La reina de las rosas vivió hace un tiempo en un jardín secreto. Elegante y fragante, la soberana tenía todas las características más hermosas de la flor de la que toma su nombre. Vivía en una colina rodeada por un espléndido y cada vez más floreciente jardín de rosas.
Todos los lugareños la amaban y le reconocían mucha sabiduría. Le pedían consejos y la invitaban a todas las fiestas, desde bodas a las fiestas de cumpleaños. Su vida era tranquila, disfrutando de los hermosos días y estaba en el sol cuando no estaba demasiado caliente, para no estropear su piel perfecta. Ella nunca había sentido la necesidad de salir de su jardín encantado, porque allí había todo lo que la hacía feliz. Hoy en día, siendo ya anciana y siempre maravillosa, recuerda con horror el año en que se enamoró.
Su corazón puro, fue capturado por la belleza de un joven súbdito. Él la visitó todos los días, hablaban y soñaban con un futuro juntos. Un día el muchacho le dijo que quería casarse con ella, pero no la podía presentar a los amigos. Ella era demasiado hermosa, demasiado perfecta, diferente de todos. "Vas a tener que cambiar", le dijo, "y adaptarte a nosotros".
"Si tratas de ser menos buena y amable, menos luminosa y alegre los demás no notarán que somos diferentes”. La reina de las rosas estaba muy impresionada y no se podía explicar cómo sería mejor para ella volverse menos suave y hermosa.
Un día ella llamó a su novio y le dijo "Si me amas, debes tener el coraje de aceptar todo lo que soy. Y si soy diferente a tus amigos, tal vez se me aprecie por ello. De lo contrario, no vale la pena conocerles. No cambiaré por ti, no renegaré lo que soy”. Desde entonces, los dos no volvieron a verse y la Reina de las Rosas es feliz por no haber aceptado convertirse en otra persona para ser aceptada.
EL REGALO MÁGICO DEL CONEJITO POBRE. Pedro Pablo sacristán
Hubo una vez en un lugar una época de muchísima sequía y hambre para los animales. Un conejito muy pobre caminaba triste por el campo cuando se le apareció un mago que le entregó un saco con varias ramitas."Son mágicas, y serán aún más mágicas si sabes usarlas" El conejito se moría de hambre, pero decidió no morder las ramitas pensando en darles buen uso.
Al volver a casa, encontró una ovejita muy viejita y pobre que casi no podía caminar."Dame algo, por favor", le dijo. El conejito no tenía nada salvo las ramitas, pero como eran mágicas se resistía a dárselas. Sin embargó, recordó como sus padres le enseñaron desde pequeño a compartirlo todo, así que sacó una ramita del saco y se la dio a la oveja. Al instante, la rama brilló con mil colores, mostrando su magia. El conejito siguió contrariado y contento a la vez, pensando que había dejado escapar una ramita mágica, pero que la ovejita la necesitaba más que él. Lo mismo le ocurrió con un pato ciego y un gallo cojo, de forma que al llegar a su casa sólo le quedaba una de las ramitas.
Al llegar a casa, contó la historia y su encuentro con el mago a sus papás, que se mostraron muy orgullosos por su comportamiento. Y cuando iba a sacar la ramita, llegó su hermanito pequeño, llorando por el hambre, y también se la dio a él.
En ese momento apareció el mago con gran estruendo, y preguntó al conejito ¿Dónde están las ramitas mágicas que te entregué? ¿Qué es lo que has hecho con ellas? El conejito se asustó y comenzó a excusarse, pero el mago le cortó diciendo ¿No te dije que si las usabas bien serían más mágicas?. ¡Pues sal fuera y mira lo que has hecho! Y el conejito salió temblando de su casa para descubrir que a partir de sus ramitas, ¡¡todos los campos de alrededor se habían convertido en una maravillosa granja llena de agua y comida para todos los animales!!
Y el conejito se sintió muy contento por haber obrado bien, y porque la magia de su generosidad hubiera devuelto la alegría a todos.
Una vez la mamá de Pifucio estaba preparando una rica torta, y le parecía raro que siempre le faltara algo: un pedazo de chocolate, una galletita, una nuez. - ¿Vos te comiste mis ingredientes de la torta, Pifucio? - le preguntó. - No, yo no fui. - le contestó Pifucio. - ¿No habrá ratoncitos en esta casa? - pensó la mamá. Y se fue a comprar trampas para cazar ratones.
A Pifucio le gustó la idea de tener un ratoncito y darle de comer y cuidarlo, pero la mamá no quiso saber de nada, porque dijo que los ratones son muy hambrientos y sinvergüenzas. En los días siguientes siguió faltando comida de la cocina, y la mamá empezó a sospechar algo raro.
Un día, mientras le ponía azúcar al té, vio un montón de puntitos negros que se movían en la azucarera: - ¡Hormigas!. - dijo - ¿Habrán sido ellas las que se comieron mi comida? La mamá miró adonde iban las hormigas, y vio una fila larga que recorría la cocina, el líving, la pieza de Pifucio... y que se metía abajo de su cama. Y abajo de la cama, encontró... ¡toda la comida que le faltaba!.
Allí estaban el chocolate, las galletitas y las nueces. Más unas cuantas cosas más. - ¡Pifucio! - dijo la mamá. - ¿Qué mamá? - ¿Vos sabes que hace esta comida abajo de tu cama? - ¿Qué comida? ¿Qué cama? - No te hagas el tonto, Pifucio. - ¿Qué Pifucio? - ¡Vos! - Ah sí. Bueno, este, te voy a explicar. Resulta, que,... - ¿Qué qué? - ¿Qué qué, qué? - Qué, qué, qué, ¡que me voy a enojar si no me contestas! Pifucio le contó que había puesto esa comida porque le daban pena los ratoncitos, y no quería que pasasen hambre.
Entonces la mamá le explicó que no se puede dejar comida tirada, porque se llena de olor y bichos, y que los ratoncitos pueden conseguir su comida en otro lado. Limpiaron bien abajo de la cama, y pusieron veneno para las hormigas. - Y ahora, este té con hormigas lo tengo que tirar. - No mamá, no lo tires - le pidió Pifucio. ¿No lo podemos poner abajo de la cama? Después de tanta comida, los ratoncitos van a querer tomarse un té.
Lo que les voy a contar ocurrió hace mucho, mucho tiempo, cuando yo iba a visitar a mi tía Nina. Ella vivía en una casa antigua, con un gran patio y muchas flores. A mí me encantaba ir a dormir con Nina porque podía jugar en su jardín por las mañanas, ayudarle a cocinar y sobre todo…¡Desayunar en la cama!
Siempre tendía para mí un sofá que estaba contra una pared de su dormitorio. Allí me acostaba cada noche y mientras me dormía, me gustaba mirar una gran mancha de humedad que había en esa pared. Buscaba adivinar en esa mancha formas, caras, personajes. Una noche de lluvia ocurrió algo muy extraño. De pronto, vi salir de la pared algo extraordinario. Parecía un fantasma de algodón…pero oscuro, tan oscuro como las nubes que anuncian chaparrones. Sentí que tocaba uno de mis hombros mientras se transformaba en una dama gris de increíble belleza y decía con voz muy profunda, pero dulce y amable: -¡Buenas noches! Soy Tormentosa, un hada buena a pesar de mi color. ¿Quieres venir a pasear conmigo?- y me tendió su mano. Mano delgada, transparente y con perfume a lluvia. Estaba tan sorprendida que no alcancé a responderle cuando me di cuenta que llevada por la fuerza de algo invisible, dejaba la tibieza de mi cama e iba penetrando en la pared, justo en el centro de la mancha de humedad…
-Vení, vení, vamos a dar un paseo que te encantará- dijo el hada y comenzamos a subir, subir, cada vez más rápido hacia el cielo. Íbamos por un camino con muchas curvas y atrás de nosotros quedaban relámpagos, rayos y centellas…Se oían unos truenos tremendos y a pesar de eso no sentía miedo. Viajaba confiada aferrando la mano de Tormentosa, mientras la lluvia caía sin parar por debajo de nosotros y parecía ondular con tranquilidad haciendo un rumor muy, muy suave…
Tormentosa me sonreía y me levantaba más y más, hasta que tan suavemente como habíamos subido, comenzamos a bajar. Lo hacíamos entre una niebla que se despejaba de a poco, al mismo tiempo que íbamos hacia una zona llena de luz. En un momento, estábamos frente al sol y a nuestro alrededor aparecieron siete personajes más ¡Eran siete hadas, bellas y transparentes como Tormentosa, suaves y amables como ella y como ella me sonreían…! En lugar de varita mágica tenían un pincel dorado en una de sus manos y una paleta de colores en la otra.
Fueron surgiendo de la niebla que nos había rodeado flores, plantas, animales, cosas, todos sin color…Al llegar hasta donde estábamos Tormentosa y yo, cada una de las siete hadas fue saludándonos y eligiendo una flor, una planta, un animal, una cosa. De a poco fueron llenando a cada uno de colores, hasta que todos estuvieron listos, como los vemos todos los días. Mi amiga Tormentosa pintó el humo de una chimenea, un hermoso caballo, varios pajaritos y un gato gordo y brillante que parecía un pompón de seda…Yo estaba tan asombrado porque no podía pronunciar ni una palabra. Todavía me esperaba una sorpresa mayor: me di vuelta para mirar el camino que acabábamos de recorrer y vi ante mí que ese camino era nada menos que…¡El Arco Iris! Tenía cada uno de sus espléndidos colores. Mientras tanto, me tomaron de las manos Tormentosa y sus compañeras y comenzaron a bailar cantando:
“¡Después de la lluvia qué lindo es mirar las plantas, las flores y todo brillar; pues cada gotita de un gran chaparrón pinta los colores y lucen mejor! ¡Hagamos la ronda de la luz y el sol, y cantemos juntos esta canción!”
También yo canté y bailé con ellas, llevando el compás con las palmas de las manos ¡Sentía ganas preguntarle tantas cosas a las hadas! Cuando terminase la canción lo haría, estaba segura. Ya estaba lista para comenzar a soltar mi curiosidad .De pronto, escuché la voz de mi tía Nina que decía: -¿Así que ahora cantas dormida? Me parece que te hace falta un buen desayuno ¡Vamos, que te traje té con leche calentito y pan con dulce de duraznos, ése que hago especialmente para vos! Pensé que si le contaba lo que había visto, mi tía no me creería. Ella, por su parte me dijo:
-¿Te gustó el paseo por la mancha de humedad? Como se enfriaba el desayuno y tenía que ir a le escuela, no pude contestarle. Eso sí, siempre que llueve creo que Tormentosa y sus amigas vienen a visitarnos, porque todo queda luminoso y reluciente, como recién pintado por las hadas.
En un pequeño pueblecito entre montañas llamado Rainbow apareció un buen día una niñita abandonada junto al río. Envuelta en una manta de flores tiritaba de frío, cuando la encontró un hombre con fama de hechicero que andaba buscando hierbas medicinales.
Muy contento, la llevó a su hogar y decidió criarla como hija propia. La llamó Vida. La niña creció y ante los ojos de todo el mundo parecía un ser especial porque sus juegos favoritos eran cuidar las plantas y los árboles: Semilla que sembraba, semilla que se convertía en los más hermosos frutos. Decía la gente que seguro que era algo bruja aunque parecía un hada.
Este era otro de sus juegos favoritos: La danza de las hadas en el bosque o en el prado. Todos los niños querían acompañarla siempre en sus aventuras porque todas tenían algo mágico. También le gustaba bordar sus vestidos con motivos florales y siempre resultaba ser la más guapa allá donde iba.
Pero Vida no era completamente feliz. Tenía muchos aspirantes a su mano y, como no estaba enamorada de ninguno, les puso una prueba y aquel que la superara se convertiría en su esposo. "SÓLO SE CASARÍA CON EL HOMBRE QUE PUDIERA DECIRLE CUÁL ERA SU ORIGEN"
Pasó el tiempo...Todos preguntaban aquí y allá intentando conocer quiénes habían sido sus padres y por qué la abandonaron...pero sin resultado. Un día caminó muy triste y pensativa hasta llegar al bosque: "¡Sssshhh, sshhh...!", oyó un susurro que la llamaba.
¡Qué susto se llevó! Arriba en un árbol había un ser bellísimo y con alas... "¡Sube hasta aquí, Hija de la Vida!" "¿Me conoces?", preguntó la joven muy sorprendida. "¡Claro, eres la hija del amor de un hada por un hombre! Ella perdió sus alas cuando se casó con él. Fueron desterrados, pero vivieron muy felices hasta que un día hubo un incendio en el bosque y tuvieron que huir de las llamas; supimos que ellos habían muerto y que tú fuiste recogida por un mago que te crió. El hada reina pensó que sería lo mejor para ti!".
Vida se sintió muy feliz y triste al saber que sus padres ya no vivían. El joven, llamado Hart, la llevó a conocer a las hadas. El amor había nacido en ellos y esta vez la alegría fue general: Se fue a vivir al mundo de las hadas y, de vez en cuando, bajaba al pueblo para ver y ayudar a su padre a curar a la gente. Su boda fue sonada porque en pleno invierno todo floreció. La gente hablaba de milagro...pero la naturaleza quiso hacer un regalo a aquellos seres tan llenos de Amor. El baile y la fiesta duraron toda la primavera. Dice la gente que en las noches claras se puede ver la danza de los enamorados.
CUENTO DEL REINO DE LOS CUENTOS DE HADAS. Tomado de la Red. Blog. Zona Iluminada.
Erase una vez un reino encantado llamado el reino de los cuentos de donde de las flores brotaban cuentos y de las palabras de sus habitantes emanaban raudales de fantasía e imaginación que tenían encandilados a los niños que habitaban ese lugar tan especial.
Los cuentos tomaban las calles de esa población de cuento de hadas, abrazada por un bosque y un valle de tal belleza que monarcas de los alrededores solían visitar fascinados por la fantástica vibración y encanto que se sentía en cada paso.
El lugar más atareado del lugar era la imprenta la cual echaba chispas y trabajaba a toda prisa para dar respuesta a la demanda literaria de las gentes para leer cuentos para sus nietos con el calor de la lumbre de hogares bañados de estrellas y repletos de inocencia infantil.
Los cuentos representaban el cultivo de la parte espiritual e intuitiva a la que los niños siempre están receptivos. Un trovador del reino siempre llevaba libros en sus viajes y cantaba y representaba a sus personajes en otros lares. Una vez una hermosa princesa quedó tan fascinada con estos relatos de hadas, duendes, animalitos y otros personajes mágicos que creó amplios jardines para que los seres alados se instalaran en ellos y susurraran a los niños historias de luz que les hiciera bailar el alma. Esos jardines se asemejaban a paraísos naturales donde estanques con patos y arboledas de ensueño se enseñorearon del lugar. Sucedió que los cuentos del reino de los cuentos se escaparon a los fantásticos jardines de este reino que los acogió con amor e ilusión.
El monarca del reino de los cuentos se quedó desesperanzado pues los más fructíferos creadores de cuentos también partieron hacia esos jardines divinos donde las palabras corrían tras los niños. Triste y desolado el monarca lloró tanto que una hada se acercó a él y le dijo: -Aferrarse y depender de elementos de nuestro entorno acaba revelándonos nuestras debilidades. Todos somos creativos y ésta fluye libremente del corazón. Toma pluma y papel e intenta escribir cuentos. Yo te ayudaré y te soplaré sabiduría hadada con el poder de despertar a los niños.
El monarca se fue a la imprenta entonces vacía y con las máquinas paradas para abrir su corazón a su pluma la cual parecía haber cobrado vida pues no paraba de escribir y escribir. Numerosas historias empezaron a salir de los dedos de ese monarca de corazón abierto, revelándole la verdad de que en nuestro interior existe un foco infinito de un talento único e innato que asombrosas circunstancias del entorno se encargarán de que aflore a la luz. Las historias del monarca llegaron tan lejos que revitalizó la creatividad de ese reino de los cuentos perdidos para convertirse en el reino de los cuentos nacidos del corazón.
Los niños se apelotonaban para poder disfrutar en la escucha atenta de esos cuentos de su rey. Este monarca imprimió tal pasión y devoción en su recién descubierto talento que contagió rápidamente a su entorno y sorprendemente incluso los mismos niños escribían cuentos dando lugar a un notable cuerpo de contadores de cuentos cuyos relatos arrasaban allá por donde eran contados. Estos cuentos llegaron incluso a los jardines de la princesa, empezando a competir con el nuevo cuerpo de contadores de cuentos.
Un día el hada que antaño se había aparecido ante el rey le dijo: ¿Por qué competir cuando podéis completaros los unos con los otros, colaborando y compartiendo conocimientos para disfrutarlos con los demás?
El rey contactó con la princesa y de inmediato el cuerpo de contadores de cuentos trabajó en equipo con los seres alados que habitaban los jardines y, de este modo, comenzó un pacto de una fructífera colaboración entre el reino de los humanos y el reino de los seres de luz como las hadas, los elfos, los duendes y los gnomos. Este pacto todavía hoy continúa vigente y si alguna hada está cerca de ti, te guiará hacia esos reinos, reinos reales donde los cuentos infantiles cobran vida en cada palabra.
EL HADA DEL MAR …BELLA. Escritora de Mar del Plata, Argentina.
Éste es el cuento del mar-¡tan emocionante que no lo van a poder creer! En el mar hay todo tipo de peces, todos mas coloridos y raros y de los tamaños más variados.
Yo soy el hada del mar, mi nombre es Bella y vine a este precioso mar a cuidar a mis amigos los peces… este es el mar más azul y cristalino que hayan visto. Un día estaba nadando muy plácidamente, cuando veo a lo lejos algo de color naranja con rayitas verdes. Me acerqué muy despacito y para mi sorpresa vi, lo más hermoso que se puedan imaginar.
Un pez chiquito, pero muy bello como mi nombre. Cuando llegué a donde estaba me di cuenta que no se sentía bien, lo abracé y le pregunté qué le había pasado y cómo se llamaba, para mi sorpresa emitía un sonido raro, extraño que yo nunca había escuchado, le volví a preguntar y me hizo el mismo gemido, comprendí entonces que era sordo mudo, le empecé a hablar de frente y despacito y me entendió.
Empezó a mover su boquita y me dijo que tenía una aleta lastimada y que su mamá había ido a buscar ayuda, le dije que me quedaría con él hasta que llegara y se puso muy contento, su nombre era Simón, al cabo de un tiempo, se empezaron a juntar todo tipo de pececitos y Simón les contaba cómo era su vida al ser sordomudo y no poder escuchar a nadie, nadie entendía y el pequeño pez les hizo señas para que se tapasen los oídos para que así lo pudiesen comprender.
También les dio a entender que su mamá le había enseñado todo lo que tenía que hacer para poder tener una vida normal y que todos pudieran jugar con él. – En realidad – prosiguió hablando por señas Simón – todos somos iguales,- solamente que no escucho. Haciéndoles una broma prosiguió: – Como muchos de ustedes, que hacen que no escuchan a su mamá cuando los manda a hacer algo ..ja! ..ja!.. Rieron, los amigos nuevos de Simón
¡Qué lindo ver tantos colores juntos!. Pensó Bella. Era ya la tardecita cuando vino la mamá de Simón, muy nerviosa, porque pensaba que su hijo estaba solo- Se sintió tan emocionada de ver tanta cantidad de amiguitos y todos le decían que Simón era muy dulce y que querían volver a verlo y que le contase, aunque fuere por señas, más historias. Simón se fue con su mamá y papá, quienes se dieron cuenta que su hijo ya está listo para la vida y que le habían enseñado bien para que pudiese desarrollar su inteligencia, y que todos lo entendiesen. Lo abrazaron muy fuerte y se fueron los tres moviendo sus colas.
Bella miró todo el espectáculo, al ver cómo se iban los pececitos con sus diversos y brillantes colores y pensó en qué hermoso era el mar y cuántas cosas uno puede aprender de los demás, como dijo Simón: si sabemos escuchar. ¡Qué día hoy!
PD: Queridos amiguitos, espero este cuento les haya gustado y piensen que siempre, vamos a encontrar en la vida alguien a quien tengamos que ayudar.