
jueves, 27 de agosto de 2009
Cuento Inter-planetario...

Un Planeta Maravilloso
Hace ya tres días que ha sucedido la catástrofe. El bueno y viejo planeta MATERNA ha explotado. Al sonar la alarma, todos los habitantes de MATERNA han ido, cada uno por su lado, a buscar otro planeta donde vivir. BOLO y RAMA han embarcado en su cohete, una pequeña nave espacial, cómoda y rápida, que los niños y niñas pueden conducir fácilmente. BOLO y RAMA quieren encontrar un planeta donde puedan vivir felizmente con muchas amigas y amigos. Pero. . . ¿con qué amigas vivirán? Ni ellos mismos lo saben, ya lo veremos. De repente, RAMA grita: - ¡Planeta, planeta a la derecha! BOLO pulsa los mandos y frena. Los motores se paran y el cohete aterriza en un pequeño y tranquilo campo. A lo lejos, algo se mueve, parece una enorme bola sobre dos patas. La bola se acerca: ¡Ah, pero si es un hombre muy gordo! Saluda a los dos cosmonautas: - ¡Hola, me llamo REBOLLO! ¡Bienvenidos al planeta GLOTÓN! Os invito a compartir mi desayuno. Muy contentos, BOLO y RAMA siguen a REBOLLO. REBOLLA, su mujer y REBOLLITA, su hija, están ya en la mesa. Han preparado un verdadero festín: Pollos asados, tortillas, pasteles . . . ¡Qué bueno está todo! Después de la comida, REBOLLITA lleva a los cosmonautas a pasear por la ciudad. Pero ¡qué extraño!, en la calle sólo encuentran gente rechoncha: niños gordos, hombres gordos, mujeres enormes. No cabe ni un alfiler. Estas personas tan gordas, hacen ir de aquí para allá a BOLO y RAMA, que sólo ven a su alrededor enormes barrigas. ¡Qué barbaridad! Deciden que ese planeta no está hecho para ellos, es necesario irse, pero REBOLLITA quiere ir con ellos y corre a abrazar a sus padres. Y EL COHETE DESPEGA CON TRES PASAJEROS. Y un poco más tarde: - ¡Oh, veo otro planeta! El cohete para con suavidad. Al pie de un árbol, un extraño niño mira cómo los tres cosmonautas descienden de su máquina y les dice: -Hola. Me llamo PLUMA, ¿y vosotras? PLUMA es delgado, muy delgado. ¡Parece que vaya a salir volando al primer soplo de aire! ¿En qué planeta estamos? PLUMA los invita a conocer el planeta FIDEO. Se encuentran primero con HILITO, un hombre muy delgado; después con FINITA, una niña rubia delgadísima; y DELGADILLO, un viejo con la barba blanca, muy flaco. Todos los habitantes de este planeta son delgados. Todo el día juegan y cantan, trabajan, discutan, pelean, hacen las paces, nadan, dibujan, leen, pasean. Hacen muchas cosas, y jamás piensan en comer. Al cabo de unas horas, los cosmonautas sienten como un gusanillo en la barriga. ¡Qué hambre! Ven claramente que este planeta no está hecho para ellos. Es necesario partir, pero PLUMA ya no quiere separarse de ellos. Y EL COHETE DESPEGA CON CUATRO PASAJEROS. El cohete cambia de galaxia, deteniéndose en un extraño planeta con forma de huevo. Al abrir la puerta de la nave, un ruido muy fuerte sorprende a los cosmonautas. Salen y van en busca de los habitantes. Ven a una chica que va en una bicicleta roja, que canta y canta sin parar. Mientras canta, les dice: -Me llamo MELODÍA y mi planeta TROMPETÓN. ¿Queréis conocerlo? Encuentran primero a MARTILLOTE, que golpea con fuerza un hierro, con un palo de madera; después a la señora COTORRA, que no para de hablar. En la ciudad hay un jaleo enorme: Los coches tocan la bocina, las motos circulan ruidosamente, las tiendas anuncian sus productos con altavoces, los perros ladran, las radios tienen el volumen al máximo . . . No se aburren nunca en el planeta TROMPETÓN. Aquí se puede hablar, chillar, reír, cantar, hacer ruido, sin ningún problema. Pero a nuestros cosmonautas, les duelen los oídos. ¡Qué lío! Hay que salir de aquí, este planeta tampoco es para ellos. MELODÍA pregunta: -¿Puedo ir con vosotras? Y se lleva su pequeña flauta. Y EL COHETE DESPEGA CON CINCO PASAJERAS.El planeta siguiente no queda lejos. Las cosmonautas desembarcan. Ni un solo ruido, todo está tranquilo ¡Uf! BOLO dice: -¡Estaremos bien aquí! -Chisst, chisst- le responde un hombre extraño al que no han oído llegar. -Me llamo SUSURRÍN. Estáis en el planeta CHITÓN. ¿Queréis visitarlo conmigo? Las cosmonautas siguen a SUSURRÍN, intentando hacer el menor ruido posible. Todos los habitantes de este planeta llevan zapatos de goma. No se ríen, sonríen. Llevan cascos para oír música. Se hablan con gestos o por escrito, sólo de vez en cuando cuchichean. Al principio, las cosmonautas se encontraban bien allí, porque sus oídos necesitaban descanso. Pero a MELODÍA le apetece cantar, PLUMA estornuda con gran estruendo, REBOLLITA deja caer su saco de canicas que ruedan por la acera y BOLO y RAMA estallan en carcajadas. La gente que va por la calle se para y los mira con los ojos horrorizados. ¡Qué escándalo! Este planeta no está hecho para ellos, es necesario partir. Y SUSURRÍN, que empezaba a divertirse, se va con ellas. Y EL COHETE DESPEGA CON SEIS PASAJERAS. En el quinto planeta, los cosmonautas se encuentran con un señor con gafas que lee el periódico. Levanta la cabeza y les dice: - Buenos días, me llamo SABIOTE. ¿Sabéis leer y escribir? Los cosmonautas descubren que están sobre el planeta EMPOLLÓN y que no se puede vivir allí sin saber leer ni escribir. SABIOTE los invita a su casa, donde están sus amigos: el profesor GARABATO, el periodista LAPIZÓN, el escritor BOLÍGRAFUS, el poeta PAPELOTE y sus sobrinos, LIBROTE y LIBRILLO, que no paran de leer y escribir. Sobre las camas hay libros, los cajones están repletos de lápices, los armarios llenos de libretas. Desgraciadamente, en el planeta EMPOLLÓN no hay nadie que arregle las casas ni los muebles: Las patas de las sillas están rotas, porque sostienen grandes montañas de libros. Nadie sabe enhebrar una aguja o encender un fuego. Comen jamón con ensalada en todas las comidas. ¡Qué tristeza! Los cosmonautas no se encuentran bien aquí y deciden irse. Se llevan a SABIOTE, que les quiere enseñar a leer y escribir. Y EL COHETE DESPEGA CON SIETE PASAJEROS. Los cosmonautas aterrizan sobre el sexto planeta. ¿Qué encontrarán ahora? Lo primero que ven es un joven muy fuertote que sostiene en una mano un martillo y en la otra unas tijeras. Lleva en el bolsillo unas tenazas y un bote de cola. Se presenta: -Yo soy MAÑOSÓN, habitante de PENCÓN. ¿Queréis que os construya un puente, una casa o una carretera? Las cosmonautas están encantadas con esta bienvenida. ¡Al fin un planeta donde van a poder instalarse! Siguen a su nuevo amigo para escoger un terreno donde construir su casa, pero el planeta PENCÓN está abarrotado. Los habitantes pasan el día trabajando: construyen, clavan, cortan, pegan pintan, esculpen, bordan, cosen, . . . trabajan sin para. Incluso cuando no necesitan nada, siguen trabajando. Las casas están llenas de muebles, de ropa y platos inútiles, que no saben dónde guardar. Cuando terminan un puente, lo derrumban por el placer de volver a construirlo. ¡Qué desorden, qué pérdida de tiempo! Las cosmonautas ven que este planeta no es el que buscan y se van. Se llevan a MAÑOSÓN con sus herramientas. Y EL COHETE DESPEGA CON OCHO PASAJERAS. Tres días más tarde, los cosmonautas llegan, por fin, a un planeta maravillosos ni muy grande ni muy pequeño, ni demasiado seco ni demasiado lluvioso, ni muy caliente ni muy frío. Parece que no hay nadie y los cosmonautas deciden instalarse. BOLO y RAMA, REBOLLITA y PLUMA, MELODÍA y SUSURRÍN, SABIOTE y MAÑOSÓN bajan de la nave con sus cosas. Quieren construir juntos un nuevo mundo, donde habrá de todo. Cada uno podrá vivir como es, con lo que tiene, con lo que sabe hacer. No habrá dos personas iguales, pero serán todos amigos e intentarán ayudarse. Y colorin colorado....
sábado, 1 de agosto de 2009
Cuento para "callejuelas"

El Reino de No Me Importa
Había una vez un pequeño reino que se llamaba Lolimburgo. El Rey Juan No, se casó con la princesa Cristina Me Importa. De esa unión nació el príncipe José No Me Importa. El Rey se llamaba Juan Porque se me Antoja y la Reina se llamaba Cristina Porque se me da la Gana.
En la escuela. Los alumnos asistían a las clases solo cuando tenían ganas y estudiaban solo si se les antojaba, y como a la directora y a las maestras no les importaba, los alumnos eran burros e ignorantes. Los comerciantes atendían cuando se les daba la gana y vendían lo que se les antojaba. Si alguien quería comprar papas y ellos no tenían ganas de venderla, la gente tenía que comprar mandarinas o lo que encontraran. Los súbditos de Lolimburgo dormían cuando se les daba la gana, a veces de noche y a veces de día, y comían cuando se les antojaba. Desayunaban por la noche y cenaban al mediodía y no les importaba.O sea que el Reino de Lolimburgo era un desastre.
Cuando el Príncipe José creció, se enamoró de la princesa Beatriz Si Me Importa del reino de Merynburgo. Beatriz era una joven muy hermosa con larga cabellera dorada, y a ella todo le importaba. Le importaba el orden y la limpieza. Le importaba la cultura y la educación de su pueblo. Si quería comer papas pretendía que le vendieran papas. Beatriz tenía muchos pretendientes que deseaban enamorarla ofreciéndole costosos regalos. El príncipe José sabía que iba a ser imposible conquistarla ofreciéndole el Reino de Lolimburgo, un reino sucio y desordenado y decidió pedirle ayuda a Beatriz para cambiar las horribles costumbres de sus súbditos.
Como Beatriz era muy inteligente decidió ayudarlo. Le propuso que dictara leyes muy estrictas y penas para los que no las cumplieran. Horarios estrictos en las escuelas. Los niños estaban obligados a asistir. Limpios y con las tareas y los útiles ordenados. En caso contrario los padres serían severamente sancionados. La basura debía colocarse en basureros, nada de arrojar residuos a la vereda. Donde antes había basura, debían plantar árboles y flores. Horarios estrictos para comerciantes y trabajadores, para que no durmieran cuando debían trabajar y no trabajaran cuando debían dormir. Los comerciantes debían abrir en horarios estipulados y vender lo que se les pedía y no lo que se les daba la gana.
Al principio le costó mucho adaptar a los habitantes a las nuevas normas de urbanidad, pero pronto todos vieron las ventajas de las mismas. Gracias a la limpieza había menos enfermedades, las calles ahora tenían flores en lugar de basura y todos disfrutaron con los cambios. Los niños aprendieron a leer rapidamente. Los comerciantes ganaron mucho dinero vendiendo más y mejor complaciendo a su clientela.. Todos los súbditos de Lolimburgo estaban felices.
El único que no era completamente feliz era José. Seguía enamorado de Beatriz. Ahora que tenía un hermoso reino para ofrecerle, decidió pedir su mano. Beatriz Si me Importa, esperaba que llegara ese momento, le enamoraron los ojos azules de José y sus deseos de progreso para su pueblo. No tardó en decirle que si. Se casaron en la Plaza de Lolimburgo, en presencia de todos los habitantes, que celebraron la boda con una fiesta que duró siete días.
viernes, 24 de julio de 2009
Cuento Bailarín!

El ciempiés bailarin. Marisa Moreno. España
Jimmy el ciempiés, vivía cerca de un hormiguero. Su gran afición era bailar. Tenía unas patitas ágiles como las plumas. Le encantaba subirse encima del hormiguero y empezar a taconear. Jimmy cantaba: ¡Ya está aquí, el mejor, el más grande bailaor!.Era muy molesto oír tantos pies, retumbando y retumbando sobre el techo del hormiguero.
Las hormigas asustadas salían para ver lo que ocurría. El ciempiés seguía cantando: ¡Ya está aquí, el mejor, el más grande bailaor!.¡Otra vez Jimmy!. decía: la hormiga jefe.
¡No podemos trabajar, ni dormir!. ¡No puedes irte a otro sitio a bailar!. La hormiga jefe ordenó a su tropa de hormigas que llevaran a Jimmy a otro lugar. ¡No, hormiga jefe!. ¡Ya me voy!. Dijo Jimmy.
Jimmy se acercó a la casa del señor topo. Se puso al lado de la topera y vuelta a taconear. Seguía con su canción: ¡Ya está aquí, el mejor, el más grande bailaor!. El señor topo enfadado, salió y le dijo: ¡Jimmy, estoy ciego pero no sordo!. ¿No puedes ir a otro sitio a bailar?.
Jimmy estaba un poco triste, porque en todas partes molestaba. Cogió sus maletas y se marchó de allí. Empezó a caminar y caminar, hasta que estaba tan cansado que no tuvo más remedio que descansar. Se quedó dormido bajo un árbol. Cuando despertó al día siguiente, estaba en un campo lleno de flores. ¡Este será mi nuevo hogar! : dijo el ciempiés.
Tanto se entusiasmo Jimmy, que no se dio cuenta que un gran cuervo estaba justo encima de él, en el árbol. Jimmy se puso a taconear con tanta alegría que llamó la atención del cuervo. El cuervo inclinó el cuello y vió a Jimmy taconeando. ¡Pobre Jimmy!.
El pájaro se lanzó sobre él, con gran rapidez. Abrió su bocaza y cogió al ciempiés. El ciempiés gritaba: ¡Socorro, socorro!. Un cazador, que andaba por allí, observo, al cuervo volando. No le gustaban mucho los cuervos, pues él creía que le daban mala suerte. Hizo un disparo al aire para asustarlo. El cuervo soltó al ciempiés.
Al caer, el ciempiés se dio un gran batacazo. Esto le sirvió de lección. Aprendió a ser más responsable y fijarse bien dónde se ponía a bailar. Buscó un lugar seguro y allí danzaba y bailaba. No molestaba a nadie ni a él, le molestaban. Así fue como el ciempiés empezó a ser respetado por todos.Y colorin colorado...
viernes, 10 de julio de 2009
Cuento enamorado!!!
TOCOTOC EL CARTERO ENAMORADO. Clarisa Ruiz - Colombia
Desde muy temprano, Tocotoc, el cartero de Cataplún, sale a repartir las cartas y los paquetes por todo el pueblo. En un morral grande y resistente Tocotoc lleva los mensajes y regalos que amigos y familiares de otros pueblos envían a los cataplunenses. A las siete de la mañana Tocotoc da unos golpecitos en la primera casa de su recorrido que suele ser la de Kupka, el zapatero.– Toc-toc-toc...– ¿Quién es? –dice el zapatero. – Soy yo, Tocotoc. Te traigo una carta de tu hija Tris. Viene desde Achix. – La estaba esperando desde hace varios días. Gracias, Tocotoc –dice Kupka, abriendo la puerta–. Oye, ¿me acompañas a desayunar? Tengo pan recién salido del horno.– Gracias, amigo, pero voy de paso.
El recorrido continúa por la casa de Lino, el pintor. De allí, Tocotoc pasa a la casa de Alba, que tiene un gallinero. Luego siguen Dubi, que prepara los jugos de frutas más deliciosos de la región, Santi, el entrenador de fútbol; Sebastián, el carpintero, y Plicploc, el plomero. Así, de casa en casa, Tocotoc va entregando el correo que tanto esperan sus paisanos. ¡Qué felicidad sienten ellos al recibir las cartas que Tocotoc les entrega! y siempre, cuando el cartero toca a la puerta, es bienvenido y todos en Cataplún tienen gran amistad con él.
A Tocotoc le gusta mucho ser cartero. Además de poder visitar todos los días a sus amigos, le encanta examinar cada sobre con atención. Le divierte ver los dibujos y los colores de las estampillas y sobre todo tratar de leer en voz alta los nombres de los pueblos lejanos como Ylikiiminki, de donde le envían recetas de helados a Hummmm; Xicoténcatl, donde Choclos tiene una prima; Al-Hanakiyah, donde viven los tíos de Soad la tejedora, o Rarotunga, la isla donde vive Masomenos, un antiguo profesor de Cataplún. Pero Tocotoc no fue siempre un cartero feliz. Hubo una época en la cual a pesar de lo mucho que le gustaba repartir cartas, no podía evitar sentirse cada día más triste. La causa de tanto pesar era que él, el propio cartero de Cataplún, no tenía nadie que le escribiera una carta y no tenía tampoco a quién escribirle. Tocotoc no podía evitar un hondo suspiro cada vez que entregaba una carta y, a pesar de ser amigo de todos en el pueblo, se sentía descartado. En todo su recorrido por las casas de Cataplún sólo había un momento en que Tocotoc se sentía verdaderamente feliz. Era cuando llegaba el turno de entregarle las cartas a María, la costurera.
– "¡Qué linda es esa costurerita! –pensaba el cartero y se peinaba y se subía las medias antes de tocar a su puerta.Toc-toc-toc...– ¿Quién es? –preguntaba María. – Soy yo, Tocotoc, y te traigo una carta de Nina la costurera de Ravapindi –respondía el cartero, con las mejillas todas rojas y el corazón que se le explotaba. La costurera, que era muy trabajadora, nunca tenía tiempo para charlas con Tocotoc y apenas si se despedía. El cartero, por su parte, era tan tímido que no se atrevía a decirle que estaba enamorado de ella. Una noche, mientras ordenaba las cartas que debía repartir al día siguiente, Tocotoc tuvo una idea que le iluminó el rostro con una gran sonrisa: "Voy a escribirle una carta a María. Le diré lo que siento por ella sin que sepa que soy yo". Y así fue como por primera vez en su vida, el cartero de Cataplún escribió una carta. Hola, María: Espero que cuando abras este sobre estés contenta y no te hayas pinchado ningún dedito con la aguja de coser. Tú no me conoces, pero yo sí a ti y yo te quiero mucho. Tú me encantas, Mari. Tus ojitos son como dos limones y tus mejillas como dos bellas manzanas. Tu nariz de frijolito es muy graciosa y tus labios parecen dos pétalos de rosa. Cuando veo un sacacorchos me acuerdo alegremente de tus cachumbos y por las mañanas, la miel del desayuno me trae a la memoria el color de tu pelito. María, eres una niña muy bella, yo te quiero mucho. Tocotoc dobló el papel y lo metió en el sobre junto con una florcita silvestre.
Al día siguiente Tocotoc salió a repartir sus cartas silbando de alegría pero al llegar frente a la puerta de María se puso muy nervioso. Toc-toc-toc... – ¿Quién es? –preguntó María. – So-soy yo, Tocotoc. Té tra-traigo u-una carta.– ¿De dónde viene? ¿De quién es? –dijo María emocionada al abrir la puerta. – No, no sé –dijo Tocotoc con las mejillas todas rojas y el corazón que se le explotaba. – Bueno, hasta luego Tocotoc –respondió la costurera sin siquiera mirar al cartero. Al día siguiente, cuando Tocotoc volvió a la casa de María para llevarle una revista, ella ya estaba esperándolo en la puerta desde mucho antes. – Buenas, Tocotoc, ¿qué cartas me traes hoy? –preguntó impaciente la costurera. – Buenas, María –dijo Tocotoc con emoción–. Te traigo una revista que viene de Ivigtut.– Y... ¿nada más? – No. Nada más –dijo Tocotoc. – ¿No me traes otra carta como la de ayer? –preguntó María muy curiosa. – No, María, nada más –dijo el cartero ordenando su morral con aire despreocupado. – Bueno, hasta luego, Tocotoc –dijo María decepcionada. Tocotoc se dio cuenta de que su carta había tocado el corazón de la costurera y como no quería que ella estuviera triste repartió rápido las cartas que le quedaban y se fue a su casa a escribir otra carta para María. Hola, María: Ojalá te haya gustado mi primera carta. Te escribo nuevamente porque siento deseos de hablar contigo. Cómo me gustaría charlar contigo un ratico.A mí me encanta pasear por el bosque, pero solo no me gusta ir, si tú me acompañas, ¡qué feliz sería yo! Me gusta mucho cocinar pollo con cebolla y papas, pero me da pereza hacerlo para mí solo si tú quisieras comer conmigo ¡qué feliz sería yo! Me gusta jugar a las escondidas, pero no tengo con quién jugar, si tú quisieras jugar conmigo, qué feliz sería yo. Tocotoc dobló el papel y lo metió el sobre junto con una florcita silvestre, como la primera vez. Al día siguiente María estaba en el balcón de su casa esperando a Tocotoc desde muy temprano. – ¡Hola, Tocotoc! ¿Qué carta me traes hoy? –preguntó la costurera apenas vio aparecer a Tocotoc en su calle.– ¡Hola, María! –dijo el cartero, un poco más tranquilo que los otros días–. Te traigo estas revistas y... una carta.– ¿Una carta? ¿De quién? –dijo María, quitándole el sobre de las manos al cartero.– No lo sé –dijo Tocotoc risueño. – ¡Oh! ¡Qué bueno! ¡Hasta luego, querido Tocotoc! –dijo María casi cantando. Tocotoc también quedó muy contento por el resto del día.
Desde entonces el cartero empezó a escribir una hermosa carta de amor a María todas las noches. La costurera recibía el correo feliz y Tocotoc, al ver que sus cartas eran tan bien acogidas, escribía y escribía y escribía cada vez cartas más bellas. Los días fueron pasando y Tocotoc quería confesarle su amor a María. Quería pasear y conversar con ella. Cada vez que le entregaba una carta y María preguntaba: "¿de quién es?", él siempre estaba a punto de contestar: "mía". Pero Tocotoc era tímido y pensaba que la costurera nunca lo iba a querer como quería a sus cartas. María cada día se conformaba menos con sus cartas y deseaba conocer la persona que escribía aquellas frases tan hermosas. Su curiosidad empezó a crecer y a crecer... Un día Tocotoc dejó la casa de María para el final de su recorrido, pues había decidido hablarle a la costurera. Pensó pedirle a María que le hiciera una nueva chaqueta de cartero, así tendría la oportunidad de estar más tiempo con ella. Al llegar a la casa de María, Tocotoc se peinó, estiró sus medias y tomó aire queriendo darse fuerzas. Después de entregar la carta a la costurera, le dijo:– María, quisiera que tú me hicieras una nueva chaqueta de cartero. – ¡Claro, Tocotoc! Te la haré con mucho gusto. Sigue y te tomo las medidas –respondió María muy atenta. En el taller Tocotoc se quitó su vieja chaqueta de cartero y María empezó a tomarle las medidas. – Manga: 63 cm, talle 55 cm, cintura 87 cm –iba diciendo y anotando la costurera.– Oye, Tocotoc, ¿por casualidad tú no sabes quién me envía esas cartas que me traes todos los días? –preguntó de repente María. – Pues, es que... no, la verdad... yo no sé –respondió Tocotoc, tan nervioso que hasta le temblaban las piernas. – Está bien ¡Qué pesar! –dijo María y siguió tomando las medidas a Tocotoc. Cuando terminó, la costurera pensó: "¡qué cartero tan guapo!" Tocotoc se despidió rápidamente de María y se fue a su casa corriendo a escribirle otra carta de amor. María seguía esperando las cartas que Tocotoc le traía y como pasaba horas leyéndolas y releyéndolas, no avanzaba mucho en su trabajo y cometía errores al coser la tela. A Tocotoc no le importaba nada su nueva chaqueta de cartero. Para él era un placer pasar horas probándose la costura de María y conversando con ella. Una tarde cuando la chaqueta por fin estaba casi terminada, María le preguntó a Tocotoc si quería quedarse a comer con ella. – ¡Claro, María! –contestó Tocotoc–. Pero yo cocino. Te preparé un pollo con cebollas y papas, que es mi especialidad. – ¡Delicioso! –respondió María y quedó pensativa– "¿pollo con cebollas y papas? Eso me recuerda algo...". Tocotoc había empezado a cocinar y ella tenía que poner los platos en la mesa y las flores, que, como todos los días, le trajo el cartero en un florero. Cuando las estaba arreglando cayó en la cuenta de que eran las mismas que el escritor misterioso ponía siempre entre sus cartas. "Florcitas silvestres, qué casualidad..." –pensó María–. El pollo que preparó Tocotoc quedó sabrosísimo; y cuando terminaron de comer, María le propuso al cartero que jugaran un partido de damas chinas. – No, María, mejor juguemos a las escondidas, es más divertido –dijo el cartero espontáneamente. María aceptó y se fue a esconder de primera. Cuando estaba entre el baúl en que guardaba los retazos, pensó nuevamente en las cartas y el cartero: "...escondidas...". Jugaron un buen rato hasta cuando la costurera se sintió ya muy cansada. Tocotoc, que estaba feliz y lleno de ánimos, al despedirse le dijo desprevenidamente a María: – ¿Te gustaría ir a pasear conmigo al bosque mañana domingo? ¡Qué feliz sería yo! – Está bien, Tocotoc –le contestó María. Esta vez la costurera confirmó sus presentimientos y pensando y pensando se quedó dormida en un asiento junto a la ventana.
Al día siguiente Tocotoc fue a buscar a María para ir al bosque. La costurera le entregó la nueva chaqueta de cartero y él se la puso para estrenarla durante el paseo. Cuando ya estaban en el bosque, María le preguntó a Tocotoc mirándolo fijamente:– ¿De qué color crees tú que son mis ojos?– Son verde limón –contestó Tococot inmediatamente. – ¿Y mis mejillas, Tocotoc? –siguió preguntando la costurerita.– Son como dos manzanas –contestó Tocotoc sin mirarla.–¿Y mi nariz? ¿No es cierto que es grandísima? – ¡María! ¡Estás bromeando!. Tú tienes una nariz de frijolito –dijo Tocotoc mientras recogía unas flores silvestres. – Tocotoc, la última pregunta: Por la mañana, ¿tú qué desayunas? – A mí me gusta tomar un vaso de leche y pan untado con bastante miel, mucha, mucha miel –contestó el cartero, entregándole a María un ramito de flores silvestres. Sin saberlo, ¡Tocotoc se había delatado! Al regresar a casa la costurera se despidió rápidamente del cartero y se sentó inmediatamente a escribir esta carta: Martes 18 de mayo Querido Tocotoc: Espero que cuando abras este sobre estés contento y no te duelan los pies de tanto caminar. Yo te conozco muy bien y te quiero mucho. Tú, me encantas, Tocotoc. Si tú quisieras prepararme ese delicioso pollo con cebollas y papas otra vez, ¡qué feliz sería yo! Si tú quisieras jugar conmigo a las escondidas otra vez, ¡qué feliz sería yo! Si fuéramos a pasear por el bosque otra vez, ¡qué feliz sería yo! Además las flores que tu me regalas son las más lindas del campo; y tus cartas, mi lectura preferida. Me gustaría mucho hacerte otra chaqueta para estar contigo otra vez. ¡Me gustaría hacerte muchas chaquetas más! María dobló el papel y lo metió en el sobre con una florcita silvestre. Al día siguiente, cuando Tocotoc terminó de hacer el reparto, encontró una última carta entre su morral. "Para Tocotoc el cartero de Cataplún", decía el sobre... Toco-toc no lo podía creer. Finalmente, el cartero de Cataplún, por primera vez recibió una carta.Y colorin colorado...
lunes, 15 de junio de 2009
Protagonista que no es cuento....

LA MUERTE MADRINA Los hermanos Grimm
Carta de Color!!!

CARTA DE UN NEGRO
Un par de cosas deberías saber:
Cuando yo nací, yo era negro.
Cuando empecé a crecer, era negro.
Cuando voy a la playa soy negro.
Cuando tengo frío sigo siendo negro.
Cuando tengo pánico soy negro.
Cuando me enfermo soy negro.
Inclusive cuando me muero continúo siendo negro.
En cambio tu, mi querido amigo blanco.
Cuando naces eres rosado.
Cuando empiezas a crecer te pones blanco.
Cuando vas a la playa te pones rojo.
Cuando tienes frío te pones azul.
Cuando tienes pánico te pones amarillo.
Cuando estás enfermo te pones verde.
Cuando te mueres te pones gris.
Y tú todavía te atreves a decirme que yo soy
de color!!!!!!!!!!!!
