domingo, 28 de febrero de 2010

CUENTO CIRCENSE


EL CIRCO. Anónimo.

El pequeño Miguel corría por las calles sucias de su barrio. Desde arriba una melodía bajaba por entre las rústicas casa, era la música del organillo. ¡Es la feria! ¡Es la feria!— Gritaron algunos, eran los más grandes, los que ocultaban con sus enormes cuerpos el espectáculo. —¡Es el circo! ¡Es el circo!— Gritó él, pero nadie lo escuchó. Corrió rápido entre la gente, quería ver de donde venía esa música, empujó a los mas grandes, los mas grandes lo empujaron a él. La gente parecía una marea difícil de superar por el pequeño cuerpo de Miguel. Y la melodía se iba, se estaba yendo, seguía su camino cuesta arriba. Miguel desesperó, quería ver.
¡Miguel! ¡Miguel!— era su madre que gritaba desde la casa —Ven Miguel, ven que tu padre no demora en venir.

Miguel no podía creerlo. Su padre no demoraría en llegar para el almuerzo. Tenía que decidir entre los castigos de su padre y un espectáculo emocionante. Tengo unos minutos dijo Miguel con una voz tan baja que su madre no pudo escuchar y volvió a correr. Corrió, corrió, pero el tumulto de gente y su bullicio ya estaban lejos. Allá iban toda esa gente siguiendo la música y él no pudo ver un solo segundo de donde salía esa hermosa música. Corrió y corrió y poco le importó que su madre gritara desesperada, él se había decidido por la música. El organillo avanzaba lento y seguro, pronto llegó a una enorme carpa. Miguel no lo pudo creer, era la carpa más hermosa y grande que haya visto. Tenía dos torres multicolores, torres llenas de pancartas y serpentina, —sin duda era el circo— pensó. La música estaba adentro, los colores parecían vibrar con la música y ahora la delicada música del organillo era acompañada por los bombos y platillos. Escuchó un rugido. Escuchó la inconfundible voz del payaso. Escuchó por los enormes parlantes las trompetas y las flautas. ¡Son payasos! ¡Son payasos!— gritó un niña a su lado. —¡Los payasos! ¡Los payasos!— repitió él.

—Entremos— dijo Miguel. —Entremos, dijo la niña. Corrieron en busca de la entrada y la encontraron. Se detuvieron y miraron. No toda la gente estaba entrando. En la puerta un señor risueño y gordo de enormes bigotes las detenía, las inspeccionaba y luego las dejaba pasar. —Sus boletos por favor— dijo el señor gordo vestido de pantalón violeta y camisa verde. —No tenemos boletos, señor— dijo el pequeño Miguel. El viejo gordo los miró alargando el mentón y ocultando los ojos en las enormes cejas, su rostro gordo y sudoroso se fue acercando hasta quedar delante del rostro del pequeño Miguel, levantó la mano con su dedo índice erguido y moviéndolo de un lado a otro les negó la entrada. —¡Por favor!— dijo Miguel. —¡Por favor!— dijo la niña. Pero nada hizo cambiar de opinión al detestable gordo de la entrada.

Caminaron juntos de regreso, Miguel y la niña, el gordo de colores horribles seguía en la entrada pidiendo los boletos. ¿Cómo te llamas?— dijo la niña, que miraba con tristeza el rostro de Miguel. ¿Yo? Miguel. ¿Y tú? —Me llamo Rocío. ¿Aún quieres entrar? ¡Ven, Sígueme! Rocío corrió adelante, Miguel la siguió. Rodearon la carpa corriendo, esquivaron a unos malabaristas que practicaban por entre las jaulas vacías de los animales. Hasta que llegaron. ¡La puerta de atrás! Una pequeña puerta hecha en la carpa. Entraron, corrieron. El ruido del circo era grandioso. Trompetas por todos lados, panderetas, trombones vozarrones, un bombo y un piano que sonaba dulce. Colores muchos colores y las luces enormes, luces que llenan la oscuridad bajo la carpa del circo. Miguel y Rocío miraron embobados. Y ahí en el centro, en medio de un gran círculo de luz estaba el organillo un monito bailaba alborotado y feliz.

¡Un monito blanco! Mi madre nunca creerá que vi un monito blanco.— dijo Miguel, pero en ese momento el recuerdo del padre almorzando le vino a la mente y escapó sin decir adiós del circo ni de Rocío. Rocío lo miró estupefacta, le iba gritar pero Miguel ya había desaparecido por la pequeña puerta trasera del circo. Rocío lo siguió, pero lo ultimo que alcanzó a ver fue la pequeña figura de Miguel que desaparecía entre la muchedumbre que iba a ver al circo. Y Colorín colorado…

Un circo es un espectáculo artístico, normalmente itinerante, que puede incluir a acróbatas, payasos, magos, adiestradores de animales y otros artistas. Es presentado en el interior de una gran carpa

sábado, 27 de febrero de 2010

CUENTO MARINO


CUENTO DE SIRENAS. Blog: La Coctelera.

En el mar profundo, vive una sirena, su pelo es azul y su piel es Blanca. Su cola tiene 7 tonos de azul, cuando ella nada esos colores se ven reflejados la luz blanca, todas las sirenas de el mar la envidian por su belleza, por eso un día...mientras la bella sirena nadaba en el profundo océano, una de sus hermanas una sirena de color rosa la llevo a dar un paseo, la sirena de cabellos azules cedió.

Al comenzar el paseo por las profundidades de las aguas, todo era mágico, los corales, los peces, etc. pero de repente entraron en una gran cueva, todo estaba obscuro y sirena de cabellos azules trato de escapar. Su hermana le dijo; todas nosotras te hemos tendido una trampa, ya que tu belleza es superior a la de todas nosotras y es por eso que hemos decidido encerrarte en esta cueva donde nunca podrás salir. La bella sirena se quedo sola en la obscura cueva, ella comenzó a tocar bellas melodías con un arpa que se encontró en la cueva. Al día siguiente descubrió que esta cueva no era tan obscura, ya que existía un brillo muy poderoso que se escondía detrás de unas rocas. La sirena llego hasta el gran oro que escondían los piratas y cogió un espejo. Al ver su rostro reflejado en el cristal, descubrió su hermosura y comenzó unos cánticos para su madre... El mar.

Después de varias largas noches, un marinero cayo al agua, la sirena escucho el golpe del agua y nado hasta ahí. La sirena al ver al hombre golpeado, lo llevo a la cueva donde le canto bellas melodías. Cuando el hombre despertó vio a su lado a una bella mujer, el pregunto; cómo te llamas, la bella sirena le dijo; no tengo nombre me puedes dar uno y seré tuya por siempre. E l marinero le respondió; te llamare Bianca, ya que he caído en las Aguas Blanca del atlántico. Bianca muy feliz le pregunto... ¿Cuál es el nombre de este marinero que me ha dado libertad y un buen nombre? El marinero respondió; mi nombre es Iván, soy un marinero Ruso que buscaba la felicidad en las temibles olas del mar y ¿por qué dices que te he dado libertad?

La sirena respondió; Mis hermanas me encerraron en esta cueva oscura y no puedo salir, ya que necesito que mis colores reflejen la luz del día para tener fuerzas y poder nadar, pero ahora que mi corazón te pertenece, podremos ir al reino donde vivo y poder casarnos... Y Colorín colorado…

Las sirenas (en griego antiguo Σειρήν Seirến, ‘encadenado’, seguramente inspirado en el sánscrito Kimera, ‘quimera’) son seres fabulosos, originarios de la mitología griega y ampliamente extendidos en las narraciones fantásticas de la literatura occidental, cuya función y representación han variado con el tiempo.

viernes, 26 de febrero de 2010

CUENTO GIGANTE


EL GIGANTE TRANSPARENTE. Juan Chaves.

Hoy en el recreo me miró como cuatro veces. Aunque Luis estaba detrás de mí… ¿Lo miraba a él o a mí? Si lo miraba a él es una tramposa. Pero no importa, ahora ya no importa. Hoy… tiene que ser hoy… ¿Pero cómo hago? En el recreo no, hay muchos chicos, mejor la acompaño a tomar el micro y cuando doblamos la esquina… listo. No, no, en la esquina no… en la parada del micro siempre hay poca gente, mejor ahí. —Mabel, ¿te acompaño a tomar el micro? —Bueno, dale. ¡Uuy, qué bueno! Tengo que aprovechar cuando estemos esperando el micro. Ya me comí como cinco pastillas de menta para tener el aliento fresco. ¿Mabel tendrá mal aliento? Bueno, igual es un momentito, unos segundos nomás… ¿Cuánto tiempo tendrá que durar? —¿Querés una pastilla de menta? –No gracias. No sé de qué hablar, del amor no, si no sabemos nada, somos muy chicos. Le digo cualquier cosa de la escuela y chau… Pero justo ahora me siento raro. Me parece que el calor se me subió a los cachetes, tengo que respirar hondo. Tiene que ser hoy… ¿Tiene que ser hoy? Porque lo puedo dejar para mañana, cuando esté más tranquilo… No, no, tiene que ser hoy, ahora. Si no, va a pensar que soy un tarado.
—¡Qué calor! ¿No? —Y… más o menos… Espero que el gordo Freire no nos haya seguido, porque después empieza a cargarme. Si mañana me dice algo o me burla, lo reviento a trompadas. A ver… no, no nos siguió… Bueno, lo que tengo que hacer, ahora que llegamos a la parada, es ponerme en posición como lo estuve ensayando. Me pasé más de media hora frente al espejo poniendo la cabeza un poco torcida como en las películas. Debe haber alguna razón para que los que se van a besar inclinen la cabeza… Debe ser para que no choquen las narices, claro, si le aplasto la nariz con la mía no vamos a poder respirar. Después se entrecierran los ojos y se abre un poco la boca pero sin llevar los labios hacia adelante. Los tipos de las películas, cuando besan no ponen los labios con trompita como mi tía Gladys, que cada vez que me saluda me babosea las mejillas. En el momento del beso siempre veo que cierran por completo los ojos, no sé por qué… a mí me gustaría mirar un poquito. Cuando lo ensayé frente al espejo abrí los ojos y me pareció algo cómico. Ahora que me acuerdo… ¿Habré limpiado bien? Si mi mamá llega a ver la marca de mis labios en el espejo me va a matar… No, no hay forma de que sepa qué es, la marca no es como una huella digital.

Bueno, ya llegamos a la parada… ¿Y ahora? Bueno, ahí va… Si me recuesto sobre el caño que sostiene el cartel del micro y estiro un poco el cuello así… No, no queda muy natural. Mejor me inclino cerca de ella como mirando si viene el micro y trato de pronunciar frases que terminen en una “o” alargada para preparar los labios y entonces ahí sí. Podría ser: “me parece que ahí viene el microo… oo… ” No, no, qué tarado… Si le digo eso va a girar la cabeza y no lo voy a poder hacer. Tengo que estirarme un poco más, en puntas de pie. Ya me están doliendo las piernas y los cachetes siguen rojos… ¡Qué incómodo! —Juan, ¿qué hacés así todo torcido? —Nada… me parece que ahí viene el microo… ooo… —Bueno, entonces… mmmhh… mmhhhhh… ¿Qué pasa? Mmmhhh… Lo hizo ella, me ganó de mano… ¿Qué hago? Tiene los labios húmedos. ¿Hay que tener los labios húmedos? …no sabía que duraba tanto tiempo… —Chau, sonso… —Chau… ¿Así era? Estuvo lindo…Y mañana qué le digo? No, mañana me hago el enfermo y no voy a la escuela, así tengo tiempo para pensar… De pronto siento la sensación de que el pecho se me ensancha y se me infla como una pelota… Estoy más alto que antes de besarla, empiezo a crecer pero las cosas a mi alrededor no cambian de tamaño. Estoy más alto que el cartel de la parada del micro. Si, ahora estoy más grande que el árbol… ¡Qué raro, no tengo nada de miedo! Aumento de tamaño hasta llegar a la altura del segundo piso de un edificio… Tengo que cuidar mis movimientos porque cada vez estoy más alto y no quiero romper nada. Los árboles, los autos y los edificios parece que se achicaran. Me convierto en un gigante alto como un edificio de diez pisos, pero la gente no se asusta. Porque no me ve… ¿Por qué no me ven?… Ah, claro, soy un gigante transparente. ¡Un gigante transparente! Si quiero puedo jugar con las nubes, saltar un edificio alto, sentarme en el techo de una vieja casona, cruzar de un solo paso el lago del bosque, o destruir la ciudad. Pero no lo hago porque los gigantes transparentes somos buenos, somos felices y no necesitamos molestar a la gente chiquitita. Aspiro fuerte el aire de la tarde y provoco una brisa que mueve las copas de los árboles.

Estoy contento, tengo una alegría gigante y transparente… Quiero conocer más gigantes… Busco a otros gigantes transparentes que sean como yo, pero no encuentro a ninguno. ¿Será que la gente ya no se besa? Y Colorín colorado….


Hace poco fueron descubiertos en el norte de la India, esqueletos de seres humanos gigantes que medían hasta 10 metros de altura, descubrimiento que hizo el equipo de National Geographic (Nat Geo) con apoyo del gobierno de este país, pero con la asistencia del ejército, debido a que la zona es militarizada.

jueves, 25 de febrero de 2010

CUENTO INDECISO


EL BOSQUE DE LOS CUENTOS. Anónimo suizo

Érase una vez una pequeña chiquilla que importunaba a toda la gente para que le contaran un cuento. Importunaba a su madre, a su abuela, a su tía. Quien quiera que encontrara en su camino, tenía que contarle un cuento. Pero no todos se sentían dispuestos a ello. Todos se deshacían del pequeño espíritu importunador.

Entonces se encaminó la niña tristemente hacia el bosque. Por fortuna, se extendía éste muy cerca, junto a la casa. En el bosque se encontró con el cuclillo, que estaba sentado sobre una rama y gritaba: -¡Cu-cú! ¡cu-cú! -¿Por qué cantas siempre la misma canción? -dijo la muchacha-. ¡Explícame más bien un cuento! Entonces le contó el cuclillo la historia de cómo pone el huevo. El cuco lo lleva en el pico por el aire y lo coloca en un nido extraño. De este huevo sale luego un pequeño pájaro, que crece y crece, y se hace por último mayor que los pajaritos que le alimentan. Pronto se hace el nido demasiado pequeño para el cuclillo. Entonces arroja éste fuera del nido a todos los pequeños pajaritos, crecidos con él en el mismo nido. Pero el buen espíritu del bosque, que lo había visto todo, dijo: "Como castigo, no habrás de vivir tú nunca en un nido propio. Tus huevos habrás de llevarlos siempre en el pico por el aire, y tus hijos deberán clamar durante todo su vida por su madre perdida: ¡Cu-cú! ¡cu-cú!"

El pájaro chilló. -¿Es esto un cuento o una historia verdadera? -preguntó la niña. -¡Cu-cú! ¡Cu-cú! -se oyó a lo lejos. Entonces no supo la niña qué pensar, y penetró más profundamente en el bosque. Así caminando, llegó hasta los sombríos abetos. Bajo sus pies crujía una alfombra de millones de pardas agujas. En lo alto rumoreaba el viento, entre las verdes copas de los altivos abetos gigantes. Pero junto a ellos se alzaban tres pequeños abetos en la oscuridad, los cuales no tenían una sola ramita verde. -¿Por qué llevan un vestido tan pardo de luto? ¡Oh, explíquenme la historia de ustedes! -rogó la pequeña. Entonces tomó la palabra el mayor de los tres jóvenes abetos y dijo: -Nosotros somos los más jóvenes abetos de este bosque, y queríamos levantarnos juntos los tres hacia el sol; pues habíamos oído decir que era hermoso y bueno, y que era un rey. Así, pues, nos pusimos nuestros vestidos de fiesta y extendimos los brazos; pero nuestros hermanos mayores nos cerraron el camino. "-¡A nosotros nos pertenece el Sol! -dijeron ellos-. Nosotros somos más grandes y hermosos que ustedes. Deberían avergonzarse. ¡Ocúltense! "Orgullosos, se elevaron ellos cada vez más altos, más altos, hasta que llegaron al Sol. Entonces celebraron una fiesta e invitaron a todos los pájaros cantores del bosque. "-¡Hágannos también un poco de sitio! -rogábamos nosotros cada día. "No pretendíamos más que ver solamente el manto del rey Sol; pero nuestros hermanos mayores extendían rumoreando sus vestidos y nos ocultaban, para que el Sol no pudiera encontrarnos. Entonces dejamos caer nosotros el vestido verde de fiesta y nos vestimos de pardo luto. Este luto lo conservaremos nosotros hasta nuestra muerte, que bien pronto habrá de venir."

Entonces preguntó la niña: -¿Es esto un cuento o una historia verdadera? Los tres pequeños abetos guardaron silencio, pero dejaron caer sus agujas, y con esto pareció como si lloraran. La pequeña muchacha fue a buscar una azada y arrancó con ella, uno después de otro, a los pequeños abetos y los plantó de nuevo en el borde del bosque. Buscó luego agua del manantial y les dio de beber. El Sol se asustó cuando vio a las tres criaturas del bosque con su vestidito de luto. Las acarició con sus rayos y las consoló: Pronto tendrán mejor aspecto. Mis rayos tejerán para ustedes el más hermoso vestido de fiesta, y yo estaré al lado de ustedes desde la mañana hasta el anochecer.

Siguió entonces la pequeña muchacha su camino. El sendero del bosque corría recto, y no parecía tener fin. De repente, sintió la niña un escalofrío en las espaldas; en medio del camino yacía una pequeña ardilla que agonizaba a causa de una herida en el cuello. -¿Por qué has muerto tú? -preguntó la niña-. Te hubiera rogado tan a gusto que me contaras un cuento... Entonces empezó a hablar la roja sangre.
-Allí arriba, entre el verde reino de las hojas, hay una casita redonda. En ella vive una madre con sus cinco hijos. "No salgan hasta que esté yo de nuevo en casa", dijo la madre cuando salió en busca de alimento para sus pequeños. Cuatro de ellos supieron obedecer. El quinto, sin embargo, miraba continuamente por la puerta redonda. Cien mil hojas lo saludaban y le susurraban: "¡Sal! Te contaremos un cuento". Entonces salió afuera la pequeña ardilla. Escuchó y escuchó, tan pronto en éste como en aquel árbol, y finalmente quiso marcharse al bosque vecino. Pero en medio del camino fue víctima del pérfido ladrón. "¡Madre!", gritó todavía; pero la madre estaba muy lejos y no podía oírla. Entonces cerró la pequeña ardilla los ojos. -¿Es esto un cuento o una verdadera historia? -preguntó la niña. La sangre calló, y la muchacha contempló tristemente al pequeño animalito muerto.

-¡Madre! -gritó de repente la niña, y rompió a llorar. Luego dio media vuelta y volvió sobre sus pasos. Corrió hasta perder el aliento, hasta que se encontró de nuevo en casa, abrazada a su madre. A la mañana siguiente salió, sin embargo, de nuevo al bosque y así cada día; pues allí le explicaban cuentos todas las cosas. ¿O eran tal vez historias verdaderas? La pequeña muchacha no lo sabía, pero las escuchaba a gusto por su vida. Y Colorín colorado…

En la Edad Media, las personas se entretenían contándose narraciones que trasmitían sus impresiones y explicaciones del mundo conocido y desconocido.

miércoles, 24 de febrero de 2010

CUENTO VOLADOR


EL AVIÓN DE MATÍAS. Edith Mabel Russo

Matías lleva su avioncito de juguete preferido al Jardín. Pero el avioncito se aburre mucho y emprende un mágico vuelo. Había llegado la hora de ir al jardín. Mientras Matías terminaba de tomar la leche, la mamá se fijó si en la bolsita estaba todo preparado. La abrió y sí, estaba todo: la toallita, el mantel con la servilleta, el vaso para la merienda y… el avión amarillo… —¿Y este avión? ¿Qué hace en la bolsa? —Preguntó la mamá—. Sabes bien que la señorita Liliana no quiere que lleves juguetes al jardín… ¡Se pueden perder! —¡Hoy sólo, mami! ¡Dale! ¡Hoy solito! Y la mamá lo dejó pero… Tal como se lo había dicho, cuando la señorita Liliana lo vio a Matías jugando con el avión le dijo: —¡Ay! Matías… ¿No te dije muchas veces que tienes que jugar con los juguetes que hay en la salita? ¡Dámelo! Lo ponemos sobre la biblioteca y cuando te vas, te lo llevas. Ahora… ¡A cantar!

Entonces Matías se fue a la sala de música con todos los chicos y sobre un libro de cuentos quedó el avioncito amarillo… —¡Estoy muy aburrido! —dijo rezongando y ¡RUMM! ¡RUMM! sin pensarlo dos veces, empezó a volar por toda la salita… Sobre las mesas y las sillas. Sobre la biblioteca y el rincón de la mamá. Las muñecas le decían: ¡Adiós! Los libros se cerraban y se abrían para saludarlo y los crayones se desparramaban por el piso escribiendo: ¡Adiós! ¡Adiós!, con todos los colores del arco iris. Dio tantas vueltas alrededor de la sala que de repente dijo: —¡Sigo aburrido! ¡Mejor salgo un rato a pasear! —¡RUMMM! ¡RUMMM! —aceleró el motor y salió por la ventana. ¡Ahora sí que se divertía! ¡Volaba y volaba! Cruzaba el celeste del cielo una y otra vez. Cabeza arriba, cabeza abajo…, el ¡RUMMM! ¡RUMMM! de su motor quebraba el silencio de la mañana.

Todo estaba bien, demasiado bien, pero de pronto… ¡PAF! quedó enganchado entre las ramas de un árbol. —¡Ay! —dijo el avioncito—. ¡Me duele todo! ¡Me duele un ala! ¡Me duele la otra! ¡Me duele la cola! ¡Me duele la hélice! —¡RUMMMMMMM! —hacía el motor con toda la fuerza pero no podía desengancharse. Al rato no más, ¡por suerte!, pasaron por allí como cien mariposas. Apenas lo vieron, lo rodearon por completo y tomándolo suavemente lo desengancharon… —¡Gracias! —dijo el avioncito—. ¿Quieren venir conmigo a dar un paseo? —¡Claro que sí! —dijeron las mariposas y se pararon sobre el techo, las alas y la cola del avioncito.

¡Qué manera de volar! ¡Qué manera de divertirse! De pronto el avioncito dijo: —¡Tengo que irme. ¡Si Matías no me encuentra va a llorar muchísimo! —¡Te acompañamos! —dijeron las mariposas, y todos juntos entraron por la ventana de la salita… Cuando los chicos terminaron de cantar, fueron a buscar las toallitas para lavarse las manos y… ¡Qué sorpresa! ¡No podían creer lo que veían! Sobre la biblioteca estaba el avioncito amarillo en el medio de una ronda de mariposas de colores.

—¡Vamos! ¡A lavarse las manos! —dijo la señorita Liliana.

Y todos hicieron caso dando saltitos de alegría porque, para acompañarlos, se formó de repente sobre sus cabezas un techo multicolor de burbujas de jabón y mariposas. Y Colorín colorado…

La historia de aviones de papel, probablemente se remonta a las primeras páginas de papiro que fueron arrojados a la basura. The first flying devices to use paper were kites in China about 2000 years ago. Los primeros dispositivos que vuelan a utilizar papel de cometas en China se hace aproximadamente 2000 años.


martes, 23 de febrero de 2010

CUENTO APASTELADO


LOS PASTELES Y LA MUELA. Cuento popular recogido por Juan de Timoneda (S. XVI) en su libro Sobremesa y alivio de caminantes (Cuento XXII). Francisco J. Briz Hidalgo

Un labrador tenía muchas ganas de ver al Rey porque pensaba que el Rey sería mucho más que un hombre. Así que le pidió a su amo su sueldo y se despidió. Durante el largo camino hasta la Corte se le acabó todo el dinero y cuando vio al Rey y comprobó que era un hombre como él, pensó: «Por ver un simple hombre he gastado todo mi dinero y sólo me queda medio real» Del enfado le empezó a doler una muela y con el dolor y el hambre que tenía no sabía qué hacer, porque pensaba: «Si me saco la muela y pago con este medio real, quedaré muerto de hambre. Si me compro algo de comer con el medio real, me dolerá la muela»

Estaba pensando lo que iba a hacer cuando, sin darse cuenta, se fue arrimando al escaparate de una pastelería donde los ojos se le iban detrás de los pasteles. Vinieron a pasar por allí dos lacayos que le vieron tan embobado contemplando los pasteles que para burlarse de él le preguntaron:- Villano, ¿cuántos pasteles te comerías de una vez? Respondió: - Tengo tanta hambre que me comería quinientos. Ellos dijeron: - ¡Quinientos! ¡Eso no es posible! Replicó: - ¿Os parecen muchos?, podéis apostar a que soy capaz de comerme mil pasteles. Dijeron: - ¿Qué apostarás?
- Que si no me los comiere me saquéis esta primera muela, dijo señalando la muela que le dolía.

Estuvieron de acuerdo, así que el villano empezó a comer pasteles hasta que se hartó, entonces paró y dijo: - He perdido, señores. Los otros, muy regocijados y bromeando, llamaron a un barbero que le sacó la muela. Para burlarse de él decían: - ¿Habéis visto este necio villano que por hartarse de pasteles se deja sacar una muela? Respondió él: - Mayor necedad es la vuestra, que me habéis matado el hambre y sacado una muela que me estaba doliendo.

Al oír esto todos los presentes comenzaron a reír. Los lacayos humillados pagaron y se fueron. Y Colorín colorado…

Según el
Diccionario de la Real Academia Española, pastel o torta es una «masa de harina y manteca, cocida al horno, en el que ordinariamente se envuelve crema o dulce, y a veces fruta,

lunes, 22 de febrero de 2010

CUENTO ENDIABLADO


LOS ZAPATOS DEL DIABLO. AUTOR DESCONOCIDO.

Un día el diablo, con voz ronca y fea, le dijo a un diablito que estaba a su lado: "Tengo ganas de pasear. Estoy cansado de vivir en este hueco del infierno, y me voy a conocer mundo, a viajar en aviones y en trenes, a montar en buque y en burritos orejones. Quiero recorrer la tierra toda, y sembrar el mal por donde vaya pasando". El diablito a quien dijo el diablo todas estas cosas, no respondió nada, pero movió la cola, como para decir que no le importaba que el diablo grande se fuera. Pasados algunos días de mucho calor, pues eran días pasados en los mismos infiernos, el diablo comenzó a viajar, con su cara de diablo, y con una maleta llena de espejitos y chucherías para engañar a los niños y a los hombres. Pero antes de partir, el demonio dejó todas sus cosas muy bien arregladas en el infierno. Dejó hasta la dirección de los hoteles y los países que iba a visitar.

El diablo llegó a la tierra no se sabe cómo. Dicen algunos que llegó montado en una paila voladora, en una paila con alas y sonido de avión. Pero parece que lo cierto fue que llegó en sus paticas, por un túnel muy largo y muy negro, que él mismo abrió con los cuernos debajo de la tierra. En todo caso, la verdad fue que llegó, y comenzó a andar por caminos y caminos; hasta que tocó en un país muy hermoso, donde los días eran como catedrales de oro, y las noches como mujeres negras con estrellas en la cabeza. El cielo de aquel país era azul, azul, y la tierra era verde, verde. El diablo, al verse en una tierra tan linda, en una tierra igual al paraíso, pensó que lo mejor era quedarse un tiempo allí y dedicarse a la maldad. Lo primero que hizo fue matar una mariposa que pasó a su lado. Después, con un carbón encendido que tenía guardado en el bolsillo, quemó a un niño que estaba recogiendo flores en el campo, y más tarde, a la entrada de un pueblo, le robó el sombrero a un ciego que estaba sentado al borde del camino. Finalmente, el diablo entró al pueblo, sin dejarse ver de la gente que a esa hora estaba rezando o cantando, y se escondió en la alcaldía, debajo de unas escopetas que estaban recostadas a la pared. Allí pasó la noche haciendo planes para el día siguiente, y comiendo sapos, ratones, cueros de tigre, y pedazos de cementerio. Nadie se enteró aquella noche de que el diablo estaba en el pueblo, y todos los habitantes durmieron tranquilamente. Algunos hasta soñaron con ovejitas blancas y velas encendidas a los pies del Niño Jesús, porque era diciembre y por todo el cielo se veían pasar ángeles con resplandores en las alas.

Pero volvamos a los pasos del diablo. El enemigo malo, como dicen algunas viejitas arrugadas y cariñosas, después de pasar la noche en la alcaldía, se levantó muy temprano y se dirigió a la zapatería del pueblo: Como era muy temprano y el zapatero no había llegado aún, el diablo tuvo que esperar un buen rato, y resignarse a que las personas que pasaban para misa lo miraran extrañamente. Al fin llegó el zapatero, recién bañado, y con un bigote muy grande y muy gracioso sobre la boca. El diablo saludó al recién llegado con mucha simpatía, y le dijo que necesitaba unos zapatos nuevos. El zapatero, que era un hombre bueno, y que estaba enseñado a tratar con gente honrada, le respondió al diablo que lo iba a atender con gusto, y lo invitó a entrar a la zapatería. El demonio se sentó en un taburete de cuero y empezó a medirse zapatos de todos los tamaños, y al fin se quedó con unos grandotes, que parecían fabricados con cuero de elefante. Después pagó la cuenta, con billetes manchados de sangre, y salió con los zapatos puestos. El zapatero se quedó en la puerta de la zapatería, acariciándose el bigote con una mano, y con la otra rascándose la nuca.

El diablo empezó entonces a recorrer todo el país donde el cielo era azul, azul, y la tierra era verde, verde. Donde pisaba con los zapatos nuevos, el demonio dejaba una quemadura roja que secaba la hierba y hacía llorar a los arbolitos recién nacidos. Era tanta la maldad de este forastero, y eran tan bandidos y tan despiadados sus zapatos, que toda la tierra de aquel país maravilloso empezó a sufrir. Por todas partes se veían las pisadas del diablo, y se veían pasar muchachitos con lágrimas en los ojos, y con sombreritos de paja, tristemente puestos sobre la cabeza. El cielo azul, azul, poco a poco se fue volviendo negro, y la tierra verde, verde, poco a poco también, se fue poniendo del color de la ceniza. Cuentan las personas que les tocó vivir en aquella época, que los platos amanecían quebrados en las cocinas de las casitas campesinas, y que las golondrinas no volvieron a volar por la tarde sobre las torres de las iglesias. Las mismas personas dicen que las muñecas con que juegan las niñas no volvieron a decir papá ni mamá, y los gallinazos parados en los tejados de las casas, se aburrían como señores serios. Ciertamente el diablo estaba haciendo de las suyas en aquel país. Por la noche se oían las pisadas infernales en los corredores de las fincas, en las calles empedradas de las aldeas, y en el piso de las pesebreras, donde los caballos comen hierba, y hacen espuma con la boca.

Pero la noticia de que el diablo estaba en aquel país de ríos largos y de madres dulces, se extendió rápidamente por ranchos, pueblos, palacios y ciudades. Nadie se quedó sin saber que era el mismo diablo el que estaba pisando los caminos, las flores, las hormigas, las cabecitas de los grillos, y los ojitos de las lagartijas. Nadie se quedó sin saber, tampoco, que el demonio estaba calzado con unos zapatos grandotes y crueles, y que estos zapatos echaban chispas y olían a pólvora y a muerto. Entonces los hombres, las mujeres, los niños, y hasta los viejos que tienen que apoyarse en un bastón para poder caminar, se juntaron para perseguir al diablo y acabar con él. Los hombres abrieron huecos en los caminos para que el patas se cayera en ellos. Las mujeres se pusieron a rezar y a quemar ramo bendito en todos los rincones de las casas. Los niños, con gorros de papel, se montaron en sus caballitos de madera, y se fueron a cuidar los nidos de los azulejos. Y los ancianos clavaron los bastones en las montañas, como espadas, para indicar que ellos también estaban en la guerra contra el demonio.

Cuando el diablo se dio cuenta de que toda la gente de aquel país, con palos y con piedras y con gritos, lo estaban persiguiendo, se amarró bien los zapatos, y empezó a caminar más rápidamente, y a mirar para atrás, como los ladrones que temen ser alcanzados por los policías. Desde entonces la vida del diablo fue muy dura. No pudo volver a dormir ni a descansar. Día y noche andaba y andaba, día y noche sufría caídas y tropezones, día y noche mordía polvo y piedras puntiagudas. Sin embargo, el diablo no dejaba de hacer el mal, y por donde pasaba, como era su costumbre, pisaba los maizales, y los dejaba envueltos en llamas, en humo y en azufre. Pero de tanto caminar, de tanto huir a través de desiertos y bosques, los zapatos del diablo se fueron gastando. Llegó un momento en que perdieron el brillo y el poder para matar las hojitas de la hierba. Ya no sonaban como el día en que se los puso por primera vez, como el día en que se los compró al zapatero, y empezó a dar pasos orgullosos y destructores. Todas las noches, con la luz de la luna y de las estrellas, el diablo miraba sus zapatos, y comprendía que muy pronto se iba a quedar descalzo. Mientras tanto, la gente de aquel país lo seguía persiguiendo, y en los periódicos salían noticias alarmantes para todos, pues se decía en aquellas noticias que iba a ser imposible alcanzar al diablo, porque este disponía de muchos recursos para burlar a sus perseguidores, y además sus zapatos, más que caminar, volaban sobre el polvo de los caminos.
Pero la verdad era que los zapatos del diablo se seguían gastando. Con los tropezones las costuras se reventaron, finalmente, y las suelas se doblaron como lenguas de vacas tristes. El diablo, casi descalzo, seguía corriendo, y dejando en el suelo pedazos de sus zapatos rotos. Hasta que empezaron las espinas a herir los pies del fugitivo. El pobre diablo ya no sabía qué camino tomar. Constantemente se detenía para descansar un poco, pero haciendo un esfuerzo terrible, y acosado por los perseguidores, que prácticamente lo tenían sitiado, lograba reanudar la marcha. Al fin, el diablo perdió todas sus fuerzas, y cayó al suelo pesadamente, y con la cara llena de sudor y de lágrimas.

Los habitantes de aquel país maravilloso encontraron al diablo casi muerto, y con los pies desnudos, pues definitivamente había perdido los zapatos. Pero nadie se atrevió a rematar al infeliz con pedradas y golpes de culata. Un viejo muy hermoso, que parecía ser el jefe de todos, dijo simplemente: "al diablo se lo llevó el diablo". Después, el mismo viejo, pidió a sus amigos que regresaran a las casas a hacer una vida pacífica y feliz. Y Colorín colorado…

Existen evidencias que nos enseñan que la historia del zapato comienza a partir del año 10.000 a.C., o sea, al final del periodo paleolítico (pinturas de esta época en cuevas de España y sur de Francia, hacen referencia al calzado) .

domingo, 21 de febrero de 2010

CUENTO ENCANTADO


LA NIÑA Y EL HADA. Blog. SOÑADORA ROMÁNTICA.

Érase una vez una niña que creía en la magia de las hadas y soñaba con poder verlas. Un día, caminaba por el parque cuando de pronto vio una pobre mariposa atrapada entre espinas; aleteaba desesperada intentando desprenderse. La niña la rescató con muchísimo cuidadito...¡Sorpresa! La mariposa herida se convirtió en un hada: "¡Pídeme un deseo y te lo concederé como recompensa por haber sido tan generosa conmigo!" -"Yo sólo quiero ser feliz”. ”¡Concedido!", y el hada le susurró algo al oído antes de desaparecer entre las flores.

Desde entonces aquella niñita irradiaba alegría allá por donde iba, y todo el mundo se acercaba a preguntarle cuál era su secreto. -"¡Parece un hada!", decía la gente. -"¡Qué amable es! Siempre está dispuesta a ayudar a todos..." Tenía muchos amigos, aunque algunos sólo pretendían averiguar su secreto al acercarse a ella; no eran auténticos amigos... Siempre que enfermaba alguien, era requerida junto al enfermo porque la alegría que transmitía era la mejor medicina para todos. Una simple caricia de sus manitas aliviaba todos los dolores... Así creció y siguió siendo feliz. Pero los envidiosos no dejaban de criticarla, tachándola incluso de bruja; les hubiera gustado atraparla y destruirla. Siendo ya muy anciana, sintió que se acercaba el momento de abandonar este mundo.

Todo el pueblo estaba a su alrededor y lloraban desconsolados pensando que la felicidad les abandonaría para siempre si ella desaparecía. -"¡Por favor, por favor, cuéntanos tu secreto antes de partir! ¿Qué te susurró el hada?" Ella les sonrió dulcemente, y con una voz muy suave les contestó: "¡No olvides que todos te necesitan!, esto fue lo que me dijo el hada".

Cerró sus ojos y una corte de invisibles hadas la tomó en sus brazos y la llevaron a su reino. Allí encontró sus alas: ¡SE HABÍA CONVERTIDO EN UN HADA! Y Colorín colorado…

¿Existen las hadas? Todos los niños creen en las hadas, quizá sea porque pueden verlas. Pero cuando se hacen amigos suyos y las fotografían, el hecho se convierte en noticia.



sábado, 20 de febrero de 2010

CUENTO FLORECIDO


EL PAIS DE LAS FLORES. PICHIN

En el País de las Flores reinaba la amistad, la felicidad y la alegría, y eso se reflejaba en las flores que crecían por todas partes. Flores blancas, amarillas, rojas, verdes, rosas, azules.. ¡Sí, también había flores azules!. Había flores de todos los tamaños, formas y colores. Los pájaros cantaban de alegría ante tanta belleza. Al llegar el invierno Pichín, un pajarito azul tenía que emigrar con mucha tristeza y buscar otro país más cálido,, aunque nunca encontraba un país tan hermoso como el País de las Flores.

En este país siempre había flores, incluso en invierno, las flores crecían entre la nieve y el hielo. El secreto de este misterio era la paz y el amor que practicaban sus habitantes. Pero este invierno sería diferente… Andrés y Jaime eran dos hermanos gemelos que siempre habían compartido todo, eran muy amigos y nunca habían discutido, al igual que el resto de habitantes del País de las Flores.

Por su cumpleaños, su mamá les regaló una bicicleta a cada uno, una era de color verde y la otra era de color azul. Cuando los niños vieron las bicicletas se pusieron muy contentos, pero ambos querían la bicicleta verde. A la mamá de los niños le fue imposible encontrar otra bicicleta verde, así que les dijo: “Ninguno cogerá una bicicleta hasta que no os pongáis de acuerdo y hagáis las paces” Los niños se enfadaron muchísimo y prefirieron no jugar con las bicicletas antes que ponerse de acuerdo. Se enfadaron tanto que la paz y la alegría del País de las Flores desapareció. Las flores comenzaron a desaparecer poco a poco, hasta que los colores desaparecieron y todo tenía un triste color gris.

Al llegar la primavera, Pichín volvía con alegría a su país favorito, pero al llegar no podía creer lo que estaba viendo. Los campos y jardines ya no existían, todo el mundo estaba triste y enfadado, ya no había flores y el color y la alegría se habían transformado en tristeza. Pichín vio una florecilla que apenas tenía fuerza para permanecer de pie, se acercó a ella y le preguntó ¿Qué ha pasado con las flores? ¿Por qué hay tanta tristeza? La flor apenas podía hablar, pero le contó todo lo que había pasado.

Entonces Pichín comenzó a volar sobre el país buscando a los hermanos pero la tristeza había invadido todas las casas y era imposible localizarlos, así que comenzó a cantar, fue de casa en casa alegrando a todos los niños y niñas, que al oírle salían de sus casas asombrados de que alguien estuviera tan contento como para cantar. Poco a poco todos fueron recuperando la alegría y las flores comenzaron a crecer, llegaron más pajarillos que ayudaban a Pichín a devolver la alegría y la vida al País de las Flores. Y así poco a poco todo volvió a ser como antes, todo menos la casa y el jardín de los hermanos que habían discutido.. Ahora le fue más fácil a Pichin encontrarlos, ya que en todas partes crecían las flores menos alrededor de la casa de Andrés y Jaime. Entonces Pichín y sus amigos se acercaron a la casa y todos juntos comenzaron a cantar con mucha alegría, tan fuerte cantaron que Andrés que estaba en la planta de arriba se asomó por la ventana para ver que pasaba, Jaime que estaba en el garaje también se asomó muy curioso para ver que pasaba.

Los dos hermanos corrieron a la puerta de la casa y se quedaron boquiabiertos contemplando como los pájaros cantaban frente a ellos y como los niños jugaban juntos con alegría y las flores crecían por todas partes, les dio mucha tristeza ver como en su casa no había flores y toda su familia andaba triste y muy preocupada, entonces Andrés y Jaime se miraron y con los ojos llenos de lágrimas se dieron un gran abrazo. ¡Por fin hicieron las paces! Las flores comenzaron a crecer también en su jardín y su mamá que vio como se abrazaban se puso muy contenta y salio para abrazarles también. Después de todo el invierno sin jugar Andrés y Jaime aprendieron que discutir por un juguete no es motivo para que la tristeza gane a la alegría, desde ese momento compartían todo y no había nada que no fuera de los dos. Y Colorín colorado…

Desde mucho tiempo atrás, las flores han sido un noble medio para dar a conocer y transmitir sentimientos.

jueves, 18 de febrero de 2010

CUENTO COCINERO



EL SARTENAZO. Pedro Pablo Sacristan

La rana Renata era la mejor cocinera de los pantanos y a su selecto restaurante acudían todas las ranas y sapos de los alrededores. Sus "moscas en salsa de bicho picante" o sus "alitas de libélula caramelizadas con miel de abeja" eran delicias que ninguna rana debía dejar de probar, y aquello hacía sentirse a Renata verdaderamente orgullosa.

Un día, apareció en su restaurante Sopón dispuesto a cenar. Sopón era un sapo grandón y un poco bruto, y en cuanto le presentaron los exquisitos platos de Renata, comenzó a protestar diciendo que aquello no era comida, y que lo que él quería era una buena hamburguesa de moscardón. Renata acudió a ver cuál era la queja de Sopón con sus platos, y cuando este dijo que todas aquellas cosas eran "pichijiminadas", se sintió tan furiosa y ofendida, que sin mediar palabra le arreó un buen sartenazo.

Menuda trifulca se armó. A pesar de que Renata enseguida se dio cuenta de que tenía que haber controlado sus nervios, y no dejaba de pedir disculpas a Sopón, éste estaba tan enfadado, que decía que sólo sería capaz de perdonarla si él mismo le devolvía el sartenazo. Todos trataban de calmarle, a sabiendas de que con la fuerza del sapo y la pequeñez de la rana, el sartenazo le partiría la cabeza. Y como Sopón no aceptaba las disculpas, y Renata se sentía fatal por haberle dado el sartenazo, Renata comenzó a hacer de todo para que le perdonara: le dio una pomada especial para golpes, le sirvió un exquisito licor de agua de charca e incluso le preparó.. ¡una estupenda hamburguesa de moscardón! Pero Sopón quería devolver el porrazo como fuera para quedar en paz. Y ya estaban a punto de no poder controlarle, cuando apareció un anciano sapo caminando con ayuda de unas muletas. - Espera Sopón-dijo el anciano- podrás darle el sartenazo cuando yo te rompa la pata. Recuerda que yo llevo muletas por tu culpa.
Sopón se quedó paralizado. Recordaba al viejo que acababa de entrar. Era Sapiencio, su viejo profesor que un día le había salvado de unos niños gamberros cuando era pequeño, y que al hacerlo se dejó una de sus patas. Recordaba que todo aquello ocurrió porque Sopón había sido muy desobediente, pero Sapiencio nunca se lo había recordado hasta ahora...

Entonces Sopón se dio cuenta de que estaba siendo muy injusto con Renata. Todos, incluso él mismo, cometemos errores alguna vez, y devolver golpe por golpe y daño por daño, no hacía sino más daño. Así que, aunque aún le dolía la cabeza y pensaba que a Renata se le había ido la mano con el sartenazo, al verla tan arrepentida y haciendo de todo para que le perdonase, decidió perdonarle. Y entonces pudieron dedicar el resto del tiempo a reírse de la historia y saborear la rica hamburguesa de moscardón, y todos estuvieron de acuerdo en que aquello fue mucho mejor que liarse a sartenazos. Y Colorín colorado…

La palabra "hada" procede del latín "fata" derivación ésta de la palabra "fatum". Consideradas en la epoca antigua como unas diosas. Tiene todas un tabu especial que no soportan; la sal.

miércoles, 17 de febrero de 2010

CUENTO EN COLORES


VIVIR EN COLORES. Escritora de cuentos y poesías para niños de la ciudad de Pergamino, Argentina.

En el país de TAL PARA CUAL los pensamientos andan volando y en las esquinas se pueden comprar sueños a $ 2.50.- En el país de TAL PARA CUAL los días pasan de dos en dos porque el año tiene 24 meses y deben estar acordes al resto de los países. Es un país chiquito, tranquilo y un poco aburrido. Allí la vida es diferente, empezando por los días que lucen distintos. El lunes es todo verde y sus habitantes visten ropas y accesorios de ese color; salen a pasear en vehículos engalanados al tono y las comidas son budín de espinacas, croquetas de acelga y ensaladas de pepinos con lechuga. De postre, pastel de kiwi y tarta de manzanas verdes. El martes se despierta en color violeta y pasar ese día es más difícil porque no a todos les sienta bien. A los señores no les quedan los trajes oscuros. El repollo cae algo pesado pero los postres de arándanos y los bombones de uva saben riquísimos. El miércoles la cosa cambia porque es el turno del rojo. Y las señoras y señoritas, niñas y viejas y jovencitas salen a pasear con sus vestidos color fuego y despliegan sus sombrillas con puntillas coloradas para cubrirse del sol. Ese día se comen ensaladas de tomate, rabanitos y mucha fruta como manzanas deliciosas, frutillas, guindas, ciruelas y exquisitas uvas rosadas.

El día más esperado es el domingo porque el Arco Iris temprano avisa en que colores transcurrirá la vida. Pero en la mañana del domingo 32 de febrero sucedió un hecho terrible. ¡El Arco Iris se quedó dormido!. El gallo que acostumbraba despertar temprano a todos con sus fuertes quiquiriquíes, esa mañana no cantó. Las palomitas, gorriones y torcacitas no fueron a buscar comida para los pichones y éstos chillaban de hambre.
El sol seguía escondido detrás de las nubes y a la luna se le cerraban los ojos de sueño pero no podía irse a su casa porque estaba oscuro todavía.

Los pobladores se levantaron varias veces a espiar por las ventanas pero como no se veía nada seguían durmiendo. Los pimpollos de las rosas, ansiosos por abrir sus pétalos de colores esperaban impacientes con los ojitos cerrados temiendo marchitarse antes de ser flor. El reloj Cu Cu se dio cuenta que no se puede dormir todo el sueño en una sola noche y comenzó a cantar. Primero entre temeroso y ronco dijo - ¡cu cu! -, pero las luces no aparecían. - ¿Será muy temprano aún? – se preguntó asomando el pico para tantear las agujas y al darse cuenta la hora que era, con todas sus fuerzas chilló - ¡CU CU! ¡CU CU! – una y otra vez.

El Arco Iris fue el primero en despertarse y en el apuro por vestirse se le cayó el color amarillo, entonces todos salieron a saludar vestidos con trajes de sol. Pero cuando se lavó los dientes, el naranja salpicó en forma de lluvia y los habitantes corrieron a cambiarse de ropa. Sacaron la mermelada de duraznos para desayunar y pusieron las naranjas y mandarinas en las fruteras, pero cuando el Arco Iris, algo turbado por los hechos, comenzó a cepillar su cabellera de estrellas, todos los colores cayeron en diferentes lugares del país y cada habitante corría a combinar vestidos de diversos tonos. - ¡Pero que gran lío!- decía el Arco Iris observando desde lo alto como el poblado lucía colores entreverados. Esa mañana, que ya era mediodía, en el país de TAL PARA CUAL, descubrieron que vivir combinado los colores era muy divertido.
Los pensamientos que volaban siempre en un mismo tono, ese domingo eran como papel picado salpicando la cabeza de los pobladores y el puesto de los sueños de las esquinas los ofrecían en promoción a $ 2 el ramillete de tres sueños matizados.
El Arco Iris se detuvo un instante y observó que la vida del pequeño país había cambiado. Todos reían e intercambiaban coloridos saludos. Los señores se veían muy frescos con sus camisas escocesas y las damas lucían juveniles vestidos de estampadas flores. Entonces se sentó sobre una nube pasajera y meditó un instante.

- Yo sé que TAL PARA CUAL es un país distinto, pero igual se puede seguir siendo talparacuelense viviendo con todos los colores a la vez. Una señora saldrá con vestido azul y el caballero la acompañará con su corbata al tono. Una jovencita se pondrá zapatillas fucsias con cordones flúo y los varones remeras con garabatos igual. ¡Sí, sí! – se convencía. – No quedará mal el país. Los colores se pueden amalgamar igual siendo diferentes -, reflexionaba en voz baja el Arco Iris, mientras en el país todo era algarabía. - ¡Un momento!, ¡Un momento! – interrumpió haciendo sonar los cascabeles de los truenos y los habitantes hicieron silencio para escucharlo. - Dormirme… me dio una idea quizás un poco alocada la de entreverar colores y escribir poesía rimada. ¡Uy! Perdón se me escaparon unos versos por la emoción – dijo el Arco Iris que quería decir algo pero se le atravesaban las palabras. Entonces el viento le sopló al oído y una ráfaga de letras se escuchó en el aire. - DESDE AHORA VIVAMOS CON TODOS LOS COLORES A LA VEZ! - ¡Bravo! ¡Bravo! – gritaban los pobladores revoleando los sombreros y desplegando las sombrillas para festejar esa gran decisión. Y desde ese día TAL PARA CUAL fue un gran paraíso donde todos los árboles florecían en primavera y las flores abrían sus ojos temprano cada mañana. Sus habitantes caminaban contentos y se cambiaban de ropa cuatro veces por día. Las verduras crecían todas juntas en la misma huerta y las frutas compartían la ensalada para las fiestas. El señor Arco Iris se despertaba temprano todas las mañanas y se daba un fresco baño de rocío antes de saludar a todo el país con sus versos arrimados.

- ¡Buenos Días! Verdes, rojos y amarillos azules, turquesas y lilas. ¡Hola! A todos los violetas y celestes. Todos juntos celebremos Los colores de la vida. Y Colorín colorado…

Se considera color primario al color que no se puede obtener mediante la mezcla de ningún otro. Estas teorías fueron desarrolladas por la Escuela Francesa de pintura en el siglo XVIII, y se siguen aplicando en las escuelas de pintura y..

lunes, 15 de febrero de 2010

CUENTO LADEADO


EL JOVEN CANGREJO. Gianni Rodari

Un joven cangrejo pensó: "¿Por qué todos los miembros de mi familia caminan hacia atrás? Quiero aprender a caminar hacia delante, como las ranas, y que se me caiga la cola si no lo consigo". Empezó a entrenarse a escondidas, entre las piedras de su arroyuelo nativo, y los primeros días le costaba muchísimo trabajo lograrlo. Chocaba contra todo, se magullaba la coraza y una pata se le enredaba con la otra, pero las cosas fueron mejorando lentamente, porque todo puede aprenderse cuando se desea de veras.

Cuando estuvo bien seguro de sí mismo, se presentó ante su familia y les dijo: Fijaos. Y dio una magnífica carrerilla hacia delante. - Hijo mío -dijo llorando la madre, ¿has perdido el juicio? Vuelve en ti y camina como te han enseñado tu padre y tu madre; camina como tus hermanos, que tanto te quieren. Sus hermanos no obstante, se tronchaban de risa.

El padre se lo quedó mirando un rato severamente, y luego dijo: - ¡Ya basta! Si quieres quedarte con nosotros, camina como todos los cangrejos. Si quieres hacer lo que te parezca, el arroyo es bastante grande. Vete y no regreses más. El buen cangrejo quería a su familia, pero estaba convencido de que tenía la razón. Abrazó a su madre, saludó a su padre y a sus hermanos y se marchó. Su paso despertó inmediatamente la sorpresa de un grupo de ranas que, como de buenas comadres, se habían reunido en torno a una hoja de nenúfar para charlar.

El mundo va al revés -dijo una rana-. Mirad a aquel cangrejo y decidme si me equivoco. Ya no hay educación -dijo la otra rana. Vaya, vaya -dijo una tercera, pero, todo hay que decirlo, el cangrejo continuó adelante por el camino que había escogido. En cierto momento oyó que le llamaba un viejo cangrejote de expresión melancólica, que estaba solitario junto a un guijarro. Buenos días -dijo el joven cangrejo. El viejo le observó atentamente y luego le preguntó: ¿Qué te crees que estás haciendo? También yo, cuando era joven, pensaba enseñar a caminar hacia adelante a los cangrejos. Y mira lo que he conseguido: vivo solo y la gente se cortaría la lengua antes de dirigirme la palabra. Mientras estés a tiempo de hacerlo, hazme caso: resígnate a caminar como los demás y un día me agradecerás el consejo. El joven cangrejo no sabía que responder y no dijo nada. Pero pensaba: "Yo tengo la razón". Y después de saludar atentamente al viejo, volvió a emprender de nuevo su camino orgullosamente.

¿Llegará muy lejos? ¿Tendrá suerte? ¿Logrará enderezar todas las cosas torcidas del mundo? Nosotros no lo sabemos, porque está todavía caminando con el coraje y la decisión del primer día. Sólo podemos desearle, de todo corazón: ¡Buen viaje! Y Colorín colorado…

Los cangrejos caminan de lado porque ésa es la manera en que tienen curvadas las patas. Esto les permite entrar en pequeños agujeros y grietas para mantenerse alejados de peces de dientes afilados y cangrejos más grandes que pudieran pensar en un sabroso menú de cangrejo.

jueves, 11 de febrero de 2010

CUENTO SOLEADO


EL SOL ROJO Leyendas. Literatura infantil y juvenil.

Leyenda Guaraní.

Entre los indios mocoretaes había uno, joven, aguerrido y valiente llamado Igtá (hábil nadador) que amaba a la más buena y hermosa de las mujeres de su tribu, Picazú (paloma torcaz), y quería casarse con ella. Los padres de Picazú consintieron en que se realizase tal boda; pero siendo necesario para ello la aprobación de la Luna, llamaron al Tuyá (adivino) de la tribu para que la consultara.

Era una noche plácida y serena. La luz blanca, clara, brillante y hermosa de la Luna iluminaba los campos y las tolderías de los indios. Y el Tuyá interpretó: -Esa luz que nos envía la Luna significa que ella aprueba satisfecha la boda de Igtá y Picazú. Entonces, el Jefe de la tribu ordenó a Igtá demostrase a todos que en verdad era digno y merecedor de tomar compañera. Para ello debía arrojarse a las aguas de la laguna y nadar durante largo rato. Después, ir en busca de un gran número de presas de caza.

Igtá, que era excelente nadador y había cazado mucho desde su niñez, realizó las pruebas con el mayor éxito, pues nadó cuanto se lo pidió y trajo entre sus brazos abundante caza. Las ceremonias de la boda realizáronse una noche, después de tres lunas. Se encendió una gran hoguera, a cuyo alrededor todos los indios comían, bebían, bailaban y gritaban, festejando tan grande acontecimiento. Pero algo faltaba para que Igtá y Picazú fueran felices: tener la seguridad de que Tupá, su dios bueno, había aprobado también la boda. Y esperaron. ¡Cuál no sería su pena y desconsuelo, cuando llegada la noche siguiente comenzó a caer una copiosa lluvia! Eran las lágrimas de Tupá las que caían sobre la tribu para significar el descontento y desaprobación del dios por haberse realizado la unión de los jóvenes indios.

Igtá y Picazú no podían, pues, continuar unidos perteneciendo a la tribu. Debían huir y arrojarse a las aguas de la laguna. Allí había una isla donde moraban todos los que se habían casado contrariando la voluntad de Tupá. Los dos debían ir a esa isla para no volver jamás. Al día siguiente cesó la lluvia. Y por la tarde, a la hora en que el sol iba a ocultarse en el ocaso, Igtá y Picazú se arrojaron al agua y comenzaron a nadar. Los indios de su tribu, reunidos a orillas de la laguna, viéndolos alejarse lentamente, los injuriaban y maldecían para aplacar el enojo de Tupá y evitar sus castigos, pues ésta era su creencia.

Igtá, hábil nadador, consiguió nadar buen trecho, ayudando también a su infortunada compañera. Poco faltaba a Igtá y Picazú para llegar a la isla sanos y salvos, cuando una nueva desgracia cayó sobre ellos: Ñuatí (Espina), un guerrero malvado de la tribu, les arrojó una flecha. Todos los indios lo imitaron, y entonces fue una lluvia de flechas la que llegó hasta Picazú e Igtá, quienes, heridos quizás por ellas, desaparecieron de la superficie de las aguas. En ese preciso instante el sol, que se hundía en el horizonte, tomó un intenso color rojo; y su luz tiñó la laguna e iluminó de rojo los campos y el cielo.

Esto llenó de asombro a los indios, los que, atemorizados, huyeron velozmente, alejándose de la laguna. Mientras tanto Igtá y Picazú, ayudados sin duda por Tupá porque eran buenos, lograban salvarse y llegar a la isla, donde podrían al fin vivir felices, pues se amaban mucho. Y Colorín colorado...

Los guaraníes son un grupo de pueblos sudamericanos, cuyos habitantes viven en el noreste de Argentina

martes, 9 de febrero de 2010

CUENTO LLUVIOSAO


AVENTURAS EN LA LLUVIA. ALIBRUJI

Lo que les voy a contar ocurrió hace mucho, mucho tiempo, cuando yo iba a visitar a mi tía Nina. Ella vivía en una casa antigua, con un gran patio y muchas flores. A mí me encantaba ir a dormir con Nina porque podía jugar en su jardín por las mañanas, ayudarle a cocinar y sobre todo…¡Desayunar en la cama!

Siempre tendía para mí un sofá que estaba contra una pared de su dormitorio. Allí me acostaba cada noche y mientras me dormía, me gustaba mirar una gran mancha de humedad que había en esa pared. Buscaba adivinar en esa mancha formas, caras, personajes. Una noche de lluvia ocurrió algo muy extraño. De pronto, vi salir de la pared algo extraordinario. Parecía un fantasma de algodón…pero oscuro, tan oscuro como las nubes que anuncian chaparrones. Sentí que tocaba uno de mis hombros mientras se transformaba en una dama gris de increíble belleza y decía con voz muy profunda, pero dulce y amable: -¡Buenas noches! Soy Tormentosa, un hada buena a pesar de mi color. ¿Quieres venir a pasear conmigo?- y me tendió su mano. Mano delgada, transparente y con perfume a lluvia. Estaba tan sorprendida que no alcancé a responderle cuando me di cuenta que llevada por la fuerza de algo invisible, dejaba la tibieza de mi cama e iba penetrando en la pared, justo en el centro de la mancha de humedad…

-Vení, vení, vamos a dar un paseo que te encantará- dijo el hada y comenzamos a subir, subir, cada vez más rápido hacia el cielo. Íbamos por un camino con muchas curvas y atrás de nosotros quedaban relámpagos, rayos y centellas…Se oían unos truenos tremendos y a pesar de eso no sentía miedo. Viajaba confiada aferrando la mano de Tormentosa, mientras la lluvia caía sin parar por debajo de nosotros y parecía ondular con tranquilidad haciendo un rumor muy, muy suave…
Tormentosa me sonreía y me levantaba más y más, hasta que tan suavemente como habíamos subido, comenzamos a bajar. Lo hacíamos entre una niebla que se despejaba de a poco, al mismo tiempo que íbamos hacia una zona llena de luz. En un momento, estábamos frente al sol y a nuestro alrededor aparecieron siete personajes más ¡Eran siete hadas, bellas y transparentes como Tormentosa, suaves y amables como ella y como ella me sonreían…! En lugar de varita mágica tenían un pincel dorado en una de sus manos y una paleta de colores en la otra.

Fueron surgiendo de la niebla que nos había rodeado flores, plantas, animales, cosas, todos sin color…Al llegar hasta donde estábamos Tormentosa y yo, cada una de las siete hadas fue saludándonos y eligiendo una flor, una planta, un animal, una cosa. De a poco fueron llenando a cada uno de colores, hasta que todos estuvieron listos, como los vemos todos los días. Mi amiga Tormentosa pintó el humo de una chimenea, un hermoso caballo, varios pajaritos y un gato gordo y brillante que parecía un pompón de seda…Yo estaba tan asombrado porque no podía pronunciar ni una palabra. Todavía me esperaba una sorpresa mayor: me di vuelta para mirar el camino que acabábamos de recorrer y vi ante mí que ese camino era nada menos que…¡El Arco Iris! Tenía cada uno de sus espléndidos colores. Mientras tanto, me tomaron de las manos Tormentosa y sus compañeras y comenzaron a bailar cantando:

“¡Después de la lluvia qué lindo es mirar las plantas, las flores y todo brillar; pues cada gotita de un gran chaparrón pinta los colores y lucen mejor! ¡Hagamos la ronda de la luz y el sol, y cantemos juntos esta canción!”

También yo canté y bailé con ellas, llevando el compás con las palmas de las manos ¡Sentía ganas preguntarle tantas cosas a las hadas! Cuando terminase la canción lo haría, estaba segura. Ya estaba lista para comenzar a soltar mi curiosidad .De pronto, escuché la voz de mi tía Nina que decía: -¿Así que ahora cantas dormida? Me parece que te hace falta un buen desayuno ¡Vamos, que te traje té con leche calentito y pan con dulce de duraznos, ése que hago especialmente para vos! Pensé que si le contaba lo que había visto, mi tía no me creería. Ella, por su parte me dijo:
-¿Te gustó el paseo por la mancha de humedad? Como se enfriaba el desayuno y tenía que ir a le escuela, no pude contestarle. Eso sí, siempre que llueve creo que Tormentosa y sus amigas vienen a visitarnos, porque todo queda luminoso y reluciente, como recién pintado por las hadas. Y Colorín colorado…

La lluvia (del lat. pluvĭa) es un fenómeno atmosférico de tipo acuático que se inicia con la condensación del vapor de agua contenido en las nubes.

lunes, 8 de febrero de 2010

CUENTO COLOREADO


EL ARCO IRIS Y CAMALEÓN. Marisa Moreno, España

Un camaleón orgulloso, que se burlaba de los demás por no cambiar de color como él. Pasaba el día diciendo: ¡Que bello soy!. ¡No hay ningún animal que vista tan señorial!. Todos admiraban sus colores, pero no su mal humor y su vanidad.
Un día, paseaba por el campo, cuando de repente, comenzó a llover. La lluvia, dio paso al sol y éste a su vez al arco iris. El camaleón alzó la vista y se quedó sorprendido al verlo, pero envidioso dijo: ¡No es tan bello como yo!. ¿No sabes admirar la belleza del arco iris?: Dijo un pequeño pajarillo que estaba en la rama de un árbol cercano. Si no sabes valorarlo, continuó, es difícil que conozcas las verdades que te enseña la naturaleza. ¡Si quieres, yo puedo ayudarte a conocer algunas!. ¡Está bien!: dijo el camaleón.
Los colores del arco iris te enseñan a vivir, te muestran los sentimientos. El camaleón le contestó: ¡Mis colores sirven para camuflarme del peligro, no necesito sentimientos para sobrevivir!. El pajarillo le dijo: ¡Si no tratas de descubrirlos, nunca sabrás lo que puedes sentir a través de ellos!. Además puedes compartirlos con los demás como hace el arco iris con su belleza. El pajarillo y el camaleón se tumbaron en el prado. Los colores del arco iris se posaron sobre los dos, haciéndoles cosquillas en sus cuerpecitos.
El primero en acercarse fue el color rojo, subió por sus pies y de repente estaban rodeados de manzanos, de rosas rojas y anocheceres. El color rojo desapareció y en su lugar llegó el amarillo revoloteando por encima de sus cabezas. Estaban sonrientes, alegres, bailaban y olían el aroma de los claveles y las orquídeas. El amarillo dio paso al verde que se metió dentro de sus pensamientos. El camaleón empezó a pensar en su futuro, sus ilusiones, sus sueños y recordaba los amigos perdidos. Al verde siguió el azul oscuro, el camaleón sintió dentro la profundidad del mar, peces, delfines y corales le rodeaban.
Daban vueltas y vueltas y los pececillos jugaban con ellos. Salieron a la superficie y contemplaron las estrellas. Había un baile en el cielo y las estrellas se habían puesto sus mejores galas. El camaleón estaba entusiasmado. La fiesta terminó y apareció el color azul claro. Comenzaron a sentir una agradable sensación de paz y bienestar. Flotaban entre nubes y miraban el cielo. Una nube dejó caer sus gotas de lluvia y se mojaron, pero estaban contentos de sentir el frescor del agua. Se miraron a los ojos y sonrieron.
El color naranja se había colocado justo delante de ellos. Por primera vez, el camaleón sentía que compartía algo y comprendió la amistad que le ofrecía el pajarillo. Todo se iluminó de color naranja.
Aparecieron árboles frutales y una gran alfombra de flores. Cuando estaban más relajados, apareció el color añil, y de los ojos del camaleón cayeron unas lagrimitas. Estaba arrepentido de haber sido tan orgulloso y de no valorar aquello que era realmente hermoso. Pidió perdón al pajarillo y a los demás animales y desde aquel día se volvió mas humilde. Y Colorín colorado…

El nombre camaleón significa “león de tierra”, y deriva de las palabras griegas “chamai” (en la tierra, en el suelo) y “león” (león). Los camaleones son reptiles escamosos, de tamaño pequeño-medio.

domingo, 7 de febrero de 2010

CUENTO MARINO


EL CABALLITO DE MAR. Fuente: Los Tesoros del Arco Iris.

Splashhhh splashhhh splashhhhhhhhh..... cuchicheaban las olas del mar haciéndole cosquillitas a la arena mientras le robaban algunos caracoles de todos colores ... Más lejos de la orilla, donde las olas mamás y papás charlaban de sus cosas, jugaban un caballito de mar y un pulpito bebé.

El pulpito iba montado a caballo de Ana y cabalgaban por la panza del gran mar, Ana traviesa daba vueltas y vueltas hacia arriba, de modo tal que al pulpito se le enredaban sus tentáculos y al no poderse sujetar, caía hasta que Ana cabalgaba rápido hacia él y lo dejaba sentarse encima otra vez, los dos reían muy divertidos. Al rato de tanto jugar llegó la mamá pulpo para llevarse a su hijito porque tenían que ir a una fiesta; así que Ana se quedó jugando a las escondidas entre algas y rocas con un amiguito invisible.

Estaba tan divertida con su juego, que sin darse cuenta se encontró junto a las olitas de la orilla y ahora se puso a saltar con ellas. Una de las veces que saltó muuuuuy alto, descubrió un animalito muy gracioso que no paraba de mover sus alas de color limón, la curiosidad de Ana la llevó hasta la arena, se sentó allí quietita, el animalito se acercó a Ana y poco a poco paró de mover sus alas.

¿Quién eres?, le pregunto Ana. Ana muy interesada la miró por todos lados hasta que quiso tomarla en sus manos. ¡No me toques!, le dijo la mariposa asustada, porque si lo haces moriré... solamente yo puedo tocarte a ti, y si quieres podemos jugar un juego la maaaaar de divertido, terminó diciendo Limón. ¿Un juego? ¿La mar de divertido? ¿Puedes nadar tú?, preguntó Ana asombrada. Nooooo, le contesto la mariposa, es una forma de decir, te va a divertir mucho, pero solo puedo jugar un día contigo, dijo a Ana.
Ana tenía muchas ganas de jugar, así que afirmaba con su cabecita y la mariposa le explicó cómo era el juego: Yo te puedo dar un besito en tu nariz y después tu vas a cambiar en una niña que puedes hacer muchas cosas, pero..., dijo muy misteriosamente Limón, tienes que volver pronto para que con otro beso puedas volver a ser un caballito de mar, ¿entiendes?, preguntó mirando a los ojitos grandes de Ana.
Ana ya estaba lista para empezar. Limón le dijo que mirara al cielo y pensara en una niñita, Ana lo hizo y Limón voló hasta la nariz de Ana, dándole un besito. Ana se había convertido ahora en una chiquita con pelo largo y todo. La mariposa le preguntó si quería ir a ver la Gran Ciudad con ella, Ana quería ver el mundo entero en realidad, pero empezar por la Gran Ciudad ya estaba bien. Limón miraba a su alrededor a ver si encontraba algo que estaba necesitando... A ver, a ver..., dijo pensativa la mariposa.
Detrás de un bote viejo y abandonado, encontró un remo medio roto, y un neumático de bicicleta picoteado por las gaviotas, voló haciendo círculos y rociando esas cosas con un polvo brillante. Al caer fue apareciendo una bicicleta muy despacito. ¡Uuyyyyyy! ¡Qué lindo!, exclamó Ana. Con esta bici vamos a ir las dos, yo voy en tu hombro. Así partieron las dos hasta la Gran Ciudad. Ana miraba todo, qué cantidad de gente, pensó justo cuando a su derecha vio una enoooorme casa con picos muy altos que quizás hacían cosquillas a las nubes. Limón, que era una experta en la Gran Ciudad, le dijo al oído a Ana que esa casa era una iglesia, bueno en realidad era una catedral, y le preguntó a Ana si quería verla por dentro. Pero Ana ya había bajado de la bici y caminaba hacia la puerta gigantesca de la catedral.

Ana caminaba muy despacito mirando todo lo de adentro con mucha curiosidad, de repente, se plantó delante de un señor muuuuuy serio que hablaba de cosas que ella no entendía nada, con una voz fuerte que, extrañamente, se oía en todos lados y lo miró mucho rato... hasta que este señor levantó algo que parecía un caracolito chato y muy blanco. ¿Qué es eso? ¿Qué está diciendo ese señor?, le preguntó Ana a Limón. Este señor es un sacerdote, está oficiando misa y eso es una hostia, le respondió Limón pacientemente. Ana decía que sí con la cabeza aunque seguía sin entender mucho, otra cosa que le parecía rara era que nadie le hablaba ni tocaba, era como si nadie pudiera verla. Se lo preguntó a Limón. ¡Claro... me había olvidado de decírtelo! exclamó Limón meneando su cabecita, nadie puede vernos, porque si nos vieran quizá no podemos volver más al mar. Ana ya quería irse, pero algo llamó su atención. Por una ventana entraba un rayo de luz de muchos colores y había pequeñísimas partículas bailando para arriba y para abajo, soltándose y juntándose, haciendo formas locas... Caminó hasta allí parándose justo en medio de eso, cerró los ojos y sintió cómo le hacían cosquillitas en sus mejillas. Limón la miraba divertida y le preguntó: Ana ¿sabes lo que es una jirafa? MMmmmmmmmm.... a decir verdad, no, no sé, dijo Ana. Limón le dijo que se apartara de la columna de luz y pensara en la palabra JIRAFA. Voló nuevamente, roció esta vez polvitos amarillos, blancos y marrones sobre las partículas bailarinas. Desde muy abajo empezó a subir ¡una jirafa! Justo cuando empezaban unos niños del coro a cantar, parecía un milagro.
¡¡¡Ohhhhhhhhh!!!, dijo Ana tan alegre como sorprendida. Se acercó para acariciarla, cuando lo hizo, la jirafa se arrodilló y le dijo: Sube que te llevo a tu casa. Ana estaba contentísima y miró a Limón pidiéndole permiso, Limón movía la cabeza permitiéndole subir. Limón tuvo que abrir la puerta entera para salir con la jirafa, Ana iba como una reina mirando todo desde muy arriba. Afuera Limón sopló la bicicleta quedaron cenizas muy chiquititas de ella. Volvieron al mar por una calle que no dejaba de sorprender a Ana, habían conejitos en jaulitas, papagayos, y muchísimos otros pajaritos extraños, perritos, muchas flores también, y gente bailando, algunos payasos, y mucha pero mucha gente caminando, parecía que estaban en un circo ambulante. Ana al final de esta calle se sentía bastante cansada, Limón al verla así le dijo a la jirafa el camino más corto hasta donde vivía Ana. Cuando llegaron Limón le preguntó a Ana si se había divertido, Ana estaba tan cansada que apenas pudo darle las gracias a Limón. Limón se posó sobre la nariz de Ana dándole un besito y después revoloteó encima de la cabeza de la jirafa para que fuera entrando al mar con Ana, a medida que entraba iba desapareciendo y al final, cuando los pies de Ana tocaron el mar, se volvió otra vez caballito de mar.

Fresca y alegre Ana saludó con la mano a Limón para despedirse. Y Colorín colorado…

El caballito de mar es un pequeño pez marino muy especializado y de la familia de los syngnátidos. Su nombre hace referencia al parecido de su rostro con el de los caballos terrestres, pero en nada más se puede comparar con ellos.

sábado, 6 de febrero de 2010

CUENTO ALEGRE


LA BÁSCULA DE LAS COSQUILLAS. Pedro Pablo Sacristan

Cierto día en la selva apareció una báscula, de esas que se utilizan para medir el peso. Los animales jugaron con ella durante algún tiempo, hasta que un papagayo que había escapado de un zoológico les explicó cómo funcionaba, y todos por turno fueron pesándose. Al principio todo era un juego, cada animal veía cuánto engordaba o adelgazaba cada día, pero pronto muchos comenzaron a obsesionarse con su peso, y cada mañana lo primero que hacían era correr a la báscula, pesarse, y poner muy mala cara el resto del día, porque marcara lo que marcara la balanza, siempre pesaban lo mismo: "más de lo que querían".

Según pasaron los meses la báscula comenzó a sufrir las iras de los animales, que le regalaban pataditas y malas miradas cada día, hasta que un día decidió que a la mañana siguiente las cosas cambiarían.

Aquella mañana la primera en correr a pesarse fue la cebra. Pero en cuanto se subió a la báscula, ésta comenzó a hacerle cosquillas en sus pezuñas descalzas. Pronto encontró el punto justo, y la cebra no dejó de reir a carcajadas. Aquello le pareció tan divertido, que ese día ni se preoucupó de su peso, y se marchó alegremente a tomar su desayuno por primera vez en mucho tiempo. Lo mismo ocurrió con cuantos fueron a pesarse ese día, y el siguiente, y el siguiente... de forma que en poco tiempo nadie estaba ya preocupado por su peso, sino por comentar lo divertidas y simpáticas que eran aquella balanza y sus cosquillas.

Con los meses y los años, la báscula dejó de marcar el peso para marcar el buen humor y el optimismo, y todos descubrieron con alegría que esa era una forma mucho mejor de medir la belleza y el valor de las personas, de modo que en aquella selva nunca más hubo nadie preocupado por aquella medida anticuada y pasada de moda que llamaban kilo. Y Colorín colorado...

El origen de las cosquillas, tema actual de muchos científicos, puede deberse a una necesidad adaptativa que evolucionó en los primates al grado de tener un tipo de cosquilla diferente que al de un animal.