos en su corazón. Todas las hadas, hicieron un corro, y con una voz muy dulce cantaron:
-Somos hadas de colores, -que al mundo real iremos, -y allí a los niños, -muchos cuentos contaremos.
Mientras cantaban, iban colocando una piedra de color en el centro, de las piedras de colores salieron muchos caminos, y cada hada cogió uno distinto, que las llevaría al mundo de la realidad, para contar cuentos a los niños. Gracias a las Hadas de colores, los niños pudieron seguir escuchando cuentos.
¿CUÁNDO BRILLAN MÁS LAS ESTRELLAS? LIANA CASTELLO Escritora Argentina.
Dindón era un duendecito alegre y preguntón. Todo lo conmovía y maravillaba. Era sensible y muy curioso además. Preguntaba todo el tiempo y no sólo eso, si la respuesta no le conformaba, preguntaba una y otra vez, una y otra vez.
Dindón vivía con sus papás, dos hermanitas y su abuelo Dondón. El abuelo era muy, pero muy viejito. Tenía muchísimos más años de los que Dindón podía imaginar pues –se dice- los duendes viven mucho. Como era tan viejito, Dondón casi no veía, a pesar de sus gruesos anteojos y caminaba con muchísima dificultad por más que se ayudara con su bastón. Nieto y abuelo eran grandes amigos. El pequeño notaba que su abuelo cada día podía hacer menos cosas.
Sentía que, muy de a poquito, Dondón se iba apagando. Aunque no quería, muchas veces Dindón pensaba que su abuelo algún día ya no estaría con él y algo le decía que no faltaba mucho para que ese momento llegara. Triste y preocupado habló con su mamá. Su mami, tratando de encontrar las palabras justas le explicó al duendecito que en este mundo en el que todos vivimos, nada dura para siempre. Las flores un día se marchitan, las hojas de los árboles pasan de ser verdes a ser ocres y caen, los ríos pueden secarse, y las personas mueren.
Eso era justo lo que Dindón no quería escuchar, pero era la verdad y su mamá no podía, ni quería mentirle. Hay pocas cosas Dindón que siempre nos acompañarán. Una de ellas es el alma de las personas que amamos y se han ido, el amor que les hemos tenido y ellos nos han tenido a nosotros y otra cosas son las estrellas. No es que sean eternas, pero su brillo pareciera eterno y lo es para nuestra corta existencia respecto de la de ellas.
Dindón entendió muy bien lo que su mamá le quería decir, pero no le gustó escucharlo. En otro momento hubiese preguntado algo, pero esta vez prefirió no hacerlo. Nada es eterno Dindón, la naturaleza cambia, las personas se van, por eso es tan importante aprovechar cada momento. Cada pequeño detalle de la vida hay que disfrutarlo, hay que apreciar el brillo de las estrellas cada noche que nos da la vida.
El duendecito guardó en su corazón las palabras de su mamá. Mientras tanto, acompañaba cada momento a su abuelo y compartía todo lo que podía con él. Quería hacerle caso a su mamá y disfrutar cada pequeño momento con su gran amigo del alma, aunque se daba cuenta que esa estrella se iba apagando poco a poco.
No es fácil entender que alguien no va a estar nunca más con nosotros y más para un niño, pero es así, la muerte es parte de la vida. Para poder comprender ciertas cosas, hay que verlas con amor, por más que duelan.
Lo que realmente debemos entender es que la persona que nos deja, lo hace sólo físicamente y que su amor, su alma y su brillo seguirán por siempre en nuestro corazón. No es que por eso no los vayamos a extrañar, pero sin duda un poquito menos dolerá su ausencia.
El tan temido día llegó. Dondón partió de este mundo, dejando a Dindón con un gran vacío en su corazón. Dondón no se fue triste, por el contrario, había vivido una muy larga y linda vida. Había amado, se había sentido amado por los demás, había apreciado el aroma de las flores, la frescura del césped y el brillo de las estrellas también. Al duendecito le costó mucho aceptar la ausencia de su abuelo, pero intentó ayudarse con las palabras que su mamá le había dicho y él había atesorado en su corazón. Cada noche, desde que su abuelo había muerto, Dindón miraba el cielo. Cada noche, desde que Dondón se había ido, notó lo mismo: había una estrella que brillaba más que las demás, como si fuera nuevita, recién estrenada.
El pequeño no entendía que tenía que ver esa estrella nueva con la muerte de su abuelo y le preguntó a su mamá: ¿Cuándo brillan más las estrellas? Su mamá parecía que podía leer el corazón de Dindón y con su dulce voz le explicó. Hijito, hay muchas clases de estrellas, todas bellas y cada cual con un brillo particular. Cada persona en sí es una estrella, su alma lo es. A veces la vida, con sus idas y venidas, no nos permite brillar con toda nuestra plenitud. Sin embargo, cuando un alma buena se ha ido, no hay otro lugar posible para ella que no sea el cielo y allí es donde puede brillar más que nunca.
Dindón jamás dejó de pensar en su abuelo, ni de extrañarlo tampoco, pero cierto es que cada noche, al ver esa estrella tan particular que brillaba como ninguna, su tristeza se confundía con un poco de alegría. Comenzaba a entender algo que no es fácil y lo hacía de la mejor manera, a través del amor.
En el país de las hadas, existe una leyenda que dice que de cada estrella cuelga un hilo plateado y brillante, fino y suave. Cada hada -dice también la leyenda- tiene su propia estrella y debe encontrar el hilo que la une a ella para no perder su destino en la vida.Parece ser que ese fino cordón de plata une a la persona con el propósito para el cual ha nacido y que, de no encontrarlo, su vida se tornará vacía e inútil.
En ese país, mágico por dónde se lo mire, la fantasía se mezcla con la realidad y la leyenda con los hechos. Dicen también que es cosa de todos los días ver a las hadas remontando una estrella cual si fuese una cometa y exhibiendo orgullosas el hilo de plata. Para ellas ese pequeño acto cotidiano significa que han encontrado su propósito en la vida, el por qué y para qué de su existencia. En otras ocasiones, puede verse a un hada quien, llorando, mira hacia el cielo sin encontrar ni su estrella, ni el hilo que la une a su destino. Parece ser que, cuanto más grande son las hadas en edad, más fuerte se va haciendo el hilo de plata. Como si por cada año que pasase, fuese más y más importante cumplir con el destino para el que se ha nacido.
Luz era un hada distinta. Jamás se había preocupado por buscar su estrella y por ende, el hilo que la unía a ella. Vagaba por la vida sin realmente saber para qué había sido creada, es más no le importaba tampoco. Prefería pensar que las hadas no tenían una misión especial y única cada una. De esa manera, la vida resultaba más cómoda pues no había metas para alcanzar, ni por las cuales luchar. Luz no perseguía ningún hilo, pero sabido es que no se puede escapar del destino.
Cierto día, mientras Luz descansaba bajo la sombra de un árbol, su cordón plateado y titilante se presentó ante ella. Flotaba sin estar atado a nada. Como jamás había sido tomado por las manos de Luz, el viento impiadoso había jugado con él de tal modo, que lo había convertido en un gran nudo, aún plateado y brillante, pero nudo al fin. El cordón, ahora convertido en nudo. se acercó a la sorprendida hada y le dijo: Jamás me has buscado. Te he seguido desde que naciste, tratando de indicarte el camino y nunca me has prestado atención. Mira lo que has hecho de mi. Luz quedó perpleja. Tómame, te doy una nueva oportunidad – Dijo el hilo meciéndose de un lado hacia el otro- Si no te aferras a mí, jamás encontrarás tu estrella y tu destino será incierto. Desátame y no sólo yo me sentiré mejor, sino que tu, habrás encontrado tu camino.
Luz no se movió, ni articuló palabra. Escuchó a su cordón, pero la indiferencia pudo más. Decepcionado, el hilo se elevó hasta perderse en el cielo. Luz no sabía que ése, había sido sólo el primero de muchos encuentros. Cansado ya de la indiferencia del hada, el hilo plateado consultó a su estrella sobre la actitud a tomar. Síguela – Dijo la estrella- De ti depende que no extravíe el camino. Ella ha sido creada con muchos dones y una misión que cumplir, como todos. Tenle paciencia, no todos están dispuestos a averiguar qué es lo que tienen que hacer en este mundo.
Obediente el hilo volvió a bajar a la tierra. Sin ánimo alguno de disimular su presencia, se convirtió en la sombra del hada. A pesar de ello, Luz estaba decidida a no comprometerse con nada y menos aún a averiguar para qué estaba aquí en la tierra, por lo que hacía caso omiso de la compañía. A cada paso que el hada daba, podía escucharse: Desátame, Desátame, sólo tu puedes hacerlo. El nudo plateado se interponía de una u otra manera en el camino del hada. Estaba dispuesto a ser escuchado esta vez y por sobre todas las cosas, desatado.
Luz tropezaba a cada momento con el cordón o se chocaba la cabeza contra el mismo. En la tierra y en el cielo, de día o de noche, con lluvia o sol, el nudo se había convertido en un verdadero estorbo. Cansada ya de la persecución, el hada se escondió en una cueva, creyendo que así se libraría de su persistente hilo. En medio de la oscuridad, apareció el nudo, brillante como siempre, desafiante como nunca. Esta visto que has ganado – Dijo el hada con tono resignado.
Lentamente, como abriendo un paquete cuyo contenido se desconoce y se teme, fue desatando el nudo. Para su sorpresa, no bien el hilo se encontró libre brilló aún con más intensidad y Luz pudo ver su destino desplegado como un mapa dentro de su corazón. Vio con mayor claridad sus dones y cómo podía aprovecharlos. Por primera vez supo qué hacer de su vida. ¿Cuál era el destino que Luz tenía marcado y ahora veía con claridad? ¿Importa tal vez? Como primera decisión, tomó el hilo -ahora relajado- en sus manos con mucha fuerza. El cordón feliz se disparó hacia la estrella de Luz y allí quedaron los tres unidos por primera vez y para siempre.
Luz supo que ya era hora de hacerse cargo de su vida y hacer algo con ella. Dicen que ahora, hay un hada más remontando una estrella cual si fuese un cometa. Dicen también que la remonta feliz y orgullosa pues pudo darse cuenta que nadie, ni siquiera un hada, puede escapar al destino.
SEDNA LA MADRE DE LAS FOCAS BLANCAS. Blog:La Cometa de los Cuentos.
Hace mucho tiempo en la tierra de los esquimales existió una muchacha muy joven y hermosa llamada Sedna. No tenía muchos amigos. Un día vio desde su cabaña un magnífico barco que era capitaneado por un apuesto y rico embajador extranjero, el cual se enamoró inmediatamente de ella. Después de haberla seducido con palabras llenas de promesas y tesoros, se marchó con el desconocido.
La muchacha cayó en una terrible desesperación al conocer la verdadera identidad del cazador que no era más que un pájaro mágico que tenía la facultad de cambiar de forma y fue así cómo la engañó. Mientras tanto, su padre al saber de la repentina desaparición de su hija, se aventuró a través del océano hasta que dio con ella. Cuando la encontró, Sedna estaba sola y aprovecharon para huir de allí.
Pero cuando el perverso pájaro regresó, y se percató de la partida de su amada, enfureció y partió tras ella. El pájaro con sus poderes mágicos desencadenó una rabiosa tempestad al ver que el padre se negaba a devolverle a Sedna.
Así el anciano comprendió de qué se trataba todo aquello. Pero no podía hacer nada para evitar que los atrapara porque el ave era más poderosa. Sedna también se dio cuenta y se lanzó por la borda para salvar a su padre. Su acto de bondad la convirtió en una preciosa foca blanca. Ella es la madre de todas las que hoy existen y, muchas veces, sale a la playa a ver si hay alguien bueno que va a buscarla.
UNA ESTRELLA FUGAZ EN EL CIELO. Escritora Peruana.
Había una vez una estrella pequeña, alegre, juguetona e inquieta pero que a su vez era desobediente, pues muchas veces no hacía caso de las indicaciones que le daba sus papás. Existía una advertencia que era sabida por todas las estrellas pequeñas: no salir de casa a pasear por el firmamento sin estar acompañados por una estrella mayor, para ser guiados en medio de la vía láctea.
La estrella pequeña que muy bien sabía de ello, le daba mucha curiosidad por hacer sola un viaje por el firmamento, que le permitiera ir mucho más allá de lo impensable: ¿Cómo será darse una vuelta de un planeta a otro? ¿Qué será de Júpiter? ¿Podré girar en los satélites de Saturno? ¿Podré visitar la Tierra? Con tantas y más preguntas emprendió un largo viaje interplanetario, salió de casa, sin que sus padres se dieran cuenta, enrumbó volando velozmente, disfrutando con muchas vueltas por miles y miles de estrellitas que dormitaban en media noche.
¡Ahhh, esto si que es vida! Volar sin control, sin que nadie me reclame, ¡es lo máximo! –se decía así la estrellita que quería sentirse como la estrella más grande. Así es, como volando muchas horas pudo ver de cerca a casi todos los planetas, solo le faltaba el planeta tierra, que al encontrarlo muy emocionada se fue enseguida a toda viada, tan pero tan rápido que perdió el control, chocando contra un gran asteroide cayó precipitosamente contra un nubarrón gigantesco, dando brincos sin parar , toda magullada y mareada.
El Sr. nubarrón al verla en problemas quiso con sus copos darle cobijo, pero la estrellita no podía, seguía volando, sin cesar y sin parar. Oh quisiera detenerme, desearía volver a casa, auxilio, ayúdenme a regresar- se decía asustada llorando. Gritaba con todas sus fuerzas, pero nadie llegaba en su ayuda. Solo el hada de las estrellas, que al verla en peligro se acercó hacia ella para detener lentamente la excesiva velocidad en la que iba y le dijo: Estrellita pequeña ¿Por qué huyes de casa desobedeciendo a tus padres? ¡Ahora ya no podrás volver! Hada de las estrellas, por favor, se lo suplico, quiero volver con ellos y prometo ser obediente y no hacerlos enojar. Estrellita pequeña es demasiado tarde, ya nada puedo hacer por ti, desde el momento que decidiste emprender este largo viaje has buscado tu propio fin, pero no tengas miedo, porque yo te acompañaré a la mansión donde está el Gran Rey de la estrellas, es allí donde morarás a partir de ahora.
No me dejes ir Hada de las estrellas, sin despedirme de mis padres y decirles que los amo – dijo tristemente estrellita pequeña. Es mi último deseo –dijo casi sollozando. No estrellita, solo podrás aparecer por un breve instante, casi fugaz, serás vista por toda la vía láctea y por todos los habitantes del planeta tierra, esa será tu despedida. Fue así, que estrellita alistó sus pocas energías y por un breve instante apareció más hermosa que nunca, fue contemplada por la vía láctea y por cada ser humano que mirase al cielo: Por última vez, la más pequeña de las estrellas nuevamente se sintió la más grande de todas contemplando el infinito espacio y con su luz acarició a sus padres con amor, pidiéndoles perdón por haber actuado incorrectamente y a los seres humanos les estrechó una alta dosis de buena suerte a quien la mirase.
Luego se partió en mil pedacitos, desapareciendo por completo en medio del firmamento. Y en medio de la nada, el Gran Rey de las estrellas recogió un rayito de luz que siempre brilla en un nuevo hogar. Fue así que ocurrió, y es así como sigue ocurriendo, cada vez que tu vez una estrella pequeña, traviesa y fugaz en el cielo es porque ella ha viajado a su destino final y en ese esfuerzo por despedirse descarga su última energía y deseo por ser vista por la vía láctea y por los seres que habitan en la tierra. Si tienes oportunidad de verla contémplala y únete a ella con un gran y buen deseo, que de seguro se cumplirá.
LOS BIBERONES DEL SOL Y DE LA LUNA. Ana Molano. Escritora colombiana radicada en Italia.
El sol se despierta muy temprano en la mañana, desayuna y sale para alumbrar a todo el mundo. El día entero brilla y calienta sin parar y al final de la tarde, cuando comienza a sentir mucho sueño sus amigos, los peces del océano del lago y del río le preparan un biberón grande grande.
El sol está cansado y quiere irse a dormir, pero antes de acostarse saluda a su amiga la luna que está preparándose para salir. Al contrario de su amigo sol, la luna ha descansado todo el día y está lista para salir a alumbrar en la oscuridad de la noche.
"¡Hola luna! tú estás lista para salir, yo en cambio me preparo para irme a dormir"- dijo el sol. "Mis amigos los peces me están preparando un biberón grande y delicioso. ¿A ti también te gusta tomarte un biberón antes de irte a dormir?"- le preguntó el sol. "¡Sí!, yo adoro tomarme un biberón caliente antes de acostarme, a mi me lo preparan los árboles y las flores" – contestó la luna.
Preparar los biberones del sol y de la luna no es nada fácil. Cuando deben preparar el del sol llaman a las ballenas y a los pulpos que con sus muchos tentáculos son capaces de sostenerlo y no dejarlo caer mientras las ballenas rápidamente lo llenan con tanta leche y galletas.
Para preparar el de la luna llaman a los girasoles y a los tulipanes que se encargan de ayudar a meter adentro las nueces de coco que las palmeras dejan caer al ritmo de la música. ¡Son los biberones más ricos y más grandes que existen!